Libros
Una tertulia de esperanza y risas
Fue la cuarta parada del Libro Viajero. Acababan de salir del brote de covid cuando lo recibieron. Recurrieron al humor para contar su experiencia, ahora que salen ya a la calle


Publicado el 18/07/2021 a las 06:00
Una secuencia en papel de la serie de televisión Eva Jordán y Lydia Montilla, acompañan del brazo a Julia Diago. Camina junto a ella Juan Cruz Ocáriz, mientras Mónica Nairne conduce la silla de José Miguel Pérez Rego Fue el curioso escenario para presentar en el Libro Viajero a las personas que habitan la residencia Carmen Bellido de Cortes. “Los súper héroes sin capa en tiempos de coronavirus”, lo llamaron. Lo cuentan en el patio de la casa el día en que empieza al verano. Algo perezoso por la mañana, a mediodía el sol se muestra en forma e invita a tomar asiento rodeados de flores de colorido intenso, petunias y surfinias.
“Estas son de las que piden agua. Hay que regarlas cada dos días”, precisa su cuidador, Juan Cruz Ocáriz Abril. Natural de Berbizana, 78 años, cuenta antes de nada que estuvo nueve días ingresado por covid “y en total dieciocho encerrado”. Camina en una vida azarosa que le llevó hasta Australia, cinco años. Ha trabajado en el campo y de albañil “y hasta cortando caña de azúcar y recogiendo tabaco”.
Ochagavía-Lumbier-Mallén y Cortes. Es la cuarta parada del Libro Viajero. Les encontró recién pasado el brote de covid, que irrumpió el 10 de enero. Lo explica Eva Jordán Martínez, terapeuta del centro, y apunta que recurrieron al humor al plasmar sus vivencias.
Y en aquellos días vivieron una historia de esas que quedan en el corazón. La recrea Ainara Arriazu Sáiz, auxiliar del centro. Habla de Amanda Monferrer, una compañera de Teruel que destinó sus vacaciones a echar una mano en Cortes cuando más lo necesitaban. Su gesto quedó ordenado en la memoria de la residencia. “Es recortadora la chica y un día vino de visita y trajo pastas”, añade espontánea Julia Diago Clemente. Tiene 84 años. “El 28 de julio cumpliré 85”, detalla. Es de Ribaforada, ha vivido en Tudela y ahora en Cortes. Con un vestido en tonos risueños, llora y al tiempo ríe. La vida es, en fin, la suma de las penas y las alegrías. El Libro Viajero le ha parecido algo “precioso, muy bonito, una idea estupenda”, no ahorra en calificativos cariñosos. “Pusimos varias fotografías y explicamos los trabajos que hacemos, son muy majas las trabajadoras aquí”, subraya amable y sin perder detalle de la conversación, a pesar de las mascarillas. “Lo hemos pasado muy mal, pero detrás de la tempestad viene la calma y yo estoy ahora súper contenta, eso me domina”, muestra diáfana que ya pueden salir al parque después de meses tan largos.
José Miguel Pérez Rego se desplaza en su silla de ruedas. De 64 años, es de Cortes y considera “muy positiva” la experiencia del Libro Viajero. “Porque coincidió que nos tenía que haber llegado cuando nos confinaron, de modo que cuando vino ya éramos otra vez libres y fue una manera de expresar todo lo que habíamos pasado, tanto lo bueno como lo malo, lo que llevas dentro, podíamos rememorar y mostrar los sentimientos guardados”, apuntilla preciso.
Él no pasó el covid pero, en esta como en todas las casas, el virus hizo añicos cualquier rutina. José Miguel está contento con la atención “a nivel sanitario, y humano”. “Te sientes arropado, protegido, sabes que el bicho está afuera, pero tú estás bien”, sostiene que “la gente tiene un concepto equivocado de las residencias”. “Hay quien piensa que es poco menos que estar vegetando y nada de eso, se hace de todo con los abuelos. Y digo abuelos porque yo soy más joven, las residencias ahora no son como los asilos de hace 60 años”, descarta esa imagen y menciona la atención en la persona. “Las auxiliares siempre están pendientes y es como vivir en una gran familia. Siete años llevo y tan contento, vine voluntariamente y ni se me pasa por la cabeza dejarlo, aquí tengo lo que necesito, no echo en falta nada”, suscribe. Es el DJ de la residencia. “Y pincho de todo, hasta heavy les he llegado a poner”. En el confinamiento hacía sonar a diario ‘Jerusalema’, ‘Resistiré’ y el Himno de Navarra.
Las cosas del comer son importantes, de modo que gustan los talleres de pizzas, o cócteles sin alcohol. “Pero también hay juegos de agua, karaoke o las sesiones de cine con palomitas y los gusanitos que tanto les gustan. “Esperando a los ganchitos como los mueticos”, asiente Julia y pregunta al tiempo que de dónde es la periodista. “¿De Tudela?, ¿No?, Bueno, es igual, conozco toda Navarra y en Italia también he estado y perdí allí el carné, ahora supongo que tendré dos nacionalidades”, bromea.
Una vez al mes los residentes eligen menú para todos. “Ayer había canelones, no sé...”, no acaba de convencerse Julia. ¿Y qué pidió ella? “Ay, ensaladilla rusa, atún en fritada y tarta”. Buen menú.