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Oportunidades de negocio al abrigo de Codés: "Poder hacer todo en el pueblo es un lujo"

De la necesidad de dar respuesta a los retos demográficos que presentan los pueblos de la Sierra de Codés nace una iniciativa que busca atraer talento y generar arraigo en la zona

Aziza Puch y Marcos Cadarso
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Aziza Puch y Marcos CadarsoSonia Salsamendi
Aziza Puch y Marcos Cadarso

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Sheyla Muñoz

Publicado el 23/11/2025 a las 05:00

El mundo rural ofrece oportunidades reales y de desarrollo profesional y emprendimiento. Esta es la premisa que sostiene el programa Relevo Codés, una iniciativa que nace en el marco de Tejiendo Caminos. Se trata de un proyecto comarcal que ha impulsado una alianza entre quince localidades de la Sierra de Codés para hacer frente de manera colectiva a la despoblación y otros retos estructurales que afectan al territorio. 

“De aquí nace Relevo Codés como una respuesta a los retos demográficos que atraviesa la zona: población envejecida, oficios sin relevo generacional y necesidad de fortalecer el tejido emprendedor. Frente a esta realidad, el programa se presenta como una herramienta para atraer talento, impulsar la profesionalización y generar arraigo entre las personas que busquen construir un proyecto de vida en un entorno rural”, explican los responsables del proyecto. 

Todo esto se va a explicar a las personas que asistan al programa intensivo de Relevo Codés, dirigido a jóvenes de entre 18 y 40 años que esta semana, desde el lunes 24 hasta el jueves 28, van a convivir en el Santuario de Nuestra Señora de Codés compartiendo espacio, aprendizaje y experiencias. A lo largo de estas cinco jornadas el programa va a combinar talleres prácticos, sesiones formativas, mentoría especializada y visitas a proyectos reales de la Sierra de Codés vinculados a la artesanía y tradiciones, lo que permitirá a los asistentes conocer de primera mano y con testimonios en primera persona los modelos de negocios locales. 

“Con esta iniciativa la Sierra de Codés aspira a mostrar que el territorio no solamente conserva tradición y riqueza cultural, sino que también es espacio fértil para la innovación, la creación de empleo y la generación de nuevos proyectos con impacto social”, subrayan los responsables de Tejiendo Caminos. Un proyecto que, añaden, ha consolidado un nuevo modelo de trabajo colaborativo, abierto, participativo y eficiente. 

Una forma de trabajar que, explican, se ha traducido en iniciativas que “están transformando la dinámica de la Sierra de Codés”. Son varias las líneas estratégicas que vertebran el proyecto y entre ellas destacan el turismo sostenible y participado que ha permitido la creación de una marca turística conjunta. Entre otras cosas, se ha consolidado también la Oficina de Repoblación con un servicio clave para facilitar el acceso a la vivienda, acompañando a quienes desean instalarse en la comarca y favoreciendo la recuperación de viviendas disponibles. 

“No se pueden perder oficios y negocios ya establecidos”

Un paseo por el monte y el café que se tomó después Aziza Puch Rubio en Meano fueron, sin haberlo previsto, el inicio de una nueva vida para esta mujer nacida en Madrid hace 67 años pero que lleva ya cuatro décadas viviendo en este pequeño pueblo de la Sierra de Codés

Allí recaló con su marido y su hijo pequeño procedentes de Logroño, donde era profesora de cerámica. A la capital riojana se trasladó desde Madrid, pero la llegada de su primero hijo llevó a la familia a buscar un nuevo hogar. 

Y lo encontró en Meano, donde llegaron tres hijos más. Sin embargo, cuando la pequeña tenía dos años, el marido de Aziza falleció debido a un cáncer. “Se lo detectaron en junio y murió en febrero. Fue todo muy rápido”, recuerda. 

En aquellos meses, su hermana y unas amigas se adentraron en el mundo de la seda pintada. “Me invitaron a unirme. Por mi situación al principio fui reacia pero acabé probando. Me servía de válvula de escape durante la enfermedad de mi marido. Sin embargo, al fallecer tuve que buscarme la vida para mantener a mis cuatro hijos y me formé como fontanera”, relata. 

