Toros

Valadez salva una tarde del abismo en Cintruénigo

El torero mexicano corta 4 orejas y sale a hombros por la puerta grande tras un bochornoso espectáculo en el cuarto

De izda. a dcha., Javier Marín, Leo Valadez y Gonzalo Caballero
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De izda. a dcha., Javier Marín, Leo Valadez y Gonzalo Caballero
De izda. a dcha., Javier Marín, Leo Valadez y Gonzalo Caballero

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Jesús Rubio

Publicado el 09/09/2022 a las 06:00

Pasaban doce minutos de las 6 de la tarde cuando rompió el paseíllo mientras en taquilla se agolpaban más de un centenar de aficionados para hacerse con un billete. No se esperó más y sonaron clarines.

Tuvo buen son el tercero y eso le permitió a Leo Valadez colocar tres pares de banderillas con fluidez. Enganchó al público el mexicano en ese instante. Hincó de nuevo las rodillas en el albero para torear con la muleta. Sin exigirle demasiado, le aplicó una lidia en la que no llegó a cruzar esa línea que separa los terrenos que verdaderamente queman pero que tuvo enganche. Cerró la obra metido entre los pitones con varios circulares y dos naturales que sí tuvieron hondura. Se tiró con todo y enterró el acero en lo alto. Dos orejas.

Conectó de nuevo al público con la tarde cuando saludó al sexto con el capote y vibró en el tercio de banderillas. Valadez logró una faena que tuvo momentos de gran transmisión; porque cuando el toro faltó, él le puso el resto.

Y LLEGÓ EL CUARTO DE LA TARDE

Un suspiro duró el primero de la tarde; que fue tan noble como soso y se apagó en el momento que entró al caballo. Gonzalo Caballero estuvo insistente con la muleta pero no logró que fluyera el toreo y luego se le atravesó el descabello.

Y aquí va la otra cara de la tarde. Bochornoso lo que se vivió con el cuarto, el segundo de Gonzalo, que fue bis ya que el titular se partió una mano. El sobrero fue del mismo hierro y acusó una falta de visión notable. Caballero se lo quiso hacer ver al presidente con gestos, también el resto de la cuadrilla, pero no les atendió la petición de devolución y el público se comenzó a inquietar, y bastante bien se comportó porque les estaba robando un toro en la cara. Y eso duele y mucho cuando se pasa por taquilla. Imposible llevarlo metido con el capote y banderillearlo fue jugársela, porque un toro con ese problema no sabes por dónde te va a salir. Cambió el tercio la autoridad en medio del desconcierto y Gonzalo se negó a torearlo. Con la plaza despejada, el toro campaba a sus anchas. Sonó el primer aviso; después el segundo; y seguido el que anunciaba que el animal debía regresar a los corrales. Vergonzoso cómo actuó el presidente. ¿Ordenado por alguien? Puede. Pero aquí era la máxima autoridad y el momento fue esperpéntico.

LA ACTUACIÓN DE JAVIER MARÍN

Con dos afarolados trató Marín de levantar el ánimo con el quinto pero la losa de lo vivido ya pesaba; y sumado a que el toro no ofreció grandes opciones, todavía más. Al astado le costaba arrancarse, y cuando lo lograba era bronco y se quedaba corto. Marín se justificó por ambos pitones pero el mal uso de los aceros empañó el gran esfuerzo del torero de la tierra.

Con su primero sufrió porque se quedaba tan abajo que le era imposible sacárselo cuando llegaba a la altura del estaquillador.

El torero mexicano lo puso todo en el sexto para llevarse al público y endulzarle un amargo trago. A hombros se marchó en vítores de ‘México’ y ‘torero’. Y felices todos.

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