Miranda de Arga, la calma tras la tempestad

El lunes, apenas quedaba rastro de la fuerte tromba de agua que inundó las calles la sobremesa del domingo. Calculan que llovió 30l/m2 en 15 minutos

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Miranda de Arga, la calma tras la tempestad

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Myriam Munárriz

Actualizado el 11/05/2021 a las 06:00

Aunque fue poco más de un cuarto de hora, la intensidad de la lluvia convirtió el domingo a Miranda de Arga en la imagen meteorológica de los telediarios de las grandes cadenas de televisión. Los vídeos mostraban las calles convertidas en canales de agua donde el caudal corría con fuerza favorecido por unos viales empinados. Y es que el municipio, ubicado en la merindad de Olite y con poco más de 800 habitantes, tiene la mayor parte de su trama urbana encaramada en un altozano.

Los vecinos con casas en la parte alta vieron correr el agua hacia la zona baja, por donde discurre el Arga -al que la tormenta no alteró su caudal- y la plaza del Portal, la calle San Juan o la ubicada en la parte más baja de la localidad, la Dehesa. Por suerte para ellos, viven en el arranque de las cuestas por lo que la fuerza cogida por el caudal impedía que se detuviera y anegara sus entradas o bajeras.

“Yo, Alfonso, ni te veía”, le contaba ayer Domingo Iradiel Bueno a su vecino del Barrio Alto Alfonso Jiménez de la Rubia, que vive enfrente, a unos treinta metros. “Y luego, oye, parecía invierno y que había nevado. Tenía el felpudo de la calle blanco del granizo”. Ambos tomaban un café en la terraza del bar Carranza junto a Andrés Otazu Induráin, autor de algunos de los vídeos que salieron en la televisión, y Juanito Echávarri Elizalde.

“Dicen que cayeron unos 30 litros por metro cuadrado”, comentaba este último. “Ni idea, pero es impresionante la fuerza que cogió el agua en poco tiempo”, intervenía Alfonso. Mientras, Andrés pensaba que habían corrido más sus vídeos que el caudal. “Fue ponerlo en un grupo de WhatsApp y a partir de ahí... bueno, una locura”.

Una locura, tanto virtual como meteorológica -a la que además de la lluvia hay que sumar el viento y granizo- que ayer se había convertido ya en recuerdo. Y es que en la calle apenas quedaban huellas; algunas piedras que el agua dejó y que el Ayuntamiento todavía no ha podido retirar aunque sí ha limpiado la mayor parte de la vía pública. Entre los vecinos, los afectados eran pocos. Y sin grandes daños: bajeras anegadas de agua que, al secarse ha dejado un rastro de piedras y arenilla.

Como en el Carranza, en la plaza del Portal, uno de los que más sufrió la tromba de agua. Los hermanos Ignacio y Francisco del Río Rodríguez vieron como el agua arrastraba cien metros calle abajo parte del mobiliario de la terraza y se introducía en su negocio. “Nos entró por la zona que tenemos más como pub en la parte de atrás y se nos vino a la puerta que separa la del bar. La tuvimos que abrir porque parecía que la iba a arrancar”, recordaba Ignacio.

Como pudo, y contracorriente, alcanzó a accionar el montacargas para que parte de la “riada” se fuera por allí. “El resto lo íbamos echando hacia el fondo con una tabla”. Y es que en la parte posterior hay un salón multiusos con suelo de losa al que el agua no iba a dañar. “Ahí se quedó el agua remansada y empezamos, junto a una empleada, a sacar y sacar cubos de agua. Como hoy (ayer para el lector) durante toda la mañana”.

DIFERENTES ARQUETAS

Ignacio no es la primera vez que ve inundado su bar. “Es que aquí confluyen varias cosas. Primero, que estamos al final y de frente de dos calles empinadas. Y tercero, que uno de los conductos subterráneos de las pluviales no tiene capacidad para grandes avenidas, así que se acaba levantado la arqueta y nos viene el caudal tanto de la superficie como del que va por debajo”.

En cambio, en la calle San Juan, Fernando Elcano Alfaro comentaba que hace veinte años una remodelación que incluyó los pluviales les ha evitado muchos disgustos. “Siempre teníamos a mano una tabla y sacos de arena y recuerdo a mi madre gritar que fuéramos a por ellos en cuanto empezaba una tormenta fuerte”. Pero ya no es necesario. “Se ampliaron las arquetas, con unas rejillas más anchas que recogen muy bien el agua”.

Aunque este domingo, no pudieron absorber todo lo que les venía de la perpendicular calle Tirujón, donde justo enfrente se encuentra la casa de la familia Elcano. “Entró por la puerta principal, y de la entrada abrimos la que da al corral y al patio trasero y salió por ahí. Nada grave porque ya en el patio se esparció sin tocar nada”.

A esa hora, alas tres y media, Mikel Marco Martija estaba fuera de Miranda de Arga. Pero comenzó a recibir en el WhatsApp vídeos de lo que estaba pasando y llamó a casa. Y es que la empresa familiar, Conservas Artesana De. Marco, se encuentra en la calle La Dehesa, el punto más bajo de la localidad y al que desembocan muchas de las cuestas que enlazan con la parte alta del municipio. Le dijeron que se quedara tranquilo, que el agua aunque había entrado en el patio de la fábrica tenía espacio suficiente para remansarse antes de llegar a las naves. “Lo que no me esperaba es que el tejado no pudiera aguantar la tromba de lluvia”.

O más que el tejado, matiza, el punto de unión de la caída de las cubiertas de las dos las naves, que descansa sobre el almacén ubicado en el medio de ambas. Y por ahí se filtró el agua. Pero sólo afectó al suelo, ya que el género estaba recubierto de plásticos.

“Llevamos desde 1984 y nos ha tocado alguna inundación por el río y también por fuertes tormentas”, decía Mikel. Tres en ocho años, cifraban algunos vecinos.

“Creo que el cambio climático está influyendo en que se produzcan este tipo de trombas de agua. Lo que siempre hemos conocido como la gota fría pero que antes era como algo excepcional y que ahora, en cambio, ves muy a mundo en los telediarios y las noticias. Fíjate lo que pasó en Tafalla”, recordaba Mikel. Al menos, no había sido necesario parar la producción. “Hemos funcionado con normalidad, únicamente que ha habido que limpiar más”.

“Con el palo de la escoba sujetaba la canaleta para que no se partiera”


A Beni Esteban, vecina de la calle La Dehesa desde hace 42 años, no le preocupaba mucho el agua que pudiera llegar por la calle y entrara hasta la bajera, ubicada a pie de suelo, mientras que la puerta de entrada se eleva en un porche con un par de peldaños desde el vial. “Cuando nos vinimos aquí, vimos que existía esa posibilidad, que el agua bajara fuerte de las cuestas y nos entrara en casa. Por eso, en la bajera hicimos un desagüe, así que simplemente abrimos la tapa y el caudal se marchó por allí”. No, a Beni lo que le preocupaba era que la fuerza del agua le partiera por la mitad la canaleta de su balcón. “Allí estaba yo, con un palo de la escoba sujetando el tubo... es que en ese momento no se me ocurría nada más. Y también sufría por el coche que lo teníamos en la calle”. Al final, la canaleta resistió, pero se sobró, por lo que terminó completamente empapada. “Pero bueno, yo digo que ni tan mal, que ayer me duché con agua venida del cielo”, comentaba entre risas y tras el alivio de ver que no pasó nada.

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