El rincón del norte de Navarra que Hemingway elegía para aliviar la resaca y seduce a National Geographic

Hasta el Nobel estadounidense quedó prendado de este pueblo

Río Irati y Aribe, desde el Mirador de Ariztokia. /
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Río Irati y Aribe, desde el Mirador de Ariztokia
Río Irati y Aribe, desde el Mirador de Ariztokia. /

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Diario de Navarra

Publicado el 20/08/2025 a las 17:32

“Entre todos los pequeños y grandes valles de Navarra, entre sus bosques, nacederos, cuevas y leyendas; sus tradiciones, fiestas y pasado industrial, asoma un discreto pueblo que no suele llamar la atención por encima de los demás”, escribe la periodista Mari Carmen Duarte en Viajes National Geographic.

Ese lugar es Aribe, una localidad del valle de Aezkoa con apenas treinta habitantes que, sin embargo, guarda una historia singular: un balneario cuyas aguas fueron consideradas “las más frecuentadas del Reino”, una cueva en la que aparecieron los restos humanos más antiguos de Navarra y un entorno natural en el que encontró refugio el mismísimo Ernest Hemingway.

Como recuerda Duarte, “la cercana fuente de Iturri fue el origen del balneario de Aribe, construido a mediados del siglo XIX y en funcionamiento hasta un siglo después”. El escritor norteamericano aprovechaba este rincón pirenaico cuando necesitaba descansar tras los Sanfermines: “Los vecinos lo recordaban como un asiduo pescador que frecuentaba el lugar cuando los Sanfermines le saturaban con una cesta llena de comida y cerveza, y del que se dice que llegó a beber del agua medicinal”.

ENTRE BOSQUES Y PUENTES

A las puertas de la Selva de Irati, Aribe se presenta como un paraíso fresco y silencioso. “A unos 700 metros de altitud, goza de unas temperaturas que raramente superan los 30 grados en verano, siendo las medias en el mes de agosto de unos 20ºC”, señala la periodista. En sus dos o tres calles se conserva “la arquitectura típica del Pirineo navarro” y un puente románico medieval que conecta con siglos de historia.

El entorno natural es igualmente protagonista: “Cualquiera de los senderos que nacen del centro de Aezkoa sumen al visitante en un entorno de bojes, avellanos, abedules y fresnos perfectos para caminar y desconectar”.

Otro de los tesoros del municipio es la cueva de Arpea, descrita por Duarte como “una extraña cavidad con una curiosa forma exterior, que parece una ceja arqueada que juzga al visitante”. Allí se hallaron restos de una mujer de entre 8.000 y 10.000 años de antigüedad, además de leyendas sobre lamias, las hadas que habitan cerca del agua.

El artículo de Viajes National Geographic concluye recordando que este pequeño pueblo, apenas visible en los mapas, “es una de las coordenadas más pintorescas de la Comunidad foral”, un rincón que combina historia, naturaleza y leyenda, y que sigue enamorando a quienes lo descubren, como ya lo hizo con Hemingway.

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