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Tradiciones

Todos los Santos trae el horario de invierno al cementerio de Estella

Desde este martes y hasta abril, se abrirá de lunes a viernes de 9 a 18 horas, los sábados de 9 a 14 y el primer domingo de cada mes de 9 a 14 horas

Ampliar Un momento de la misa oficiada ayer en el cementerio por el párroco de San Miguel Javier Resano
Un momento de la misa oficiada en el cementerio por el párroco de San Miguel Javier Resanomontxo a.g.
Actualizado el 02/11/2022 a las 07:02
Con un sol libre de nubes y una temperatura casi primaveral rozando los 20 grados, no daba a pensar que desde el martes y hasta abril el cementerio de Estella empieza su calendario de invierno que acorta la estancia de lunes a viernes de 9 a 18 horas, los sábados de 9 a 14 y el primer domingo de mes el mismo horario. Pero la afluencia de gente sí hacía pensar que era una fecha especial, Todos los Santos. Sobre todo entre las 12 y 14 horas, cuando acudió más gente y había menos sitios en la campa de la antigua Agni del barrio de la Merced, habilitada como aparcamiento.
A las 13 horas, en el centro del cementerio, el párroco de la iglesia de San Miguel, Javier Resano, ofició una misa en la que quiso recordar no sólo a todos los santos canonizados, sino también a aquellos otros que forman parte de nuestra vida diaria y que han dejado un poso de sacrificio, fe y esperanza, como nuestros padres. Este miércoles, seguirán los oficios religiosos ligados a esta festividad con las misas por el Día de Difuntos que, a las seis de la tarde, acogerán las parroquias de San Pedro y San Miguel y, una hora después, la de San Juan y en las que se recordará a los fallecidos en los últimos doce meses.
Hace mucho más tiempo, 74 años, murió una persona a la que no nombrarán en este listado, pero que sigue presente en la memoria de Estella; o al menos en la de su Ayuntamiento: María de Maeztu, humanista y pedagoga que ocupa un lugar de honor en la capilla municipal ubicada en el cementerio viejo. Su nombre destacada del resto de la lista que encabeza Fray Diego, y en la que figura su hermano pintor Gustavo de Maeztu, gracias a la placa dedicada por la residencia de estudiantes de mujeres de la universidad de Madrid que ella fundó en 1915. Y varios ramos de flores lo subrayaban.
SIN FLORES LOS CARLISTAS
En cambio, el mausoleo que en 1897 mandó construir Carlos de Borbón en honor a los muertos en la tercera guerra carlista aparecía sin un ramillete en su memoria. Y no podía pasar desapercibido este detalle ya que el panteón se encuentra en el centro del cementerio, también en su parte antigua. Allí, seis columnas se levantan con los nombres de las principales batallas en contra de los liberales, la de Mañeru. Montejurra, Dicastillo, Somorrostro (Vizcaya), Eraul y Udave. Y una lápida con los nombres de tres de sus generales muertos en batalla, García (1872), Ulibarri (1872) y Ollo (1874).
Pero, como en la mayoría de cementerios, sobre todo quienes allí reposan son personas particulares que sí tuvieron familiares que les recordaran. Por eso panteones -el principal modo de enterramiento de Estella- nichos, columbarios y tumbas aparecían cuajadas de flores. Y también había gentes que, tras visitar a sus difuntos, aprovechaban la mañana para dar un vuelta por el camposanto, como María Nieves Errazquin de Ávila, natural de la ciudad del Ega y de 81 años de edad. “Habíamos estado ya de víspera colocando las flores y hoy (el martes para el lector), les volvemos a visitar y de paso comprobamos que conocemos más gente que está aquí que fuera”, decía con una media sonrisa.
Marta Azcona Suberviola, de 48 años, natural de Estella y vecina de Oteiza, no tenía tanto tiempo para pasear entre las tumbas ya que debía dividirlo entre dos cementerios. “Primero voy al de Oteiza, donde están mis abuelos y después vengo al de Estella para mis otros dos abuelos. Aquí, en la ciudad, procuro acudir siempre a la misma hora, pasada la una y media de la tarde, que es cuando menos agobio hay”, comentaba.
También de fuera, desde Cirauqui, viene cada año en Todos los Santos Miguel Ángel Sanz Mañeru, de 61 años y residente en Cirauqui. “Aquí están mis padres y un hermano”, comentaba, para a continuación destacar las diferencias entre un cementerio rural y otro más grande como el de Estella. “Sorprende, o al menos a mí, que la mayoría de enterramientos sean panteones mientas que hay pocas tumbas en tierra, justamente al contrario de lo que pasa en los pueblos”.
En uno de esos panteones, en concreto, en la parte nueva, estaba Jonathan Amador Jiménez, de 42 años. “Los gitanos sí que tenemos mucho respeto a nuestros muertos. Por eso no sólo venimos en la festividad de Todos los Santos, sino que nos acercamos aquí al menos una vez por semana. Por eso nuestros panteones siempre están muy bien cuidados. Pero hoy (el martes para el lector) es un día especial, porque nos sirve para reencontrarnos la familia junto a los panteones”, explicaba.
Y dato final para esta jornada: cada vez son menos las personas que acuden al cementerio para enterrar a los suyos en ataúd en tierra, nicho o en panteón. El porcentaje de cremaciones ha subido hasta el 60%.
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