Comercio
Dulce adiós a las chuches en Aoiz
Con la inminente jubilación de Dolores Echarte Viana al frente de la clásica tienda de chucherías y dulces ‘La Lola’ acaba toda una saga familiar regentando comercios de este tipo. Una marcha con buen sabor de boca pues la tienda no cierra, se traspasa


Publicado el 12/05/2026 a las 05:00
Domingo por la tarde. Principios de los años 90. Jornada invernal y lluviosa en Aoiz. El cine parroquial volverá a llenarse. Jóvenes y mayores coparán sus desvencijadas butacas para presenciar la esperada proyección de un estreno reciente. La cola para adquirir entradas es larga, y avanza lenta, pero no es la única. A escasos 150 metros, calle arriba, varias cuadrillas de adolescentes aguardan también su turno, armando bullicio y entre algún que otro empujón, en un pequeño local que huele dulce y ofrece ese premio en forma de chuche que se resiste entre semana. “Ponme dos regalices, una fresa, un dedo, una cocacola con pica-pica, una bolsa de pipas... ¿Cuánto voy, Dolores? Tengo 100 pesetas para gastar”. Una escena recurrente, que muchos recordarán, en uno de los negocios más simbólicos y veteranos de Aoiz: ‘La Lola’.
“Hoy ya no hay cine, pero lo demás sigue igual”. Así lo asegura Dolores Echarte Viana, de 64 años. Tercera y última generación familiar al frente de locales de chucherías y dulces que han alegrado la vida de no pocos agoizkos. Y lo afirma a las puertas de su jubilación. “Cumplo los 65 el 16 de mayo y me retiro. Contenta por todo lo vivido y, sobre todo, porque va a haber una chica a la que traspasaremos el negocio. La tienda seguirá abierta con ella”, afirma sonriente. Dixie Belle Domínguez González, venezolana de 47 años, 8 de ellos viviendo en Aoiz, le tomará el relevo.
VISI, JUANA Y LOLA
Dolores, con el apoyo de su hermana Carmen, de 69 años, retrotrae la memoria en torno al negocio familiar al menos 100 años atrás, cuando su tío abuelo Juan Campos fundó el comercio Casa Campos en la calle Nueva (travesía) de Aoiz. “Era cerería, vendían velas, pero también pastas, turrón, caramelos...”, indican.
Un espacio que después regentó una sobrina de Juan, Visi, “hasta que ella emigró a Buenos Aires (Argentina) en 1938”. “Y así fue como recaló en la hermana de Visi, nuestra también tía Juana Viana Campos, quien durante décadas estuvo al frente de una tienda de dulces”, señalan. “Era muy buena gente, dejó buen recuerdo entre los chavales”. Soltera y sin hijos, “fue una mujer incombustible, no se quería retirar”. “La tienda era muy antigua, con ella sentada en una mesa camilla, con los tebeos colgados en cordeles... Le traían en el autobús dulces de Manterola desde Pamplona y fue la primera tienda en vender helados en Aoiz”.


Otra hermana de Visi y Juana, Lola Viana Campos, junto a su marido Maximiano Echarte (padres de 6 hijos, entre ellos Dolores y Carmen), regentaron el frontón Toki Eder y su bar en los años 60-70, y “ahí dedicaron un rincón a helados y chuches”. Esta familia abrió luego, en 1976, una tienda propia en el barrio de las Misericordias (Irigay, 3). La cara visible era Lola Viana y acabó recibiendo el popular nombre de ‘La Lola’.


Contaba en origen con cafetería , pero sin dejar de lado las chucherías y los helados. “Traía pasteles de Pastelería Iruña, y también leche fresca en bolsas, que se vendía mucho”, repasan.
“Nuestra madre metía todas las horas del mundo aquí. Era un lugar de encuentro y a veces le daban las doce de la noche abierta, o se le olvidaba la hora de comer”, aseguran. “Era muy rocera con los críos, su pasión era esta tienda”.
Un local que con el tiempo se amplió y que por momentos Lola regentó junto a su hija Carmen Echarte. Luego, quien se hizo con las riendas en esta última etapa fue Dolores Echarte. “Trabajé unos años en empresas locales, y en la tienda llevo los últimos 36”.
LO QUE MÁS SE VENDE
‘La Lola’ vuelca su actividad principalmente en las chucherías, si bien en las últimas décadas tuvo incluso una zona de máquinas recreativas con diferentes videojuegos. “A veces se picaban y no podías despachar de aquí a los chavales”, evoca Dolores.
Por las tardes, y sobre todo los fines de semana, es cuando mayor actividad registra la tienda. “Como pasaba antes, las cuadrillas quedan a las 5 de la tarde en la fuente junto al colegio y de ahí vienen a ‘La Lola’”.
Vende las chuches “como siempre, de una en una, no al peso”. Hoy, la mayoría valen 10 céntimos la unidad. “Eso puede generar un poco más de cola, sobre todo con los indecisos, pero ayuda a los pequeños a saber cuánto van gastando, y es más higiénico”, valora.
Bolsas de patatas, pipas, latas, bollos, gominolas, helados... “Todo tiene su público. Suelo traer cosas nuevas, y se compran, pero al final lo que más se consume es lo clásico: los regalices, la fresa, el dedo, la mora...”. Actualmente, “se venden mucho las bolsas de patatas picantes, caramelos que pintan la lengua o billetes para masticar”. “Y otra cosa que triunfa mucho desde siempre son nuestras aceitunas de ajo caseras, un clásico. Pasaremos la receta a la nueva gestora de la tienda”, asegura.
Mujer afable y paciente, Dolores reconoce que “ha habido generaciones más gamberras que otras”, pero que lo que se lleva son “los buenos momentos”. “El contacto con la gente es lo mejor, a veces somos hasta un poco psicólogas, aquí se habla de todo”. Y es que también tiene peso la clientela adulta. “Ahora vienen con sus hijos muchos de quienes ya atendí de txikis. Es bonito”, remarca.