

Radiografía del campo navarro (V) | Tres generaciones de una familia enraizada en Buñuel
Tío, padre e hijos coinciden en la falta de rentabilidad y el riesgo de extinción del agricultor y ganadero
Actualizado el 06/04/2024 a las 23:50
El 21 de septiembre de 1973, el agricultor de Buñuel Eugenio Cerdán Cornago se montó en su tractor, fue a la carretera general Pamplona-Zaragoza, y lo cruzó en mitad de la vía cortando el tráfico. A él le siguieron un centenar de agricultores que protestaban por la caída de los precios del pimiento, que había pasado de pagarse el año anterior a 13 pesetas el kilo, a solo 4. Aquella acción sirvió para moderar ese descenso y poder vender el pimiento a un precio más razonable.
El pasado 7 de febrero de 2024, 50 años después de aquella conocida como ‘Guerra del Pimiento’, el sobrino de Eugenio Cerdán, Jesús Ángel Serrano Cerdán, acudió a la misma carretera que había cortado su tío medio siglo antes para protestar por la misma razón de entonces: la falta de rentabilidad de sus productos, además de por otras muchas razones enarboladas durante estos meses por los agricultores navarros, españoles y europeos.
Dos momentos, separados por 50 años, que demuestran que el tiempo pasa, pero que los problemas en el campo siguen siendo los mismos. Dos momentos que se unen como los eslabones de una cadena en la historia de esta familia buñuelera de honda tradición agrícola y ganadera.
Eugenio, Jesús Ángel, y los hijos de este, Omar y Rebeca Serrano Remón, quienes ayudan a su padre en algunas tareas puntuales, no saben cuándo comenzó esa unión de su familia con el campo..., pero saben cuándo va a acabar.
Y es que, como indican Omar y Rebeca, los llamados a ser sucesores de este legado, la actual falta de rentabilidad, excesiva burocracia, fiscalidad negativa, y competencia “desleal” de otros países “nos ha obligado a buscar otros trabajos distintos al campo como principal modo de vida”.
Pero cuando todo parece perdido, siempre aparece una luz, curiosamente en este caso, llamada Lucía. Es la nieta de Jesús Ángel, de 6 años de edad, que un día le preguntó qué iba a pasar con las ovejas que su abuelo tiene cuando él no pueda seguir trabajando. Jesús Ángel le respondió que, cuando llegue ese momento, las venderá porque ya no habrá nadie que quiera seguir cuidándolas. Entonces la pequeña, firme, le contestó: “No corras tanto..., porque igual tienes que esperar a que yo decida qué quiero hacer”.
Eugenio Cerdán: "Me da pena que este legado acabe, pero así no se puede seguir"
A sus 84 años, Eugenio Cerdán Cornago tiene muy vivos en su memoria aquellos tiempos en los que, con apenas 8 años, iba al campo con su padre. Era el único hijo varón y tenía clarísimo lo que debía que hacer: “El día que llovía, a la escuela; y el día que no llovía..., al campo”.
Junto a su padre aprendió el manejo de las tierras y a sacar provecho de las 2 hectáreas que heredó. Poco a poco, Eugenio fue adquiriendo más terrenos, hasta llegar a las 10 hectáreas, y una granja con 850 cerdos, “para compensar con el ganado todo aquello que el campo ya no daba”.
Así, el buñuelero recuerda aquella ‘Guerra del Pimiento’ de la que fue cabecilla para pedir unos precios justos de venta. “Antes no había tantos intermediarios como ahora entre el productor y el consumidor, pero también existían. Y eran como los de ahora..., esos mismos tipos de corbata que se quieren quedar con nuestras tierras”, explica.
Los tiempos de Eugenio eran aquellos en los que la mecanización todavía no había llegado al campo. “Lo hacíamos todo a mano y era muy duro, pero el rendimiento que daba el campo permitía contratar personal, aligerar la carga, y vivir bien. Ahora todo es muy distinto. El rendimiento es muchísimo menor debido a las trabas administrativas y económicas que se le imponen al agricultor y al ganadero”, explica Eugenio, quien es claro cuando apunta que: “Siempre había dicho que, si volviera a nacer, seguiría yendo al campo. Ahora, visto el panorama actual, ya no digo lo mismo”.
Por eso, comprende que las nuevas generaciones de su familia ya no vean el campo como su futuro medio de vida. “Me da pena que este legado acabe, pero en estas condiciones no se puede seguir”, concluye.
