Navarros que dejaron huella
Domingo Elizondo, transformador del Irati
Dedicó el dinero que ganó en América a transformar la cuenca del Irati, con iniciativas como la factoria de Ecay o el ferrocarril


Actualizado el 12/04/2022 a las 07:16
Domingo Elizondo Cajén es uno más de los muchos navarros que hoy prácticamente nadie conoce y que, sin embargo, tuvo unas actuaciones extraordinarias. Nació en Aribe en 1848 y muy joven, con 18 años, emigró a Argentina, como muchos de la época, donde se hizo rico. Volvió con 40 años, en 1888, y en vez de construirse un palacio en su pueblo, como solían hacer los indianos que volvían con dinero, puso en marcha un conjunto de actividades que transformaron completamente la cuenca del Irati. A principios del siglo XX creó la sociedad El Irati S.A., con la que desarrolló sus iniciativas empresariales. Ya en Pamplona tuvo dos hijas, cuyas familias continuaron sus iniciativas. En 1928 fue nombrado Hijo Predilecto de Navarra por la Diputación y Adoptivo de Pamplona, por el Ayuntamiento. En cambio, rechazó el título de marqués del Irati que le había ofrecido Alfonso XIII. Falleció en 1929.
CENTRALES HIDROELÉCTRICAS
Cuando Domingo Elizondo vino de Argentina, Navarra era una provincia rural y pobre, no había apenas industrias, no había coches ni camiones, Pamplona seguía amurallada. Como apenas había carbón, para propiciar un desarrollo industrial se precisaba disponer de energía eléctrica, por lo que Domingo Elizondo se planteó construir centrales hidroeléctricas a lo largo del Irati, para lo que compró algunas concesiones y llegó a construir las centrales de Aoiz, Artozki e Iñarbe. Después de su muerte sus sucesores continuaron esta actividad construyendo las de Usoz, Betolegui e Irabia.
Las centrales consisten en un azud de toma en el río, un canal situado en la ladera que crea un desnivel respecto al río, y en cuya terminación se proyecta una cámara de carga en la que se inician tuberías de presión, que terminan en una central situada junto al río y en la que se genera la energía eléctrica.
Las centrales de Artozki, Aoiz, Iñarbe y Usoz han sido afectadas por el embalse de Itoiz, las restantes siguen en funcionamiento. La energía de estas centrales se destinaba al suministro del ferrocarril eléctrico Pamplona-Sangüesa y a la planta de Ecay, que también fueron iniciativas de Domingo Elizondo de las que luego hablaremos, y el excedente de potencia generada a usuarios de la ciudad de Pamplona, de la que era el principal suministrador y así siguió hasta 1960, en que no podía competir con Iberduero por su reducida potencia y por la falta de garantía de potencia en el verano, por lo que en 1962 le vendió sus centrales, que se integraron en Fuerzas Eléctricas de Navarra (F.E.N.S.A).
Es sorprendente que la iniciativa de un“indiano fuese en su momento el principal suministrador eléctrico de Pamplona. Otra de las compañías suministradoras era Aguas de Arteta, con su central en Eguillor, construida en 1986 y de 600 kW de potencia. Muerto Domingo Elizondo, la empresa continuó con sus actividades, incluso construyó en 1955 una central térmica en Pamplona de 3.000 kW, que funcionaba con motores accionados con gasoil, para compensar la bajada de producción, en el estiaje, de las centrales hidroeléctricas del Irati.


EXPLOTACIÓN ORDENADA DEL BOSQUE DEL IRATI
Domingo Elizondo suscribió unos contratos con los Valles de la Aezcoa y Salazar para una explotación ordenada del bosque del Irati, acordando un pago anual, durante 30 años, en función de la madera retirada. Una vez cortados los árboles, se limpiaban y se llevaban con mulas y bueyes hasta el caucel del río que se usaba como medio de transporte principal. Los troncos de abetos del bosque se usaban para madera de barcos, a veces incluso para las arboladuras. En estos casos se bajaban con mulas desde el bosque del Irati para no se dañasen en el río.
La madera se cortaba en primavera y verano y era bajada por el río en otoño, ya que se precisaban varios meses de secado para facilitar la circulación por el río.
El transporte se hacía utilizando agua embalsada en pequeños azudes, ya que en aquella época, principios del siglo XX, no había camiones que sirviesen como medios de transporte. Los troncos bajaban sueltos, muchos se quedaban en las pilas de los puentes y en las orillas y eran arrastrados al centro del río por los barranqueros que, ayudados con unos ganchos, arrastraban los troncos para que continuasen la bajada por el río, hasta una balsa construida en Ecay, donde se situó una gran serrería y una empresa para aprovechamiento químico de la madera.
