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Rusia invade Ucrania

Bloqueo al convoy de Estella

El autobús que partió el jueves desde Estella tuvo que esperar 17 horas en el paso fronterizo entre Rumanía y Hungría. Han conseguido rescatar a 37 refugiados ucranianos, la mayoría mujeres y niños

Ampliar Diez familias viajan en el autobús que salió de Estella el jueves
Diez familias viajan en el autobús que salió de Estella el juevesCedida
  • Bosco Hernández
Actualizado el 13/03/2022 a las 21:00
El autobús salió desde Estella el jueves 10 de marzo. El objetivo: recoger a la mayor cantidad posible de refugiados ucranianos. Al final han sido 37 personas que dan las gracias a los voluntarios que iniciaron la marcha: Aitor Zalduendo Gurbindo, Ramón Astarriaga, José Antonio Ezkurdia, Blanca Martínez, Juan María Ibáñez, José Mari Piquer y el traductor Denys Krutyus.
Partieron a las diez de la noche y llegaron a la primera población rumana el sábado a las nueve de la mañana. Recorrieron dos puntos de la frontera entre Rumanía y Ucrania para recoger refugiados. “Estábamos muy felices porque íbamos muy bien de tiempo, pero fue llegar a Petea (ciudad rumana en la frontera con Hungría) y estuvimos parados desde las 22 h. del sábado hasta las 16 h. del domingo”, explicó Aitor Zalduendo. No fue hasta entonces que consiguieron atravesar la frontera e ingresar en el país húngaro.
17 HORAS ESPERANDO
“La previsión era traer con nosotros a más gente, pero algunos no lograron llegar hasta el punto de encuentro en la frontera”, cuenta Aitor. “Los ucranianos que hemos recogido están muy nerviosos. Transportamos a diez familias, sobre todo mujeres y niños, y muchos llevaban tres o cuatro días en el centro de refugiados esperando para salir. La desgracia es que cuando por fin alguien les recoge y parece que la pesadilla termina, les paran en la frontera, como nos ha pasado a nosotros”, añadió.
En las diecisiete horas que pasaron allí, solo dos autobuses pudieron cruzar la frontera.
EL PROBLEMA HÚNGARO
La velocidad con la que circularon por Rumanía contrastó con la larga retención que se produjo en el paso fronterizo de Petea. “Lamentablemente todo es problema político porque Hungría no forma parte del Espacio Schengen. Esa era la razón por la que no nos dejaban pasar. Pero, afortunadamente, apareció la policía rumana para convencer a los húngaros de que debían permitirnos el paso”. En ese punto de la frontera entre Rumanía y Hungría había, más o menos, otras cuatrocientas personas que, como el grupo de Estella, no podían avanzar. “Hubo un pequeño follón con esa intervención de la policía rumana. Mi hermano desde Estella había conseguido ponerse en contacto con las embajadas españolas en Rumanía y en Hungría, y fue entonces cuando la cosa parecía que empezaba a moverse. Nos decían que solo faltaba poner un sello para dejarnos pasar”, relata Aitor.
“Anteriormente les habían pedido los pasaportes a los refugiados ucranianos, pero a nosotros nada de nada. No solicitaron ninguno de los papeles que teníamos firmados de antes”, cuenta Aitor. “La policía húngara nos ponía la excusa de que estaban revisando la documentación, pero llevaban más de 120 minutos con ello, así que es difícil creerles”, confesaba Aitor a las cuatro de la tarde de ayer, justo unos minutos antes de que les dieran luz verde para entrar en territorio húngaro.
MALAS CONDICIONES
Fruto de la larga espera las mujeres del grupo pedían parar en cuanto fuera posible para poder ducharse porque las condiciones durante la espera en Petea fueron deplorables. “Solo teníamos la comida que nos daba Cruz Roja, pero no teníamos cuartos de baño disponibles.
Afortunadamente , el grupo ya viaja camino de España. Anoche tenían previsto llegar a Budapest.

APUNTE - Nacho Calvo 
​Solidaridad, pero con cuidado

La ola de solidaridad desatada tras la invasión de Ucrania está desbordando todas las previsiones, tanto en Navarra como en el resto del país. A los tradicionales envíos de ayuda humanitaria y recaudación de dinero se ha sumado un fenómeno nuevo: gente lanzándose con sus coches, furgonetas o autobuses hacia las fronteras que lindan con Ucrania para traerse a algunas de las miles de personas que huyen de las balas y de los misiles de Putin. Todo gesto es loable, pero también peligroso. Las ONG están advirtiendo hace días de que estas iniciativas es mejor no realizarlas. Principalmente por los riesgos que entraña una guerra y, seguidamente, por otra serie de circunstancias que pueden surgir por el camino al tratarse de iniciativas individuales, sin experiencia en estos conflictos. Solidaridad, siempre. Precaución, también.
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