Procesión, música y dantzas en el día grande de Aoiz

Los agoizkos celebraron a su patrón San Miguel de la mano de la coral en su honor, varias comparsas de gigantes y el grupo de dantzaris de la localidad

Fotos del día grande de las fiestas de Aoiz./
Fotos del día grande de las fiestas de Aoiz./JOSÉ CARLOS CORDOVILLA

Fátima Villalobos Quelopana

Actualizado el 11/08/2024 a las 21:34

Con espada en mano, un pañuelo rojo al cuello y apoyado en cuatro hombros agoizkos, la figura de San Miguel se paseó este domingo 11 de agosto por las calles de Aoiz en la tradicional procesión en su honor que inaugura el día grande de las fiestas.

A las 11.30 horas, las campanadas de la Iglesia de San Miguel anunciaron que era momento de dar inicio al recorrido circular por el pueblo. Los miembros de la comparsa local tomaron sus puestos y los gaiteros hicieron lo suyo con los txistus y tamboriles. Y, como en una rutina que nunca se cansarían de practicar, los grupos más representativos de la cultura local comenzaron a avanzar por la calle Nueva.

Seis gigantes de la comparsa agoizka encabezaron la procesión. Sus miembros prendieron la mecha del cohete el día anterior en reconocimiento a los 50 años que llevan de historia en sus hombros. Siguiéndoles el paso, la banda de música local y los agoizkos dieron vida a las calles e hicieron las dos pausas acostumbradas para honrar al santo.

La primera tuvo lugar quince minutos después de las campanadas, en la curva de la procesión. De un momento a otro, la calle se sumió en un silencio expectante que solo las voces de la Coral de San Miguel podían romper con tal sutileza. Colocados en dos filas hacia el final de la calle y mirando hacia el santo, los integrantes entonaron el tradicional Agur Jaunak para luego retomar la marcha.

Sin embargo, unos pocos metros más adelante, en un balcón de la plaza Mendiburua, una guitarra, un acordeón y un jotero esperaban la llegada del santo. El cántico culminó con tres vivas a San Miguel, que la masa roja y blanca contestó con emoción.

Gigantes en la Iglesia

Dieron las doce del mediodía y la multitud se aunó en la iglesia del santo, que fue colocado frente al altar tras el fin de la procesión. Las voces del coral retumbaban en las paredes del templo anunciándose como preámbulo del acto solemne. Entonaban la Misa de la Vela, del agoizko Mariano García. Una de las voces era la de Silvia Segura Ducay, de 49 años, que lleva desde 2017 como coralista de San Miguel. “Para mí es un orgullo participar de una tradición en Aoiz”, afirmó emocionada. Pocos minutos antes del inicio de la misa, ya no quedaban sitios libres en los bancos. Los que habían conseguido un espacio agitaban sus abanicos para combatir el calor concentrado y, mientras, los demás asistentes se amontonaban en los pasillos laterales y en la entrada al templo.

La figura de San Miguel, sin embargo, no era la única que observaba a los agoizkos congregados desde el altar. A su lado, una pareja de gigantes esperaba su turno de brillar. De ello se encargaron Oihan Iturria y Xabier Dendarieta, quienes, por segundo año consecutivo, fueron los pies de las figuras agoizkas que bailaron el Vals en honor al Patrón y el Himno de Navarra. Las dos melodías fueron interpretadas por los gaiteros.

Pese a la dificultad de los desplazamientos y las vueltas por los espacios estrechos del templo, los miembros de la comparsa lucieron su habilidad con los gigantes inclinándose varias veces ante el altar y ante su público. Aunque la melodía iba aumentando su velocidad exigiéndoles mayor movimiento, las figuras lograron simular incluso un beso corto que despertó aplausos y vítores en los presentes .

Mientras esto sucedía, las comparsas invitadas de Huarte, Lumbier, Txantrea, Espinal, San Jorge, Berriozar, Sociedad Nueva Tudela y Cáseda recorrían el pueblo al ritmo del txistu y el tamboril.

El aplauso a las dantzas

Para la 1 de la tarde, el calor llegó a su punto álgido en Aoiz con 34 grados, pero aquello no impidió que el grupo de euskal dantza de la localidad estuviera, con puntualidad, preparado para salir al medio de la plaza consistorial. Se trataba del último acto del día grande que reuniría a casi toda la multitud de rojo y blanco en un solo lugar. Una de ellas, Arrieta Iribarren Etxabarri, de 21 años, lleva 16 años bailando y tres dirigiendo el grupo txiki. “Para mí es muy importante y especial bailar aquí, me hace mucha ilusión”, comentó, en los momentos previos a su presentación.

Así, divididos en cuatro grupos, entre los txikis y los mayores, los casi 60 dantzaris se iban turnando el protagonismo en una plaza que recibía su coreografía con gritos y aplausos. Pero lo que se llevó el asombro y vítores de emoción del público fueron los saltos de la euskal dantza que una de las dantzaris hizo encima de un cajón sujeto por seis de sus compañeros.

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