Isaba
El Sabaiao, una puerta al patrimonio histórico del valle de Roncal
Este espacio expositivo impulsado en Casa Esandi de Isaba por Fernando Hualde junto con familiares y colaboradores busca dar a conocer el patrimonio histórico y cultural del pueblo y de todo el valle de Roncal, siendo a su vez “motor cultural”


Publicado el 02/08/2023 a las 06:00
"La nuestra es una generación puente entre un modo de vida que existió durante siglos y cuyo final nos tocó conocer, y quienes no han visto nada de eso: ni matar cerdos en casa, ni lavar ropa en el río, ni bajar almadías, ni hacer queso de forma tradicional... Por eso en nosotros está la oportunidad y la obligación de salvaguardar todos esos recuerdos”. Lo dice Fernando Hualde Gállego. Con 61 años cumplidos y alrededor de 40 libros escritos a sus espaldas, este investigador y etnógrafo de Isaba es la cabeza visible de una iniciativa llamada a dar a conocer el patrimonio histórico y cultural, ya sea material o inmaterial, del pueblo y de todo un valle, el de Roncal, y a ejercer de palanca para todas aquellas acciones que le den voz.
En fiestas de Isaba abría sus puertas al vecindario, y se inauguraba con música de txistu, El Sabaiao, un espacio expositivo y cultural en el que Hualde ha trabajado con mimo en los últimos años junto con familiares y colaboradores.
La sala se ubica en el piso superior del corral de Casa Esandi, propiedad de su familia “durante siglos”. Concretamente, en un sabaiao, nombre que reciben en la zona los desvanes abuhardillados. “Son 90 metros cuadrados plagados de objetos con mucha historia, todos catalogados y el 90% procedentes de la casa familiar”, explica Hualde.
Y añade que, aparte de poder visitarse la colección etnográfica que acoge (citas en elsabaiaoisaba@gmail.com), se busca que El Sabaiao vaya más allá y sirva de “motor cultural”. “Desde aquí se han impulsado y apoyado ya actividades en la calle, la edición de libros, la grabación de documentales o reportajes...”. Hasta dispone de una activa cuenta en Twitter.
DE TRAJES A CENCERROS
El espacio está distribuido por temáticas ligadas a la identidad de la propia casa y sus habitantes. Destaca la indumentaria tradicional roncalesa. “Mi abuelo Ubaldo Hualde Martín (1871-1967) fue el último que la vistió de forma diaria en el valle”, dice el investigador. De él se conserva alguna prenda, como una chaqueta y una ongarina (chaquetón negro abotonado para ir a la iglesia).
Así, en El Sabaiao pueden verse prendas como los tocados que las mujeres vistieron hasta el siglo XVIII o las posteriores mantillas para ir a misa, “que tenían un color u otro según el tiempo litúrgico: morado en Adviento y Cuaresma, rojo en Semana Santa y festividades de los mártires...”. No faltan trajes completos de uso diario o para los días de fiesta. “Encerraban todo un lenguaje. Si la chaqueta de un joven era blanca, estaba soltero; si era granate, estaba comprometido”, explica. La mayoría han sido confeccionados los últimos años por Ana Cecilia Ezquer. “Gracias a diversas jornadas, hemos conseguido que en el valle se vuelvan a vestir estas indumentarias tradicionales en días festivos. En Isaba hay ya más de 200 trajes nuevos”.


Otro rincón de El Sabaiao pone el acento en el uskara roncalés. “Mi abuelo fue también de los últimos que lo habló, y con él trabajaron lingüistas como los Estornés, Koldo Mitxelena o José Mª Satrustegi. Dominaba las 4 variantes del valle, y eso les era muy valioso. Y también el zuberotarra”.
Ubaldo Hualde fue ganadero y pastor de ovino trashumante. “Por eso el pastoreo está también muy ligado a esta casa. Mi padre también lo fue, de hecho conoció a mi madre en Huesca. Soy hijo de la trashumancia”, ironiza. En este ámbito, pueden verse en El Sabaiao cucharas de boj realizadas de forma artesanal por pastores, medio centenar de cencerros (“los badajos se hacían con madera del centro del tronco del abeto por su dureza y buena sonoridad”), grandes ‘trucos’ y ‘cañones’ que portaban al cuello los ‘iraskos’ o machos cabríos castrados que guiaban los rebaños en la trashumancia...
De forma relacionada, se dedica espacio a la elaboración artesanal del queso de pastor. “Tenemos medio centenar de herramientas propias de la casa, como moldes, ‘zortze’ (plataforma para escurrir), ‘malatxa’ (batidor) o ‘kutxarro’ (recipiente para ordeñar)”.
Asimismo, se evoca la memoria de las jóvenes que acudían cada otoño a pie a trabajar a las fábricas francesas de alpargatas de Mauleón (las ‘golondrinas’). “Hace unos años descubrimos que mi propia abuela, Inocencia Anaut Esandi, había trabajado como alpargatera hasta 1899, cuando se casó con Ubaldo”, explica. Así, se exponen suelas de esparto, punzones con los que cosían, tijeras... o una pequeña silla que debían llevar consigo al cruzar los Pirineos para emplearla en el trabajo. “Y, lo más curioso, conservamos objetos que allí adquirían y aquí no se conocían, como paraguas o espejos. Muchas descubrieron así sus rostros por vez primera”, asegura.