Tras un tiempo en el oficio volvió al mundo del arte gracias a un proyecto que partió del Ayuntamiento de Pamplona. Resurgió entonces una vocación que nunca se había perdido y que permitió a Aziza mantener a la familia con los trabajos que iban saliendo y trabajando siempre desde el taller que habilitó en su propia vivienda, en Meano. “Aquí he vivido y he trabajado. Poder hacer todo en el pueblo es un lujo”, subraya. La llegada de la pandemia y con ella el cierre del grifo institucional obligó a volver a buscar otras vías

El negocio de la seda pintada, reconoce, no es fácil ya que al no ser un producto de primera necesidad es más fácilmente prescindible. Por eso, añade, intenta amoldarse a nuevos servicios. “Imparto talleres, voy a ferias, organizo actividades aquí en el taller... Es importante seguir trabajando y generando actividad en los pueblos”, reitera. 

Desde su experiencia, anima a la gente que quiera emprender o apostar por un negocio a hacerlo en un entorno rural como la Sierra de Codés. “Los oficios que hay no se pueden perder porque seguramente ya no vuelvan. Hay que mantener los negocios y los oficios ya establecidos aquí en los pueblos. Por eso es importante garantizar ese relevo. La vida en el pueblo lleva otro ritmo pero eso no es malo, todo lo contrario diría yo. Aquí el médico viene dos días a la semana y llamando el mismo día que viene te dan cita. Si te receta un antibiótico la farmacéutica de Cabredo te lo acerca a casa. ¿Eso no es calidad de vida? Pienso que muchas veces, desde la ciudad, existe cierto desconocimiento”, reflexiona. 

“Hay que poner en valor los pueblos, se crea comunidad”

Marcos Cadarso Sánchez pasó gran parte de su infancia entre viñedos. Ahora tiene 24 años y sigue entre esos mismos viñedos donde de pequeño correteaba ahora trabaja. Empieza su relato asegurando que ya de niño veía su futuro en esas viñas y en su pueblo, Aras, una pequeña localidad de la Sierra de Codés. Después de estudiar Ingeniería Agrícola en La Rioja, se marchó a Madrid para completar un máster en Ingeniería Agrónoma. Tras dos años en la capital volvió al pueblo para hacer el relevo a su padre, Pedro Luis, al frente de la bodega familiar. “Y eso que tuvo alguna oferta para quedarse a trabajar allí”, se cuela en la conversación su madre, Loli Sánchez. 

“La bodega la puso en marcha mi padre en el año 1999 pero venimos de una familia de viticultores, yo seré la quinta o sexta generación”, calcula. Al trabajo desempeñado por su padre todos estos años tanto en las viñas como en la bodega, la formación adquirida permite a Marcos ir un paso más allá introduciendo nuevos recursos en el trabajo agrícola. Es el caso de la implementación del trabajo con drones, que permite obtener una visión aérea de las viñas que ayuda a mejorar el trabajo. “También hemos adquirido un dron aplicador de los bioestimulantes y otros productos necesarios”, indica. 

Con esta tecnología, según cuenta, se logra una optimización del tiempo y lo que antes se tardaba en hacer una semana ahora lo puede completar en tres días. “Permite también trabajar de noche y en momentos en los que con la maquinaria no se puede”, explica. Su entrada al negocio familiar, aparte de esta introducción de las nuevas tecnologías, va a llevar consigo otra novedad, la apertura de una experiencia enogastronómica.

Indica que la familia ha habilitado una nevera datada en el siglo XVII, construida en 1670, que en sus orígenes sirvió para conservar nieve durante los meses de verano y, posteriormente, para guardar el vino. “Su temperatura, igual todo el año, ofrece unas buenas condiciones de conservación. Encima de la nevera había un almacén que fue lo que compró mi tatarabuelo. Resultó que abajo estaba la nevera que ahora vamos a acondicionar para mostrarla y celebrar en ella alguna cata de vino”, dice. 

Un valor añadido a la tradicional actividad vitivinícola familiar que continuará con Marcos, un joven que ha elegido quedarse en el pueblo y continuar con el oficio familiar. “Hay que poner en valor los pueblos. Yo he vivido dos años en Madrid, que había de todo, y estaba deseando volver. Aquí se crea mucha comunidad, te sientes muy arropado y realmente las distancias tampoco son tantas. Quien más o quien menos tiene coche. Sí que en Aras tenemos el problema de que no sube la Estellesa, pero el vecino que necesita desplazamiento se pone a pie de carretera y siempre otro vecino le lleva o le trae”, concluye.

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