La Cepa encara una despedida
Un ciclo termina en un pilar de la hostelería de Estella, el restaurante que ha formado parte de la plaza de los Fueros desde los años 50 que Clara Fernández y Mari Mar Aramendía, sus propietarias durante un cuarto de siglo, ponen a la venta ante su jubilación


Actualizado el 01/02/2026 a las 11:25
U N ciclo se encamina a su final en uno de los rótulos clásicos de la hostelería de Estella. La Cepa. El restaurante que ha sido parte y marca de la plaza de los Fueros desde los años 50 del siglo pasado se pone a la venta ante los planes de jubilación de sus propietarias. Dos socias, Clara Fernández Salsamendi y Mari Mar Aramendía García, adquirieron hace 25 años el establecimiento fundado por los Alda que había pasado por propietarios diferentes y mantuvo siempre el nombre. Porque -cuenta ahora Mari Mar Aramendía- las dos supieron entonces que “la personalidad y el carácter eran del propio restaurante”. Y La Cepa -sigue- iba a decidir si salía o no adelante.
Lo hizo. Ahora toca pensar en despedirse con el trabajo bien hecho. Cierran en febrero por vacaciones pero regresarán porque su intención es permanecer hasta contar con un comprador al que ayudarán en todo lo posible. Como hicieron con ellas años atrás. Cuando acababan los noventa y La Cepa se cruzó en el camino de estas dos cuñadas con una oferta para adquirir el establecimiento que la familia Alda había abierto en la plaza en 1954 en ese momento en manos de otro propietario, Arregui.
“Teníamos claro que queríamos comprar”, recuerdan sobre una decisión que ha unido hasta hoy a las dos hosteleras. Clara, con experiencia en el sector al frente del popular Gure Txokoa de inolvidables hamburguesas en la Estella de los 80, ha alcanzado ya la edad de poner fin a su vida laboral. Mari Mar, con unos años por delante, piensa en una jubilación activa porque -sostiene- después de mantener el proyecto y disfrutarlo “hay que saber también acabarlo”.
DE LA REAPERTURA AL FINAL
La reapertura, tras una remodelación completa, llegó el 12 de octubre del 2000 en el local del primer piso del número 15 de la plaza de los Fueros que ha conservado el nombre a lo largo de sus siete décadas de historia. “No compramos todo sino la mitad que incluía la cocina y tenía capacidad para 70 comensales. Lo que hicimos fue elaborar una carta y empezar sin saber muy bien por dónde iba a respirar la gente”, cuenta Clara Fernández. “Era el restaurante el que marcaba. Los clientes, la situación, el trato. Teníamos que hacer bien las cosas porque si no te ‘castigaba’ él mismo”, añade Mari Mar Aramendía.
Desde el principio, el gorrín y las pochas atrajeron e hicieron repetir con Josema García Martínez al frente de la cocina.
Hoy -se suma al relato este veterano cocinero- estos platos no faltan tampoco en las mesas aún estando de moda el verde de las verduras o los espárragos. “Siempre el producto tiene que ser fresco, de proximidad, de temporada y con poco disfraz”, coincide este falcesino afincado en Estella tras una trayectoria que le llevó, entre otros, por el Túbal o el Villa Marcilla. “El premio es la continuidad. Para mí La Cepa ha sido un referente durante muchos años, el lugar al que la gente venía y encontraba una excusa para volver”, relata.
En una sala que conservó tras la reforma la barra original de los 50 como un sello de identidad, Mari Mar Aramendía habla desde su larga experiencia en el comedor de la importancia del gesto, de mirar a la gente a los ojos y transmitir también empatía. A la pandemia como punto de inflexión y al cambio en las costumbres se refiere Clara Fernández, explicando que antes la gente celebraba por la noche. “Podía ser el cumpleaños de la abuela y se venía a cenar a las diez. Hoy todas las celebraciones son al mediodía”, subraya sobre una evolución que ha marcado sus horarios y turnos actuales. “Hubo un tiempo en el que hicimos cocina de autor, pero luego nos dimos cuenta de que los clientes demandaban más productos tradicionales aunque con un punto de innovación”, rememoran. A sus recuerdos vienen tiempos que marcaron la historia local en de las últimas décadas como los triunfos en el balonmano del Itxako que hicieron a La Cepa testigo en muchas ocasiones de sus celebraciones. La presencia de rostros conocidos y de una clientela siempre, cuentan, con mucho comensal procedente del País Vasco forma parte de un cuarto de siglo que despiden agradecidas.
AGRADECIDAS A TODAS LAS PERSONAS FIELES ESTOS AÑOS
Con el convencimiento de que ha acabado una época piensan agradecidas en todas las personas que han sido fieles durante estos años a su restaurante. La propietarias de La Cepa lo expresan así orgullosas de que el boca a boca haya empujado de su actividad durante todo este tiempo. Detrás -subrayan- “mucho, mucho trabajo tratando de ajustar mucho las ratios para intentar ofrece calidad a un precio asequible”. Y siempre -subraya Mari Mar Aramendía- con las “ganas e ilusión” que merece todo el que entra en un establecimiento cuyos orígenes llevan primero a La Estrella. La calle del Casco Viejo donde, antes de apostar por la plaza, la familia fundadora había comenzado ya su actividad. Hasta que en ese ecuador de los 50, los salones del antiguo Casino Mercantil que se alquilaban entonces para bodas, vieron nacer un nuevo restaurante