Verano en mi pueblo
En Mélida, la piscina y el pipero marcan el ritmo en verano
Cuando el sol empieza a caer, Mélida cambia de cara


Publicado el 23/08/2025 a las 05:00
El calor de agosto se siente desde primera hora en Mélida. El sol, aún cuando apenas ha salido, ya aprieta sobre los tejados y convierte las calles blancas y silenciosas en un escenario adormecido. Solo se escucha el eco de algún paso madrugador o el murmullo lejano de una radio encendida en una cocina. El pueblo aguarda la sombra de la tarde, cuando el calor cede un poco y las calles recuperan su pulso.
Desde la carretera, el paisaje de la ribera se extiende seco y dorado, con campos que resisten al sol del verano. Pero en el centro hay un refugio del que todos hablan: la piscina municipal. Allí confluyen cada día vecinos de todas las edades, desde los niños que no se cansan de saltar una y otra vez al agua hasta los abuelos que vigilan desde la sombra con un helado en la mano.
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Por la mañana, Xabier Beldarrain, de 21 años, abre las puertas de su peluquería, “La pelu de Xabi”. Entre tijeras y conversaciones, pasa las horas hasta que llega la tarde.
—Estoy casi todo el día aquí —cuenta—. Por las mañanas trabajo y a la tarde vengo a la piscina con los amigos para disfrutar. Luego a casa a cenar y, después, subimos al pipero que tenemos.
El pipero, explica, es lo que en otros sitios llaman bajera: un local convertido en punto de encuentro para cuadrillas. Cada grupo tiene el suyo, y en verano se convierten en protagonistas de muchas noches.
En una de las mesas de la piscina, bajo una sombrilla, un grupo de amigas charla animadamente: Patricia Garde, Berta Estarriaga, María Aurora y Arantxa Jiménez —que vienen desde Barcelona—, junto a Valerie Coste. La conversación fluye con naturalidad, mezclando recuerdos y planes entre sorbos de refresco.
—Mi abuela es de aquí —cuenta Arantxa.
—Este año te invitamos —interviene Patricia—. El sábado tenemos tecno carro.
—¿El qué? —pregunto entre risas.
—El tecnocarro, pero joven —explican—Vamos por los piperos vendiendo… aquí se le llama pipero a la bajera. También chabisque.
El verano, para ellas, se organiza alrededor de la piscina y del pipero.
—Si tenemos vacaciones, venimos mañana y tarde a la piscina. Si no, trabajamos por la mañana y por la tarde aquí. Vida de cuadrilla, que es cuando más nos juntamos —resume María Aurora.
Este año, además, hay un motivo especial: están preparando una fiesta en el pipero para celebrar los 50 años de varios amigos.
—Estamos entretenidísimas con eso —añade Berta—. Esta mañana mismo hemos estado en Tafalla comprando cosas para los preparativos.
El calor aparece una y otra vez en la conversación. “Lo llevamos mojadas todo el día en la piscina —bromea Valerie—. En casa, ventiladores y ventanas abiertas, pero se duerme poco. Como estamos de vacaciones, tampoco importa mucho”.
A medida que avanza la tarde, la piscina se convierte en el auténtico centro del pueblo: chapuzones, partidos de voley improvisados, helados de limón que se derriten demasiado rápido y saludos que se repiten cada día como si de un ritual se tratase. La sensación es que todos pasan por allí, aunque sea solo un rato.
Cuando el sol empieza a caer, Mélida cambia de cara. Las calles vuelven a llenarse: se ven familias paseando, vecinos que sacan sillas a la puerta y cuadrillas que se citan en las esquinas. Los bares levantan persianas y sirven las primeras rondas, mientras de fondo suena alguna canción. De vez en cuando, algún pipero abre sus puertas y deja escapar música y risas.
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En Mélida, el verano se vive en cuadrilla. El día se reparte entre la piscina y los preparativos de las fiestas, y la noche encuentra siempre un lugar común en el pipero. Para los que se fueron y vuelven solo en agosto, es una manera de reencontrarse. Para los que nunca se fueron, es la confirmación de que el verano tiene aquí un ritmo propio: baños, charlas, fiestas y la seguridad de que, en el pipero, siempre habrá alguien que estará esperando para tener una charla de verano “a la fresca”.

