Javieradas

Casi 4.000 fieles desafían al mal tiempo en la misa del peregrino

La lluvia intermitente y un fuerte viento reduce el número de peregrinos en un acto que sigue congregando a personas de todas las edades

Miguel Larrambebere, vicario de pastorial de diócesis, que ofició la misa, da la comunión a un fiel de rodillas
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Miguel Larrambebere, vicario de pastorial de diócesis, que ofició la misa, da la comunión a un fiel de rodillas
Miguel Larrambebere, vicario de pastorial de diócesis, que ofició la misa, da la comunión a un fiel de rodillas

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Ruperto Mendiri

Actualizado el 08/03/2025 a las 23:27

El castillo de Javier dibuja una silueta poderosa sobre un fondo gris y tempestuoso. La bandera ajedrezada de la villa que vio nacer a San Francisco Javier, Francisco de Jasso y Azpilicueta (1506-1552), se retuerce por un viento ingobernable. A las cuatro de la tarde del sábado, en la primera jornada de las Javieradas, decenas de grupos de caminantes de todas las edades alcanzan la explanada, frente al castillo, donde se celebra la misa del peregrino. Algunos cojean, otros hacen estiramientos. Pero, en general, se percibe la satisfacción del objetivo cumplido. El castillo es la meta, la Javierada el camino. A las cinco de la tarde, con el inicio de la misa, son casi 4.000 personas las que se reúnen en la explanada.

Tatiana García de Campos delata su origen con una gorra con la leyenda “Venezuela” y los colores de la bandera del país caribeño. “Aunque nací allí llevo desde los 6 años en Puente la Reina. He acompañado a mi hijo de 9 años desde Sangüesa. Hemos venido con un grupo de los Padres Reparadores de toda España”, cuenta. Tatiana, de 45 años, asegura que la situación en su país es “horrorosa”, que su familia no puede salir de allí, así que encomienda al santo una de sus peticiones por Venezuela.

La lluvia aparece de forma intermitente, pero el viento no perdona. Las vallas que delimitan espacios y recorridos están tumbadas en el suelo. El viento las tiraría si permaneciesen en pie. El sacerdote Óscar Azcona anima a las personas que van llegando como un goteo. Calienta la voz que luego derrocha en cánticos.

Miguel Larrambebere Zabala, vicario general de pastoral de la diócesis, es quien oficia la misa. Aparece con un séquito de curas y diáconos. “San Francisco Javier me ha dicho que no va a llover en la misa”, introduce la eucaristía. Lo cierto es que el agua sigue apareciendo de forma intermitente aunque sin llegar a romper.

Juan Berríos es boliviano. En su segunda Javierada, ha llegado de la mano de la Asociación Bocatas Navarra -con sede en Mutilva Baja-, que ayuda a personas en situaciones difíciles, de exclusión social. “Estoy empezando a conocer la Javierada”, asegura pausado. “Quiero interiorizarla más y veremos con el tiempo, pero eso sí, mi fe es en el Padre santísimo altísimo, esa es mi primera gran fe”, continúa.

HERMOSO Y ENIGMÁTICO

Juan dice que en Bolivia son muchas la peregrinaciones, llenas de colorido y música. “La gente gasta 4.000 o 5.000 dólares en los trajes. Y luego están las bandas de música. Aquí es diferente”. ¿Y el castillo? ¿Qué le parece el castillo? “Todo lo antiguo es hermoso y enigmático. Lo que más yo quisiera es conocerlo, verlo interiormente, saber cómo es”, se despide Juan.

Un grupo de cuatro amigos, exestudiantes de Jesuitas de Pamplona demuestra veteranía. Javier tiene 54 años y lleva haciendo la Javierada desde que tenía “9 o 10 años”. “¿Por qué? Pues desde luego por un poquito de fe, por un poquito de tradición y por un poquito de compromiso con uno mismo y con la comunidad”, sentencia.

“Cuando uno pierde de vista al Dios verdadero, al final abre las puertas a los dioses falsos. Y los dioses falsos nos esclavizan. Nos aplastan los caprichos, ese materialismo, esas ideas, lo que está de moda, las ideologías que dominan el mundo... Son dioses falsos que nos aplastan, nos esclavizan”, proclama Larrambebere en la homilía.

17 autobuses y 757 turismos

Un total de 17 autobuses y 757 coches llegaron ayer hasta el Castillo de Javier en la primera de las peregrinaciones, según datos de la Policía Foral. La cifra es inferior a la del pasado año, cuando se reunieron 5.000 personas en la misa del peregrino. La primera Javierada transcurrió sin incidentes reseñables y entre el habitual despliegue de Policía Foral, de la Guardia Civil y de Protección Ciudadana.

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