Navarra en fiestas
El calentamiento precohete en Tudela
El primer almuerzo de fiestas reunió ayer en las calles del centro de Tudela a familias y cuadrillas dispuestas a coger fuerzas antes del gran día


Publicado el 24/07/2024 a las 19:00
El madrugón fue lo de menos. La mañana del 24 de julio es para muchos un ritual casi sagrado. A las 9, las calles del centro de Tudela comenzaban poco a poco a teñirse de blanco y rojo, sinónimo de la llegada del primer día de fiestas de Santa Ana. Aunque el estallido del cohete anunciador no se escuchó hasta el mediodía, horas antes los tudelanos se preparaban para el gran día con el tradicional almuerzo.


En el paseo de Invierno, bajo toldos y sombrillas, se extendían largas mesas donde los comensales sustituyeron el café por vino y cerveza. “Solemos venir todos los años bien prontico para aprovechar la mañana y reponer fuerzas”, explicaban Lucía Morante y David Delgado, de 20 años. Chistorra, huevos, jamón y patatas fritas llenaban los platos de los dos jóvenes y su cuadrilla de amigos. “El día es largo y hay que aguantar, más nos vale acabarnos todo”, comentaban entre risas. Para ambos, el día del cohete es el más especial. “Aún quedan 7 días por delante y es cuando más ganas hay de fiesta”, explicaban.
Como ellos, eran muchas las cuadrillas de amigos y familias que se agruparon en bares y restaurantes de las calles del centro y el Casco Antiguo para reponer fuerzas antes del gran día. Angélica Rodríguez y su hermana Carolina esperaban para almorzar junto a sus hijos, sobrinos y abuelos. “Nos gusta esta zona (el paseo de Invierno) porque es más tranquila, alejada del bullicio del centro”, aseguraban. En la misma mesa, los más pequeños jugaban entre ellos, ajenos a lo que sucedía. “Luego iremos al centro con los críos, por supuesto. Con más cuidado que si fuéramos solos, eso sí, pero se lo pasan igual de bien”, expresaban. Unos metros a la derecha, Alberto Rodríguez, Santiago León y Sergio Ochoa vaciaban los vasos y rebañaban los últimos restos de comida del plato. “A las 9.30 ya estábamos aquí plantados, que luego entre una cosa y otra dan casi las 12 y queremos acercarnos a la Plaza Nueva”, detallaban.


SIN PASAR POR CASA
Aunque las manchas de vino se dejaban ver en alguna que otra camiseta desde la hora del almuerzo, pasar por casa a cambiarse era una opción que no se contemplaba. “Aquí hasta que el cuerpo aguante, si es hasta el encierro mejor, aunque no sé cuanto duraremos porque el día es muy intenso”, contaba María Gómara. Con una temperatura que alcanzó los 37 grados de máxima, el calor asfixiante no impidió que la ciudad afrontara con ilusión uno de sus días grandes. Sentada a la mesa, también junto a amigos y familia, María Mateo resumía en dos palabras el significado de las fiestas. “Son días de unión y reencuentro. El tiempo que haga es secundario”, sentenció la joven.