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Exposiciones

La Sangüesa utópica que no vio la luz

Tras la dramática riada de 1787, Sangüesa quedó arrasada y hubo una propuesta para reconstruirla desde cero en un paraje cercano. Una exposición muestra ahora todos los detalles de aquel ambicioso proyecto de ciudad neoclásica

Foto de los arquitectos e investigadores Aritz Díez Oronoz y Andrés Caballero Lobera, junto a la maqueta del proyecto de 'Nueva Sangüesa'.
Los arquitectos e investigadores Aritz Díez Oronoz y Andrés Caballero Lobera, junto a la maqueta del proyecto de 'Nueva Sangüesa'.
Actualizada 14/02/2021 a las 06:00

La noche del 24 al 25 de septiembre de 1787 fue dramática en Sangüesa. Una impresionante crecida del río Aragón, unida a que el agua arrastró troncos que cegaron los ojos del puente y provocaron un embalse indeseado, ocasionaron la inundación de todo el casco urbano. El agua alcanzó en algún punto la altura de planta y media de edificios, llegó hasta la zona del Prau y el convento de San Francisco, y provocó el ahogamiento de 587 vecinos. De 465 casas quedaron 39 en pie, especialmente iglesias o casa nobles, más resistentes. Una riada que pasó a la historia y que resulta más conocida que las acciones que vinieron después. Por ejemplo, entre la Diputación y el Virrey construyeron barracones provisionales de madera para quienes lo perdieron todo, y Diputación envió cartas a indianos de la zona, que hicieron fortuna en América, para ayudar en la recuperación. Pero hubo más: una iniciativa de reconstrucción total de Sangüesa en un paraje nuevo, alejado del río Aragón, para la que se redactó un proyecto muy especial, de perfil neoclásico.

“Podría decirse que fue un proyecto casi utópico, pues trascendía la utilidad práctica y estaba alejado de las necesidades de la población. Además, era tan ambicioso, que hubiera resultado carísimo. Y, claro, no se llevó a cabo”. Andrés Caballero Lobera, de 59 años, y Aritz Díez Oronoz, de 32, son profesores de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del País Vasco en San Sebastián. Junto con otros docentes, han trabajado en un proyecto de investigación sobre los bulevares y alamedas que surgieron en el siglo XVIII en las periferias de localidades del País Vasco y Navarra como los primeros espacios verdes públicos y urbanos (zona del Arenal en Bilbao, la Taconera en Pamplona...). Y en este contexto, por su “singularidad”, analizaron el proyecto de ‘Nueva Sangüesa’ que se encargó para la reconstrucción tras la citada riada y que incluía uno de estos espacios verdes. Sobre él redactaron un artículo científico y esta semana ofrecieron en la ciudad una charla el día en que se inauguraba una exposición sobre el tema en la casa de cultura.

“Era un proyecto conocido dentro de ciertos foros expertos en arquitectura, pero creemos que sorprenderá a la población”, aseguran Caballero y Díez. “Los planos originales los encontró Juan José Martinena a finales de los años 70 del siglo XX, en el Archivo General Militar de Madrid, y los primeros en estudiarlos fueron Alberto Ustárroz y Manuel Íñiguez, arquitectos y catedráticos de la Escuela de Arquitectura de la UPV. Además, emularon la idea redactando un proyecto de ‘Nuevo Ayegui’; tampoco se llevó a cabo”, añaden.

LIBRE DE CRECIDAS

El autor del proyecto de esta ‘Nueva Sangüesa’ libre de crecidas, a encargo de la Diputación del Reino, fue Santos Ángel de Ochandategui e Ituño. “Este arquitecto neoclásico ejercía como Director de Caminos y colaboró como maestro de obras en proyectos de Ventura Rodríguez como el acueducto de Noáin (traída de aguas) o la construcción de la fachada de la Catedral de Pamplona”, indican los investigadores.

Fechado en 1788, el proyecto para la construcción de una nueva población destaca por su planta rectangular y de “modelo racional”, una “ciudad ordenada desde la retícula de una trama ortogonal, con calles tiradas a cordel”. “Presenta una Plaza Mayor central, como espacio público, rodeada por 21 manzanas de viviendas de 86x86 metros de superficie, más bajas cuanto más alejadas del centro. Además, se proyectan una iglesia mayor y una iglesia menor, y edificios en la plaza para ayuntamiento, carnicería y panadería”, describen los investigadores.

En la exposición abierta en Sangüesa, entre otros elementos, pueden consultarse los facsímiles de tres planos autógrafos de Ochandategui, así como una maqueta a escala e infografías de cómo hubiera sido la ciudad.

“Quedaría perimetrada por una zona verde, una sucesión de bulevares o alamedas diseñados con fidelidad geométrica. Paseos arbolados de 25 m de anchura unidos por rotondas de 60 m de diámetro”, explican.

Para ubicarla a salvo de futuras riadas, se escogió un terreno en la zona del Llano Real. “No fue al azar. Ochandategui hace coincidir la planta de la ‘Nueva Sangüesa’ con el trazado del camino del Llano Real y el de las Fontetas, que conectaban y conectan con Aragón”, resalta Andrés Caballero, con raíces familiares en la ciudad.

“Es un proyecto que sorprende, muy elaborado. Se ve que fue más allá de lo que le pidieron y que disfrutó. A diferencia de otros, ofrece datos de alturas de plantas y hasta hizo el diseño completo de la iglesia menor”, exponen.

Como ya se ha dicho, se quedó ‘en el cajón’ y se acabó reconstruyendo la Sangüesa histórica. “Sí se llevó a cabo otro proyecto de 1802, por el que se construyeron muros junto al río Aragón como protección de nuevas riadas. Así nació la zona de arboleda conocida como Los Pozancos”, sentencian.


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