Homenaje 

'Ráfagas al cielo' por Richard, el vecino de Artajona fallecido en un accidente de moto

Un centenar de motoristas en unas 60 motos, familiares, amigos y compañeros de trabajo homenajean en Artajona a Richard Jiménez a los tres meses de fallecer en accidente. Atronaron los motores antes de la suelta de globos con forma de corazón

Fotos del homenaje a Richard Jiménez, motorista fallecido en Artajona
Fotos del homenaje a Richard Jiménez, motorista fallecido en ArtajonaJesús Garzaron

Natxo Gutiérrez

Publicado el 31/08/2025 a las 05:00

Era capaz de sacarte una sonrisa en el peor momento de tu vida. Siempre alegre y con una sonrisa en la cara. Un padre muy padre, como decimos aquellas personas que lo conocemos bien. Siempre pendiente de sus hijas, orgulloso de cada paso que dan. Fue también un gran marido, compañero de vida, de luchas y sueños compartidos. Y, sobre todo, fue una muy buena persona, alguien que siempre estuvo ahí para quien lo necesitaba, que se entregaba sin esperar nada a cambio y que regalaba cariño con su sola presencia”. Así era Richard Jiménez Mendióroz a los ojos de su cuñada, Rocío Casilla Crespo. Su recuerdo, descrito en una carta contenida en su móvil, planeó este sábado en unos minutos de silencio a los pies del Cerco de Artajona. Los diques de contención de la emoción cedieron a unas palabras cargadas de sentimiento en un homenaje al padre, marido y también motorista que fue Richard Jiménez, cuyo cuerpo quedó malherido el 30 de mayo en un accidente con su moto en las proximidades de la localidad donde nació en 1993. Murió por la gravedad de las heridas.

Hubo comunión en el homenaje dispensado en su memoria en presencia de su mujer, Ohmara Casilla Crespo, y sus tres hijas, Yanira, Triana y Sarayma. Fueron una sorpresa para las cuatro las muestras de afecto recibidas con gestos, palabras y silencio de respeto en una tarde de carrusel de emociones.

Su suegra, Loli Crespo Crespo, barruntó la idea de dispensarle un tributo y honrar su vida por ser “buena persona” y por haber dejado huella en el pueblo, donde era “querido”. Estuvieron amigos y compañeros de trabajo en Berlys, de Tafalla, con los que compartió el día a día en obligaciones y alegrías tejidas con el ensamblaje de la empatía y la fidelidad inquebrantable. Claro está que hasta uno de los aparcamientos del Cerco llegó una legión de motoristas -hasta un centenar repartidos en unas 60 motos- venidos de diferentes puntos de Navarra. “Vuestra presencia aquí -se le escuchó decir a Loli Crespo en la lectura de su carta- es un reflejo de la hermandad que existe entre quienes comparten la pasión por las motos”.

Las afinidades entrelazadas en vida, en distintas etapas y circunstancias, convergieron en aquel que fue su razón de ser. La dedicatoria escrita y leída en su recuerdo derivó en una retahíla de agradecimientos a cuantas personas estuvieron a su alrededor. Plasmó también el compromiso de cercanía y apoyo de su autora y de cuantos hicieron suyas sus palabras hacia sus hijas y su mujer, con la que Richard protagonizó “una historia de amor de película. Doce años juntos, llenos de momentos que no todo el mundo tiene suerte de conocer: un amor puro, único, hecho de risas, de complicidad y de fuerza”.

Silenciadas las palabras, palpitantes de emoción los corazones y bañados algunos rostros de lágrimas, sobre todo de los más cercanos, el cielo se llenó de globos rojos con forma de corazón, atados a unas cintas de tintes similares a las que se usan para acotar el perímetro de un acontecimiento, obra o suceso. El silencio, roto con una salva de aplausos, envolvió al conjunto. Atronaron los motores de las motos en dos momentos del encuentro como un mensaje que pudo escucharse en las alturas. Sonaron las Ráfagas al cielo, como rezaba el lema de la concentración, para recibir al núcleo familiar del homenajeado en los prolegómenos y antes de la lectura de la carta escrita con el corazón.

Después la viuda recibió un centro de flores y sus hijas sendos osos de peluche, que luego fueron colocados en el punto de la carretera donde se registró el accidente. “Muchas gracias a todos, sobre todo a los de las motos porque nos gustaba mucho a los dos”, expresó entre lágrimas la mayor de las tres hermanas, de 11 años. Con su partida, su padre dibujó una estela imborrable en Artajona.

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