Jesús Ángel Serrano: "Quieren convertir al agricultor en una postal para turistas"
Jesús Ángel Serrano Cerdán lleva 37 años trabajando en el campo. A las tierras heredadas por parte de su familia sumó las llegadas por parte de su mujer Conchi Remón Falces, también de tradición agrícola, contando en la actualidad con cerca de 250 hectáreas de cereal y forraje, y 700 ovejas.
“Antes, con todo esto podían vivir 5 familias. Ahora, solo da para que pueda vivir la mía”, explica el buñuelero, el único de los tres hermanos que apostó por hacer del campo su modo de vida. “Y no me arrepiento, porque he sido el hombre más feliz del mundo..., pero la situación se ha hecho insostenible”, asegura Jesús Ángel.
Esa situación, con todas las trabas impuestas por las distintas administraciones, ha hecho que el mundo del agro se haya lanzado a las carreteras, siendo el propio buñuelero protagonista de un vídeo que se hizo viral en las redes sociales de Diario de Navarra (www.instagram.com/p/C3CtCJYMR2l/) cuando se encaró con un mando de la Guardia Civil que impedía a los agricultores cortar la autovía A-68 a la altura de Ribaforada.
“Los principales culpables de todo esto son los burócratas y políticos que legislan sentados cómodamente detrás de una mesa, y que no tienen ni idea de lo que es estar mirando todos los días al cielo para saber cómo será la próxima cosecha”, indica Jesús Ángel.
Y es que, como explica el buñuelero, “los primeros interesados en mantener el campo en perfectas condiciones medioambientales somos nosotros, porque es nuestro modo de vida”. “Pero lo que algunos quieren es convertir al agricultor y al ganadero en una postal para turistas, y eso es algo que no vamos a consentir”, asegura.
Omar y Rebeca Serrano: "Llevamos el campo en la sangre, pero nos están desangrando"
“Llevamos el campo en la sangre, pero nos están desangrando”. Los hermanos Omar y Rebeca Serrano Remón, de 33 y 27 años, respectivamente, repiten esta frase con una mezcla de orgullo, resignación y tristeza. A ambos les gustaría continuar la tradición familiar como está haciendo su padre Jesús Ángel, pero son muy conscientes de que el campo ya no da lo que daba antes.
Por eso, Omar lleva ya 12 años trabajando en un taller de mantenimiento de maquinaria industrial y agraria en Buñuel; y Rebeca es miembro del departamento de Marketing y Publicidad de la empresa HR Motor de Tudela.
En sus ratos libres, ayudan a su padre en las tareas del campo, aprendiendo, como él hizo con su padre, los secretos de una tradición que, según indican, todo apunta que acabará con ellos.
“Disfrutar trabajando en medio de la nada, viendo un amanecer o un atardecer, es algo fantástico..., pero todo eso está quedando opacado bajo innumerables obstáculos fiscales y burocráticos”, afirma Omar, quien tiene muy claro que no le gustaría que su hijo se dedicara a esta profesión. “Quizás sí como lo hago yo, para ayudar puntualmente a mi padre, pero no dedicándole las 24 horas del día los 365 días del año, porque no compensa”, indica.
De la misma opinión es su hermana Rebeca, quien destaca la “extraordinaria sensación que supone invertir esfuerzo en hacer crecer una planta que luego se va a convertir en un alimento sano para la población”. “Estás trabajando pero, a la vez, estás disfrutando con lo que haces. Allí, cuidando a las ovejas, soy feliz. Tanto como para sacrificar horas de fiesta y sueño. Pero todo tiene un límite, y los que mandan nos están ahogando”, dice.


Desde bien pequeño, el buñuelero Jesús Ángel Serrano Cerdán empezó a cogerle gusto al campo y a los animales. En la parte izquierda de la foto anterior, de los años 70, se le ve subido encima de una oveja junto a su madre, Gloria Cerdán Cornago; y su padre Jesús Serrano Vera; y con sus hermanos Juan Carlos e Ignacio. A la derecha, aparece el rayo de esperanza que el buñuelero Jesús Ángel Serrano Cerdán tiene de que la tradición agrícola y ganadera de su familia continúe más allá de sus hijos. Ese rayo de luz es la pequeña Lucía, nieta de Jesús Ángel, a la que se ve en la imagen a los mandos del tractor de su abuelo. La niña, de 6 años, goza de lo lindo en el campo y acompañando a las ovejas y, como apunta Jesús Ángel, ha dejado la puerta abierta a continuar con el legado familiar cuando sea mayor. Es la palabra de una niña..., y la esperanza de una familia.