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Obituario

Eduardo Ayerra Alfaro, docente en Francia y apasionado por Tafalla

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Eduardo Ayerra AlfaroCedida
  • Jesús
  • Luis y Atxu Ayerra
  • hermanos del fallecido
Publicado el 27/12/2022 a las 08:10
Eduardo Ayerra Alfaro nació el 22 de febrero de 1958 en Pamplona. Creció feliz en su casa de Tafalla, en el segundo piso del Ayuntamiento, con sus padres María Luisa y Jesús Mª, secretario del Ayuntamiento, y sus tres hermanos Jesús, Luis y Atxu.
Su carácter alegre y entusiasta le llevó desde muy joven a conocer mundo y en 1975 participó como animador en las colonias de Capbreton. Allí el destino le regaló a Hélène, con la que decidió construir un maravilloso proyecto de vida. Después de 4 años de idas y venidas se casaron en 1979, él con tan solo 21 años. Y como esta vida puñetera nos da y nos quita, ya desde muy joven experimentó dos dramáticas separaciones. La de su padre con tan solo 55 años y la de su segundo hijo, Xabier, con 4 meses de vida. Entre tanto su proyecto de vida se fue enriqueciendo con tres hijos maravillosos, Elisa, Luis y Víctor, a los que supieron educar en libertad, respeto y tolerancia. Fueron su gran orgullo y su alegría constante. A ellos les supo transmitir el gusto por los viajes, su pasión por las lenguas y por la música y tres o cuatro veces al año no les daba pereza coger el coche y recalar en Tafalla, con Marisa, hermanos, primos, sobrinos, amigos. Más adelante, y como un regalo del cielo, llegó su nieto Tristán y se convirtió en el Abuelo con mayúsculas más feliz de mundo.
Se fue a mil kilómetros de distancia, a Sainte- Sigolène, pero se siguió quedando en Tafalla. Navidades, Semana Santa, verano, en fiestas de agosto por supuesto, siempre volvía con los suyos a su pueblo, al que amaba sobremanera. En la huerta con tíos, primos, hermanos, sobrinos, en la salida de las peñas o la subida a la Salve, en los almuerzos con la cuadrilla, en Nochevieja en torno al caldero de migas disfrutaba y nos hacía disfrutar lo indecible. Y cuando no podía venir (a Ujué, al día de San Sebastián…) siempre estaba presente en forma de llamada, mensaje o recuerdo. Su amor por la música, por su guitarra, por la cocina con el delantal puesto recogiendo los guisos que su madre le transmitió fueron algunas de sus señas de identidad.
Profesionalmente se dedicó a la enseñanza como profesor de secundaria impartiendo Geografía e Historia, Economía, Comercio y Ciencias Sociales. La enseñanza era otra de sus pasiones. Se esforzaba como nadie en transmitir a sus alumnos el espíritu crítico, abriéndoles las ventanas del mundo. Por ellos viajó y con ellos recorrió toda Europa. Era un organizador nato, ordenado, paciente y eficaz como pocos. Le encantaban los idiomas y no dudaba en hablar en castellano, francés, inglés, italiano o portugués. Incluso chapurreaba divertido palabras en rumano. Además desde muy joven fue un deportista excepcional. Todavía se recuerdan las carreras de natación en el Ereta en donde siempre ganaba con esa fortaleza tan extraordinaria que tenía. Y en el balonmano Tafalla, rápido y seguro con el balón, un muro como defensa. Llegó a ser convocado por la selección española escolar. Después, en Sainte-Sigolène, su nuevo hogar, continuó con el balonmano y el tenis. Y también el esquí de fondo y esas largas caminatas junto a Hélène y sus amigos.
Su espíritu crítico y solidario le llevó a participar activamente en la vida social y política de Sainte- Sigolène. En sus 45 años de vida en Francia participó en asociaciones familiares y comités de “jumelage” con Marineo, un pueblo de Sicilia. Después, su espíritu de servicio le emplazó a ser el primer concejal de nacionalidad extranjera de un grupo municipal en el que defendió sus convicciones e ideales y dio al Ayuntamiento, a pesar de estar en minoría, un soplo de aire fresco.
Por desgracia para todos, llegó un momento en que la enfermedad comenzó a ser su otra compañera de viaje. Estos últimos cuatro años ha afrontado la enfermedad con la calma, la fuerza y la serenidad que siempre le han caracterizado. Y su optimismo, aunque los pronósticos fueran nada halagüeños, sacaba a relucir su sonrisa. Cambió su vida pero la aceptó y continuó dando ánimos a todos los que estábamos a su alrededor. Peleó con ella con fuerza y determinación pero al final le venció el pasado 13 de diciembre.
Y nosotros estamos aquí, despidiéndole, reconfortados con los maravillosos recuerdos que nos ha dejado a todos y cada uno de nosotros. Ojalá la memoria nos sea propicia para que siga siempre estando con nosotros, en nuestras alegrías y en nuestras tristezas.
Brindaremos por ti, Eduardo. Feliz viaje.
Los autores son hermanos del fallecido
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