Iglesia Católica
La diócesis de Huesca impulsa la canonización del obispo tafallés Javier Osés
Fallecido en 2001, era conocido por su cercanía a los pobres y vulnerables y por su devoción a la Virgen de Ujué y su afición a las Javieradas


Publicado el 30/10/2026 a las 05:00
La diócesis de Huesca ha iniciado los trámites con la Santa Sede para impulsar el proceso de canonización del tafallés Javier Osés Flamarique, que fue obispo de Huesca entre 1977 y 2001. Así lo anunció Pedro Aguado, prelado oscense, el pasado martes, en un acto de homenaje a Javier Osés con motivo del 25 aniversario de su muerte.
Javier Osés nació en Tafalla el 23 de agosto de 1926. Fue ordenado sacerdote en Roma, donde estudiaba, en 1950. Cuatro años más tarde se hizo cargo de la parroquia de Zudaire. Fue rector del Seminario de Pamplona entre 1967 y 1969. Fue consiliario de juventud de Acción Católica y responsable diocesano de Pastoral Familiar.
En 1969 fue nombrado obispo auxiliar de Huesca y cuatro años más tarde administrador apostólico. En 1977 pasó a ser titular. Falleció el 22 de octubre de 2001 a los 75 años a causa de un cáncer. Dos meses antes había presentado su renuncia. Aficionado a la montaña y a la pelota, mostró, como tafallés, su devoción a San Sebastián y a la Virgen de Ujué. Siempre que podía participaba en las romerías de Ujué y en las Javieradas. Fue nombrado hijo adoptivo tanto de Tafalla como de Huesca.
En el acto de homenaje del pasado martes, el obispo Pedro Aguado y el cardenal Juan José Omella ofrecieron algunas pinceladas de su vida. Pedro Aguado explicó que desde el primer día se dio cuenta de lo amado que era don Javier en la diócesis, “siempre cercano, muy amable y entregado a todos”. Omella, que tuvo un trato cercano con Osés, señaló que don Javier era un hombre, inteligente, muy vivo, muy alegre, de gran corazón y muy cercano. “El Papa Francisco decía que quería sacerdotes y obispos con olor a oveja, que estén con el pueblo. Creo que le cae muy bien ese título a don Javier”, añadió.
El cardenal recordó que, en las reuniones de obispos, Javier Osés contaba anécdotas de los pueblos de Huesca, siempre con nombres y apellidos y con su toque de gracia. “Creo que conocía hasta los gatos y perros de cada pueblo”, bromeó el cardenal. Recordó también que saludaba a todos por la calle, que se acordaba de los nombres de los feligreses ingresados en el hospital y que hablaba un lenguaje que la gente entendía, “el vuestro, de navarro y de aragonés y de oscense”. Omella destacó tres rasgos de su personalidad, su vida de oración, su amor a la Iglesia “con sus defectos” y su “cercanía a los pobres y los más vulnerables, su compromiso con la pastoral social y el mundo obrero”. Omella señaló que don Javier abrió cauces de participación a laicos, sacerdotes y consagrados, y que se adelantó a lo que hoy se llama una Iglesia sinodal.
Osés murió en la Clínica Universidad de Navarra y está enterrado en la catedral de Huesca. “En el lecho de muerte, Javier decía que tenía tiempo de rezar despacito, y sus hermanas le oían recitar la oración de abandono de Carlos de Foucauld. ‘Qué ganas de ver a Dios’, decía”, expuso Omella.