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En el corazón de Irati

Tala, talla y tejas en el corazón de Irati

Una primera remesa de 1.500 tablillas reposan para su secado en el corazón de Irati. Elaboradas a la antigua usanza, sobre la base de 8 hayas cortadas en enero, ayudarán a recubrir el tejado deteriorado de la ermita de la Virgen de las Nieves

Foto de un rincón de la Selva de Irati, reconvertido en un espacio de elaboración artesanal de tablillas de madera.
Un rincón de la Selva de Irati, reconvertido en días pasados en un espacio de elaboración artesanal de tablillas de madera.
Cedida
Actualizada 28/06/2020 a las 06:00

Hay un tiempo para cada cosa, reza la sabiduría bíblica, y un respeto a los dictados de la naturaleza que aviva las tradiciones. Aezkoanos y salacencos saben que las tablas de madera que robustecían en otro tiempo los tejados ante los rigores invernales necesitaban de una “época de secado” para que, cuando estuviesen colocadas, cobrasen consistencia y no se ahuecasen.

El fundamento de la elaboración artesanal se observó el martes cerca de la ermita de la Virgen de las Nieves, en el corazón de la Selva de Irati. Unas 1.500 tablillas, de 65 centímetros de longitud, permanecían apiladas, como resultado de los primeros esfuerzos realizados por un grupo de voluntarios con ajuste a la técnica artesanal aprendida de sus antepasados.

“Ahora toca que se sequen”, apuntaba con buen juicio Javier Goicoa Juango, del equipo aezkoano. Aunque en enero quedó desprendida de su raíz con los cortes perpretados en la base de su tronco, la madera sigue viva. Hubo entonces un acto simbólico en el que participó el aizkolari de Ochagavía Iker Vicente como queriendo proteger la recuperación de la práctica artesanal con el barniz de la historia. Se talaron 15 hayas, cedidas por la Junta del Valle de Salazar, aunque semanas atrás se retiraron las ramas de 8 para su uso.

En la particular labor, el hacha, que fue prolongación del brazo cuando los adelantos técnicos eran utopía en el denodado esfuerzo del monte, es útil de fino manejo en la separación de las láminas que luego serán tablillas.

El destiempo de este año paralizado por los imponderables del coronavirus ha trastocado los planes de los voluntarios de Aezkoa y Salazar. Su primera intención, que quedará postergada a un tiempo mejor sin los límites ni las recomendaciones de la distancia social, era mostrar en pueblos y citas festivas su destreza madurada en su memoria.

“Queríamos estar en el Orhipean, de Ochagavía; o el Aezkoako Eguna, además del día de entrada de los rebaños a las Bardenas. Incluso se había hablado de algún día de demostración en Sanfermines, dentro del recinto de Deporte Rural”, observaba Javier Goicoa.

Más allá de la muestra pública para asegurar la conservación de la técnica con el aprendizaje de generaciones más jóvenes, la producción de tejas de madera tiene un fin práctico. En un cálculo realizado por aezkoanos y salacencos, hermanados por una historia compartida en el monte, las estimaciones apuntan a realizar 11.000 tablillas. Unas 7.000 bastarán para reformar la cubierta de la ermita de la Virgen de las Nieves. El daño comprobado aconsejó hace un año la retirada de la campana y la españada por motivos de seguridad. La búsqueda de una solución aunó los esfuerzos de los valles de Aezkoa y Salazar, animados además a hacer partícipe de su iniciativa común a la vecina Zuberoa (Francia).


DE LOS POCOS EN EUROPA

La construcción de cubiertas con tejas de madera no es exclusiva de los Pirineos navarros, pero sí constreñida a lugares contados en Europa. Lo recordó en enero José Antonio Tellechea, nieto del promotor de Antonio Tellechea Explotaciones Forestales y Transportes y uno de los siete miembros de la denominada Hermandad de la Madre de Dios de las Nieves. “Es de los pocos sitios en Europa, existe también en Saint Michel, en Francia, que se utilice tablillas de madera para cubrir el tejado”. La ermita de la Virgen de las Nieves data de 1954. Durante años fue destino de peregrinación de devotos y custodios de las tradiciones en Salazar y Aezkoa. El altar se recorta sobre un fondo pintado un año después por la familia de Lozano Bartolozzi.

La voluntad es común para que el tiempo no consuma la ermita. Estará protegida con buena madera y la mejor intención de sus fieles.

Tala, talla y tejas

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