Cuatro heridos en el tercer encierro de fiestas de Tafalla
La carrera de este domingo ha sido rápida, apenas 2 minutos y 29 segundos
Actualizado el 17/08/2025 a las 18:19
Los pastores apuraban los preparativos desde primera hora de la mañana. El vallado se cerraba con firmeza, los golpes de martillo clavando cuñas de madera retumbaban como tambores sordos en la piedra. “Tiene que estar bien clavado, no vaya a ser”, decía un carpintero veterano, mientras las gotas de sudor se deslizaban por su frente. Los corredores miraban de reojo, conscientes de que cada tabla y cada cuña eran parte de la delgada línea entre la fiesta y una posible tragedia. “Es mucho trabajo para un encierro de apenas tres minutos”, murmuraba uno de ellos. Un esfuerzo invisible pero imprescindible.
Desde los balcones, las familias ondeaban pañuelos rojos, los niños miraban con los ojos muy abiertos y los visitantes buscaban el mejor ángulo para grabar el recorrido desde el vallado con sus móviles. En el vallado, los corredores ajustaban sus pañuelos y repasaban mentalmente su estrategia. Apenas se escuchaba el roce de las zapatillas contra el suelo. Entonces, sonó el primer cohete. El siseo de la mecha precedió al estallido, y en ese instante el tiempo pasaba lento: los toros ya estaban en la calle. La manada salió fuerte. El suelo temblaba bajo el peso de las pezuñas, un sonido profundo que anunciaba que la carrera ya era irreversible. Los animales avanzaban compactos, bien guiados, sin apenas desviarse, lo que aumentó la velocidad del encierro.
En el recorrido, Daniel Ochoa, uno de los corredores de toda la vida en Tafalla, esperaba su oportunidad. Vestía como manda la tradición: camisa blanca, pantalón blanco impecable, pañuelo rojo anudado con un nudo especial para soltarse con rapidez en caso de enganche y zapatillas de deporte que parecían recién estrenadas. “Es una adrenalina que no se siente con otra cosa, para una buena carrera”, explicaba después.
Corredores apretados contra las tablas, algunos tropezando, otros buscando ese metro de espacio para ponerse delante de la manada. La curva antes de llegar al puente se convirtió en un hervidero de tensión, con varios tropiezos que, por fortuna, no pasaron a mayores. Los pastores hicieron un trabajo impecable, manteniendo la manada unida y evitando que se descolgara ningún toro. El encierro se resolvió en apenas 2 minutos y 29 segundos.
La jornada dejó cuatro heridos, todos de carácter leve. JLE, de 27 años y natural de Tafalla, sufrió una contusión lumbar en la zona del puente. FBE, de 18 años, terminó con un raspazo en el codo derecho. JLA, pamplonés de 53 años, resultó herido en la mano derecha con una abrasión tras caer y tratar de levantarse precipitadamente. PE, de 28 años, también de Pamplona, padeció un pisotón lumbar con laceraciones. Los dos últimos fueron atendidos en la zona de la estación, donde los equipos médicos actuaron con rapidez.
Al finalizar, Juan Luis Berasategui, corredor habitual de 54 años, resumía con calma lo vivido: “Ha habido algún que otro tropiezo, pero más o menos bien. Es verdad que, al ser domingo, se notaba que había mucha más gente. Eso siempre complica las cosas: se corre más apretado y el riesgo aumenta. Hoy, para coger un buen sitio, había que estar colocado con mucha antelación”.
Tafalla recuperaba poco a poco su pulso habitual. En las terrazas, las cuadrillas comentaban los detalles de la carrera. El encierro ya había pasado.