PRESA DE IRABIA
Como se precisaba bastante agua para asegurar la bajada de los troncos por el río, Domingo Elizondo construyó, entre 1923 y 1925, la presa de Irabia, de 15 m de altura y 0,3 Hm3 de capacidad, cuyos vertidos, denominados en el valle las pantanadas, permitían asegurar la bajada de la madera por el río. Indudablemente para su época fue una gran obra, una más de las ejecutadas por Domingo Elizondo.
La presa de Irabia también permitía mejorar la producción de los saltos del río y en el recrecido de 1945 se construyó la central de pie de presa.
FACTORIA DE ECAY
La actividad principal de la empresa El Irati S.A. se basaba en la explotación forestal del bosque del Irati. En una parte llana del concejo de Ecay, situada junto al río, a unos 2 km aguas abajo de Aoiz se construyó el complejo maderero. La factoría de Ecay contaba con aserradero, tronzadora, secadero de madera, destilería, horno etc. En el aserradero se cortaban los troncos. Se fabricaban traviesas, tablones, cuadradillos, maderas para muebles, principalmente con madera de haya.


Fabricaban carbón vegetal y se montó una destilería para aprovechar los restos de madera (copas y ramas). Previas visitas a instalaciones europeas montaron una planta capaz de destilar 60 metros cúbicos de madera por día. Producían carbón, alcohol metílico, acetona, ácido acético, acetato de cal, metanol, formol, alquitrán vegetal etc. Construyeron un horno para proveer a la fábrica de cal viva, necesaria para la fabricación del acetato, que obtenían con caliza del macizo de la Foz de Lumbier. Estas actividades requirieron la construcción de diversos edificios . Todos estos productos tenían fácil venta por la escasa competencia de producción nacional. En la factoría de Ecay trabajaban, después de la guerra, unos 400 empleados, que sumados a las pequeñas industrias auxiliares de la zona pone de manifiesto la importancia que tuvo en la riqueza de la zona.
Después de la guerra las ventas de madera fueron bajando por la mejor calidad de las maderas de importación, que llegaba seca y esterilizada. Además, a partir de 1939 expiró el contrato para el aprovechamiento de la madera de los montes comunales con el Valle de Salazar y en 1959 el de La Aezcoa. Estos problemas y la mejor calidad de las maderas de importación motivaron que a partir de 1961 se fuesen produciendo pérdidas de manera continuada. A pesar de todo el aserradero y la destilería de Ecay funcionaron hasta 1990. Hoy se encuentran abandonados y en estado ruinoso. Como suele pasar en estas instalaciones solo se conserva en buen estado la chimenea.
Sin embargo el canal de toma, la balsa y el desnivel de la misma se utilizan para una pequeña central hidroeléctrica que tiene 5 m. de salto, un caudal de diseño de 14 m3/s y una potencia de 600 kW, que pone de manifiesto cómo el aprovechamiento hidráulico y energético de los ríos se adecúa a las circunstancias de cada momento.
FERROCARRIL EL IRATI
El tren El Irati fue una de las grandes iniciativas de Domingo Elizondo. La puso en marcha al comienzo del siglo XX. Era un ferrocarril de vía estrecha, de tracción eléctrica en alta tensión, destinado al transporte de los productos del aserradero y de la destilería de Ecay hasta Pamplona. Además, permitía el transporte de pasajeros entre Pamplona-Aoiz-Lumbier- Sangüesa. El proyecto inicial se limitaba a Pamplona-Aoiz, que era suficiente para el transporte de la madera y los productos de la destilería a Pamplona, pero posteriormente se planteó el uso como transporte de viajeros prologando el trazado hasta Lumbier y Sangüesa. De ese modo se consiguió una mejora muy importante en las comunicaciones del este de Navarra con Pamplona.
En aquella época el transporte de mercancías se hacía en carretas tiradas por mulas o bueyes y el de viajeros en diligencias, transitando por caminos en mal estado. El tren del Irati fue un cambio sustancial. Es fácil comprender el adelanto que supuso para la zona un ferrocarril eléctrico Pamplona-Sangüesa que realizaba el recorrido de 52 km en sólo dos horas y quince minutos. Pero, como siempre que en Navarra se hace alguna obra pública importante, tuvo críticas argumentando que no hacía falta el ferrocarril, que bastaba con poner algunos carros, que era un absurdo llevar el carbón desde el bosque del Irati a Zaragoza, etc.
