Gastronomía
Lorea hizo realidad su sueño en Miranda de Arga después de estudiar con Arguiñano: “Hay que apostar por los pueblos"
Tras formarse en Pamplona y después en la escuela del cocinero vasco y trabajar en varios restaurantes, Lorea Enciso decidió volver a su pueblo y abrir su propia pastelería


Publicado el 08/11/2026 a las 05:00
Lorea Enciso Bozal desde bien pequeña tuvo claro que quería tener su propia fábrica de tartas. Y con 28 años ya puede decir que ha conseguido aquel sueño de su niñez y que además lo ha logrado en el lugar en que quería, su pueblo, Miranda de Arga. Los dulces de Lore, así bautizó un negocio que abrió las puertas este mismo año, la pasada primavera, pero que ya se ha ganado el reconocimiento de la clientela. Cuenta Lorea que desde niña tuvo claro que su vocación iba a estar orientada al mundo de la gastronomía y por ello se formó en cocina y pastelería en Pamplona.
Empezó a trabajar de prácticas en el sector pero, prosigue su relato, al ser todavía “bastante joven” apostó por seguir formándose. Fue entonces cuando completó un máster en la escuela de Karlos Arguiñano. “Hubo muchas asignaturas relacionadas con la charcutería y la enología, por ejemplo, que me permitieron ampliar conocimientos y seguir aprendiendo después en restaurantes algunos con estrella Michelín”, rememora orgullosa. Fue forjando una trayectoria laboral en establecimientos como los donostiarras Kokotxa y Mendizábal o el Gastrobar El Redín de Pamplona.
EN FRASES
Lorea Enciso Bozal
pastelera
“Hay que apostar por los pueblos, si no lo hacemos la gente joven ¿quién lo hará?”
Para entonces ya había decidido que iba a orientar sus pasos a la repostería. Llegó entonces la época del covid y Lorea dedicó muchas de las horas del confinamiento a elaborar tartas y otros postres en su casa y a pensar que su futuro estaba en abrir una pastelería en su propio pueblo. “Compartía algunas fotos de los postres por redes sociales y recibía muy buen feedback”, indica -hoy en día sigue mostrando su trabajo en Instagram-. Con algo menos de 1.000 habitantes, Miranda de Arga no contaba con un establecimiento así y decidió dar el paso. Encontrar un local no fue tarea fácil, como tampoco completar todos los trámites necesarios para la apertura, pero no paró hasta conseguirlo. Porque esta joven emprendedora es una enamorada de su pueblo y decidió arriesgarse por labrar en él su futuro laboral.
PRODUCTO LOCAL Y TRADICIONES
Aquella fábrica de tartas que Lorea tenía en su cabeza cuando solamente era una niña se había hecho realidad. En un obrador artesanal en el que prepara las elaboraciones a diario, ofrece tartas, galletas, pastas de té, pasteles, bollos, hojaldres o brownies, entre otras cosas. Unas creaciones a las que da forma apostando por la repostería tradicional pero incorporando también presentaciones actuales y a demanda. “Trabajo todo lo que puedo el producto local de mano de productores de la zona y me gusta rescatar tradiciones del pueblo. Aquí tenemos materias primas muy buenas”, dice. El obrador, en el que todo está cuidado al detalle, cuenta con un pequeño espacio para quien opte por degustar allí, con un café o un batido, las elaboraciones.
Como en todo, los comienzos siempre son más complicados y más cuando se ven envueltos en una burocracia que muchas veces, dice, parece no tener fin. Con ella sola al frente de todo el negocio, desde la elaboración hasta la venta, de forma puntual también hace alguna entrega a domicilio. La respuesta de la clientela desde la apertura, agradece, ha sido “muy buena”. “Ha habido algunos días que antes de la hora de cierre ya se me ha terminado todo. Eso es lo más gratificante de todo, ver que a la gente le gusta lo que haces”, subraya.
Y aunque gran parte de su clientela la conforman los propios vecinos y vecinas cada vez más, indica, la hay llegada de otras localidades de la comarca. Por Miranda de Arga, su pueblo, ha apostado para forjar su futuro y desde su obrador espera contribuir a revitalizar el mundo rural ya que negocios como el suyo, pastelerías, han ido cerrando en otras localidades -como en Tafalla que llegó a tener cuatro y ahora no queda ninguna- por lo que también contribuye a recuperar un servicio ya perdido en algunos municipios. “Hay que apostar por los pueblos, si no lo hacemos la gente joven que nos hemos criado en ellos, ¿quién lo hará?”, se pregunta. Ella, como hacen tantos jóvenes, salió del pueblo para formarse pero a diferencia de otros muchos, que se quedan en la ciudad, decidió volver.