Dos generaciones históricas en Pitillas

En el segundo día de fiestas, Pitillas rindió homenaje en la Iglesia de San Pedro a 8 personas nacidas en 1936 y 1937, quienes este año celebran sus 88 y 89 años

Homenaje a los nacidos en 1936 y 1937.
Homenaje a los nacidos en 1936 y 1937./Jesús Garzaron

Ikomar Oteiza Pierola

Publicado el 27/08/2025 a las 20:10

Pitillas vivió una jornada emotiva y cargada de memoria durante este miércoles 27 de agosto, en el que los verdaderos protagonistas fueron los nacidos en 1936 y 1937. Vecinos y vecinas que han sido testigos de casi un siglo de historia y que, con sus mejores galas, no pudieron faltar a semejante acontecimiento. En un acto lleno de significado, el ayuntamiento quiso rendirles un cálido homenaje en el Día del Abuelo de las fiestas de San Ramón, reconociendo su trayectoria y por lo tanto, valorando el legado que han transmitido a sus descendientes.

Ellos fueron María Teresa Aróstegui Izura, María Teresa Azagra Fontanillo, María Fe Bravo Zuazu, Javier Bravo Elduayen, Julio Otazu Induráin y su esposa María Carmen Aguerri Garde, María Josefa Induráin Arizpeleta y María Teresa Arizaleta Conget. Los ocho ocuparon las primeras filas de la Iglesia de San Pedro desde primera hora para no perder detalle de una singular misa jotera a cargo del Grupo de Jotas Voces del Ebro, que contó con una eucaristía centrada en ellos, los mismos que cumplirán este año 88 y 89 años.

“Vosotros sois un ejemplo a seguir, que enseñáis a vuestros descendientes todo lo que en esta vida habéis aprendido. Tened claro que ellos seguirán vuestro cauce”, les transmitió el alcalde, Joaquín Olloqui, recordándoles la importancia de “la buena compañía”. Y es que en el resto de filas de San Pedro no faltaron hijos, nietos, bisnietos y amigos. Todos cargados de orgullo y admiración por los homenajeados.

FLORES PARA CELEBRAR

La Iglesia desprendía olor a flores por sus cuatro costados. Coloridas y vivas, llenas de alegría, reposaron en el agua de los jarrones hasta que pudieron entregarse a las ocho personas destacadas del día. Un detalle con el que la corporación quiso trasladarles su cariño y agradecimiento.

La primera en salir fue María Teresa Aróstegui Izura. Y con ella, llegaron las primeras lágrimas de emoción. Ha dedicado su vida a la enseñanza en Pitillas, pudiendo dejar huella en numerosas generaciones de vecinos, que le aplaudían desde el fondo. Pero en especial, la admiración fue evidente por parte de sus allegados. “No me esperaba que viniesen todos hoy hasta aquí”, citó bien arropada por una de sus nietas y un bisnieto.

“Gracias al alcalde por invitarnos a disfrutar de este día tan precioso”, destacó María Fe Bravo Zuazu, que tampoco pudo ocultar la ilusión de estar rodeada de todos sus hijos y nietas, que inmortalizaron cada instante. Ella fue la última en nacer en 1936, un 18 de diciembre de hace casi 89 años, cerrando el capítulo de una generación inolvidable. Y tampoco faltaron los halagos a María Josefa Induráin Arizpeleta, que no pudo evitar llorar al recoger su ramo. “Tengo dos hijas y soy bisabuela, ahí está la chiquitina”, explicaba pletórica entre “enhorabuenas”.

Otros recibían este reconocimiento juntos, del mismo modo que han compartido cada etapa de su vida. Este fue el caso del matrimonio de Julio Otazu Induráin y María Carmen Aguerri Garde. El 29 de septiembre harán 63 años de casados en la misma iglesia que ayer se les premiaba. Se acordaron de su historia, así como de los nietos que no pudieron acompañarles. No obstante, de diez, los que sí pudieron, no faltaron. “Aunque ya no seamos tanto de salir en fiestas, nos gusta ver cómo el resto lo hace”, declararon sin soltarse. Lo de ayer en Pitillas fue un ejemplo de descendencia. Generaciones reunidas en torno a un pueblo que seguirá siendo el hogar al que volver cada verano.

Joaquín Olloqui dejará la alcaldía

Tras la misa celebrada en Pitillas con motivo del Día del Abuelo, en el segundo día de las fiestas patronales en honor a San Ramón, el alcalde Joaquín Olloqui Osés (PSN) aprovechó la ocasión para subir al atril y trasladar un anuncio importante ante los vecinos y asistentes: el próximo mes, es decir, de manera inminente, dejará su cargo al frente del Ayuntamiento. “En septiembre me marcho. Dejo el ayuntamiento para volver a mis orígenes, Pamplona”, explicó ante una iglesia abarrotada.

En un ambiente conmovedor, rodeado de vecinos de todas las edades y especialmente de los ocho homenajeados del día, el alcalde no pudo evitar emocionarse. “Ayer me emocioné cediendo el cohete a los niños de la escuela y hoy no iba a ser menos”, trasladó sonriendo. Un gesto que expresaba agradecimiento hacia todo un pueblo.

Aunque, al mismo tiempo, insistió en que su anuncio no difuminara la celebración que correspondía, el homenaje a los nacidos en 1936 y 1937. “Estáis muy bien acompañados por familiares, hijos y nietos. Es un orgullo”, pronunció Olloqui.

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