Tradiciones

Reviven las costumbres en Miranda de Arga por el día del mundo rural

Los vecinos acogieron a todos los que se animaron a acudir al día del mundo rural con la siega como referencia para rememorar tradiciones

Fotos de Día del mundo rural.
Fotos de Día del mundo rural.Alberto Galdona

Álvaro Huarte Llorens

Actualizado el 23/06/2024 a las 19:22

Los hábitos de antaño tuvieron su día de protagonismo en Miranda de Arga la mañana de este domingo. En un día en el que la lluvia respetó, las nuevas generaciones rememoraron la forma de ganarse la vida de sus padres y abuelos.

El ruido de la cosechadora abría la mañana, tras recoger todas las pacas se metieron en la trilladora, Ismael Zabaleta, de 58 años, fue uno de los encargados de llevar los tractores y las máquinas de la demostración: “Es un día para recordar como se hacía la siega, la mies, el trillar y luego como se acumula todo en el remolque. Esto hace que la gente joven vea cómo se hacían las cosas”. Tanto gente del pueblo como de fuera y de todas las edades se acercaron a la era. “Para la gente mayor es recordar todo lo que sufrieron, esto lo que da es mucho trabajo y es un motivo en Miranda para conseguir que venga gente”. Las máquinas que se utilizaron para esta XXIII edición tienen un dueño, y ese es Diego Labrego, que explicó el origen de este día: “Vi estas demostraciones en Salinas de Ibargoiti, les dije a los jubilados de Miranda a ver si hacíamos una fiesta como esta. Yo tengo toda la maquinaria”.

“La gente de Miranda es muy colaboradora”, comentó Labrego. Sin el apoyo popular de los vecinos de la localidad esta celebración, que involucra a abundantes jóvenes: “Yo qué hago con 20 tractores si no los puedo manejar solo”. Tras la carga de la paja, la labranza y la trilla llegó el ecuador de la mañana marcado por el almuerzo de magras con tomate.

Todos los visitantes se trasladaron al pueblo, que mostró entre sus calles los oficios antiguos. La forma de elaborar alpargatas, tostones, sogas, cañizos y demás productos artesanos deleitaron a todo el que se atrevió a subir la empinada cuesta de la Calle Pilares. En la mitad de la calle se encontraba Endika Ochoa, que junto a su tío fabricaba ladrillos. “Estamos amasando la tierra, una tierra que se pone normalmente en la orilla del río. Le echamos un poco de paja para que coja cuerpo, lo que hace que coja cuerpo también es el amasar”-afirmaba mientras pisaba con los pies descalzos la tierra húmeda-”amasar hace que a las 24 horas se quede duro como una piedra”.

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Para los valientes que llegaron al final de la calle, les esperaba junto a la iglesia un puesto con helados artesanos que recompensaba el esfuerzo. Lorea Enciso, una joven del pueblo, llenaba junto a su abuela y sus tías los vasos con el congelado de zumo de limón, agua y azúcar: “Es una tradición que se lleva haciendo muchos años, y yo como joven que soy quiero seguirla. Me parece estupendo que se fomenten estas costumbres y ojalá se harían más días como este”.

El ruido de los cascos de los caballos avisaban a todos los visitantes que se congregaron frente al Ayuntamiento para de la trashumancia. Los caballos de Hípica Zahorí, de Falces, acompañaron a las vacas al centro de la localidad, llegada que llamó la atención de los más pequeños. Tras la novedad de este acto, la jornada concluyó con el Baile de la Era en la plaza y una exhibición de deporte rural en el frontón.

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