En 1908 el Ministerio de Fomento concedió a Domingo Elizondo la concesión por 99 años de un ferrocarril eléctrico de Pamplona a Aoiz y Sangüesa. Tenía una longitud total, contando la derivación a Aoiz, de 58 km. Requirió la construcción de nueve puentes, algunos de los cuales todavía están en servicio, pero para carreteras. El punto más difícil del trazado era el paso por la Foz de Lumbier que precisó la perforación de dos túneles de 168 y 208 metros de longitud.
Utilizaba tracción eléctrica con corriente monofásica de 6.000 voltios, que se reducía a 600 voltios, por razones de seguridad, en el tramo urbano entre Pamplona y Huarte. Fue el primer tren eléctrico de España de alta tensión. Disponía de vagones de pasajeros y de mercancías. El presupuesto total fue de 4.421.375 pesetas. que, para la época, era una fortuna. Las obras tuvieron una subvención de la Diputación Foral de 10.000 pesetas por kilómetro. Era un ferrocarril de vía estrecha con 1,00 m de separación entre carriles. El tren entraba en Pamplona por un portal de la ciudad amurallada. Las obras, compra de materiales, vagones, motores, línea etc. se ejecutaron con gran rapidez, en solo tres años, y pudo inaugurarse el 23 de abril de 1911.
La catenaria colgaba de postes de hormigón armado. Todavía se conservan algunos que, pese a tener más de 100 años y estar a la intemperie se encuentran en buenas condiciones. Fueron una novedad para la época y son un reflejo de la calidad con que se hicieron las obras. A principio de los años cuarenta trasladaba una media anual de 243.000 viajeros y 46.000 toneladas de mercancías. Desde el comienzo tuvo problemas de explotación, el mantenimiento resultaba caro y complejo, requiriéndose personal especializado en líneas, motores etc., el material rodante sufría muchos desgastes, había corrimientos de taludes etc.


El suministro eléctrico procedía de la central de Aoiz, también promovida por Domingo Elizondo, pero la falta de regulación del río daba lugar a problemas de potencia que se traducían en reducción de los viajes en las épocas de estiaje. La compañía tenía dos locomotoras de vapor para casos de falta de suministro eléctrico.
La rentabilidad del tren siempre fue escasa y a partir de 1930 la competencia del transporte de viajeros en autobuses agravó la situación, cerrándose muchos ejercicios con pérdidas. Además, el desarrollo urbano de Pamplona obligó a cambiar de sitio la estación y a modificar el tramo Pamplona-Huarte en 1943. Como consecuencia de todo, se suspendió el funcionamiento el 31 de diciembre de 1955. Previamente la empresa solicitó, sin éxito, ayudas de los Ayuntamientos afectados y de la Diputación Foral de Navarra. Se levantó la vía y se derribaron la mayoría de los edificios de las estaciones.
El paso por la Foz de Lumbier fue el punto más complicado del trazado. El trazado está en la margen izquierda, en parte a media ladera y en parte en dos túneles de 166 y 208 m de longitud. Se ha recuperado el trazado como paseo peatonal que permite visitar la Foz en toda su longitud. En los túneles la sección excavada se ajusta al gálibo del tren. Todavía se conservan los puntos de sujeción de los cables del sistema eléctrico.
Otra obra importante del tren fue el puente sobre el río Irati en Liédena, al llegar a Sangüesa. Es de dos arcos de hormigón sobre los que se apoya la losa superior de hormigón armado con pilares intermedios. El puente es un ejemplo de la calidad con que se hicieron las obras del ferrocarril, hay que tener en cuenta que en esa época no había muchas obras de hormigón armado en España. Destacan los detalles de su ejecución, como el escudo de Navarra, las ménsulas de hormigón para las aceras, etc.
CONCLUSIONES
Las iniciativas de Domingo Elizondo fueron extraordinarias, cambiaron la cuenca del Irati. Resulta sorprendente que, en todas ellas, usó la mejor tecnología de la época y contó con la colaboración de los mejores ingenieros y técnicos de cada actividad. Las centrales hidroeléctricas siguen funcionando después de más de 100 años. Otras actividades, como la planta de Ecay y el tren del Irati, han desaparecido, por cambiar las circunstancias de cuando se construyeron.
Su obra merece que se le recuerde.