Bares, qué lugares
De Rumanía a regentar un bar en la plaza de la Judería de Tudela
Mirela Amalinei trabaja desde hace más de dos décadas en el sector de la hostelería, primero en Castilla-La Mancha, y los últimos cinco años al frente del bar bocatería La Caña de la capital ribera, ciudad en la que dice sentirse "muy a gusto"


Publicado el 07/11/2024 a las 19:00
Mirela Amalinei nació en Rumanía, país desde que se trasladó, hace más de dos décadas a Castilla-La Mancha, para recalar posteriormente en Tudela, donde regenta el bar bocatería La Caña, situado en la plaza de la Judería del Casco Antiguo de la ciudad. Echando la vista atrás, indice en que, de los 45 años que tiene, “llevo ya 21 trabajando en hostelería en España”. A la capital ribera llegó hace una década, porque en esta ciudad vivía su hermana, y trabajó en Tudela por cuenta ajena hasta que, como afirma, “hace cinco años decidí dar el paso, con la experiencia que tenía, de abrir mi propio negocio”.
Vio el local de La Caña y, como expone, “lo alquilé, sin ver más opciones”. “Me atrajo su ubicación, porque está en el centro de Tudela, y al encontrarse en una plaza puedes sacar terrazas, algo que en verano nos da mucha vida, y también en invierno, según cómo esté el día”. En su bar, en el que trabaja junto a dos empleados más, se ofrecen pinchos, platos combinados, raciones, bocadillos, hamburguesas, etc., siendo su especialidad “el cachopo casero que hacemos, que es el que mayor éxito tiene, y el pincho de champiñón y gambas,el más famoso de aquí”, explica, Amalinei, quien añade que “los fines de semana damos almuerzos, comidas y cenas, y entre semana son más los pinchos, cafés, etc.”. En este sentido, indica, que en La Caña no cocina nada típico de su país natal.
Casada y madre de dos hijos, vive con su familia en Fontellas, situada a apenas cuatro kilómetros de Tudela. “Es una localidad pequeña, pero tranquila, y voy allí a dormir, porque meto muchas horas en el bar, como diez u once entre semana, y 16 o 18 el fin de semana”. Considera que lo mejor de su trabajo “es la gente”. “Tengo clientela fija de aquí, y me siento muy a gusto en Tudela. Los riberos son un poco reservados hasta que te conocen y cogen confianza, y luego son gente maravillosa. Al principio, me costó muchísimo porque no me conocía nadie y es importante tener una clientela fija”, explica.
No duda al afirmar que los peores momentos que ha vivido desde que puso en marcha su bar fueron en la pandemia. “A los tres meses de abrirlo fue el confinamiento. Fueron momentos muy duros”, explica.
En estos momentos, dice estar contenta con la marcha de su negocio. “Bueno, hay días malos y días buenos. Los fines de semana trabajamos muy bien aunque ahora el tema está un poquito más estancado”, señala, al tiempo que pone como ejemplo la subida de precios o la falta de personal en el sector. “De momento, me veo con fuerza para seguir”, indica Amalinei, quien considera que “el mundo de la hostelería es sacrificado, pero es lo que hay”. Por contra, la ventaja de regentar un negocio es que “tú decides”, pone de manifiesto Amalinei, quien no prevé regresar a Rumanía. “Mi marido es también rumano,y mis hijos, el mayor, de 14 años, de Castilla-La Mancha, y el menor, de 8, navarro. Mis hijos se plantean su vida aquí”, comenta,