La sala de estar del Soto de Lezkairu
- La luz se cuela a raudales en la cestería Garralda, desde donde se ve el Ensanche de Pamplona. El paisaje es bien distinto del que había cuando Jesús Garralda abrió el local en 1991. El camino estrecho rodeado de vegetación ha dado paso a amplios viales, pero el peaje ha sido caro: cinco años de obras.
Publicado el 08/06/2011 a las 01:00
Por primera vez Roncesvalles Gorraiz Etxamendi ve el centro de Pamplona desde el escaparate de su tienda. Ella no se ha trasladado, y no es que la ciudad se haya acercado, pero es cierto que Lezkairu está ahora más a mano. Lo sabe bien la propietaria de cestería Garralda. Estuvo a punto de arrojar la toalla porque llevan casi cinco años de obras, un tiempo duro en el que las ventas han descendido y en el que no le quedó otro remedio que despedir a su única empleada. Ahora el barrio toma nueva forma y ella espera remontar. Sabe que le llevará mucho tiempo recuperar lo perdido, pero está dispuesta a continuar y contenta con la ubicación que tendrá cuando concluya la urbanización del entorno: cerca de Ripagaina y frente a las nuevas viviendas de Lezkairu. Entretanto, defiende las hechuras y la calidad de los materiales que vende, sobre todo el mimbre y la forja, que compra, como siempre, en Salamanca y Valencia.
¿Cuándo se fundó el comercio?
Lo abrió Jesús Garralda Gorraiz hace veinte años. Él se dedicaba ya tiempo atrás a vender mimbre que compraba directamente a artesanos, sobre todo en Salamanca. Vendía cestas a la fruteras, también mucho en las ventas de la frontera, de Bera y Dantxarinea y a veces salía a Cantabria o Asturias. Después, hace unos 16 años, abrió un local en la calle San Nicolás y otro almacén de venta en el polígono de Mutilva. Pero hace cinco años le llegó la jubilación y no tenía relevo generacional, de modo que me propuso continuar. Yo llevaba ya doce años trabajando aquí, conocía bien el negocio porque compraba, vendía..., en fin, de modo que me decidí.
Y las tiendas de San Nicolás y Mutilva cerraron
Sí, yo me quedé con Lezkairu.
¿Cómo les han afectado las obras?
Ha sido muy duro. Comenzaron en junio de 2006 y en 2010 el día a día fue muy complicado. El descenso de ventas ha sido fuerte. Antes era lugar de paso y teníamos tres accesos, luego nos quedamos con uno, pero difícil. Estábamos rodeados de máquinas, de barro, sin zonas de aparcamiento...., Creo que mucha gente pensaba que habíamos cerrado. De hecho, tenía una empleada y no tuve más remedio que despedirla, no había trabajo para dos. En marzo me fui una semana a casa porque estaba a punto de la desesperación.
Pero la zona ya toma forma
Sí, por eso decidí seguir. Creo que cuando todo esto acabe quedaremos bien situados. Costará años remontar, habrá que trabajar mucho.
¿Qué materiales trabajan?
Sobre todo mimbre, caña y forja, en cestería y sillones, pero también muebles y cestas a medida. La temporada marca mucho: en verano el exterior, las terrazas,;en tiempo de recogida de hongos, las cestas para el monte y en Navidad, para lotes, con clientes de distintos puntos. Creo que somos ya la última cestería de Pamplona. Las propuestas son variadas, desde temas de bebé, hasta muebles. El otro día preguntaron por una mecedora para regalo de comunión, para una niña a la que le gusta mucho leer. Me pareció original.
SU HISTORIA
1991 EN LEZKAIRU. Ese año se inauguró la cestería en el soto de Lezkairu, un paisaje que se ha transformado en 20 años.Jesús Garralda Gorraiz. Natural de Ezperun, en el valle de Elorz, se dedicó a vender piezas de mimbre y médula a fruteras, en ventas de la frontera con Francia...., hasta que en 1991 decidió inaugurar local propio en el soto de Lezkairu. Hace 16 años abrió otro local en la calle San Nicolás y más tarde uno en Mutilva. Hace cinco años le llegó a jubilación, pero no tenía relevo generacional.
Roncesvalles Gorraiz
Etxamendi. Empleada en la cestería Garralda desde hace 17 años, tomó las riendas de la tienda de Lezkairu tras la jubilación del propietario.