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CALLE CON NOMBRE PROPIO

Jarauta, la calle de los castas

En Jarauta quedan aquellos vecinos de toda la vida, los del chiquiteo, saludo con nombre propio y vida de calle. Su precio asequible y su emplazamiento céntrico, han hecho que poco a poco se incorporen jóvenes. Y por supuesto, está el tirón de las peñas

Desde el medievo. Uno de los tramos de la calle Jarauta, que conserva casi intacto su trazado desde el medievo, cuando era el lugar en el que el gremio de los curtidores de pieles se concentraba en esta zona. Por eso se llamaba Pellejerías.
Uno de los tramos de la calle Jarauta, que conserva casi intacto su trazado desde el medievo, cuando era el lugar en el que el gremio de los curtidores de pieles se concentraba en esta zona. Por eso se llamaba Pellejerías.
CALLEJA
  • M. M. PAMPLONA
Actualizada 04/11/2016 a las 10:30

Cuando a Vitoriano Pitillas Irigoyen le crece el pelo llega el momento de reencontrarse con el pasado. El autobús deja atrás el Soto de Lezkairu para acercarle a la peluquería Lanao, en la última esquina de la calle Jarauta antes de desembocar en San Lorenzo, casi en paralelo a la calle Mayor. Allí se recuesta en esos antiguos sillones de barbería y se deja hacer por Daniel Lanao Lus. “No vivía en la calle, sino en la cercana plaza de Recoletas. Durante 38 años y esto era como un pueblo. En Lezkairu la gente va más a lo suyo”, dice este hombre de 68 años. No es el único cliente que Daniel ha heredado de su padre, Ives Roger Lanao, un francés que entró como peluquero y al final se quedó de dueño de este establecimiento abierto en 1938. “Yo tampoco vivo aquí, sino en Orkoien. Y sí, estos nuevos barrios son más impersonales. Aquí se conocen todos”, dice Daniel.

Moisés García Ruano, de 42 años, lo ha comprobado hace poco, desde el pasado mayo cuando asumió la gestión del bar de música heavy Motobomba. El guitarrista del grupo que da nombre al local es el propietario. “Para salir adelante hay que hacer más malabares que en el Circo del Sol. Entre semana, el ocio de Jarauta está muerto, pero el fin de semana nos viene gente de toda Pamplona”, dice Moisés. Y está contento. “La gente es muy maja, campechana y algunos, aunque es un bar puramente heavy, ya están entrando a tomar algo”.

Otro recién llegado, pero como vecino, es Eñaut Iraola Mariezkurrena, de 24 años. “He vivido con mis padres toda la vida en Zizur y me apetecía algo céntrico. Jarauta está muy bien para los jóvenes porque, además del emplazamiento, los pisos aún están asequibles”. Y se encuentra cómodo con los vecinos, esta gente de la que aún saluda por la calle. Nuria Blanco Reventa, de 34 años, se ha mudado hace un mes. “He elegido bien. Es un lugar tranquilo, de gente maja de la de toda la vida y un movimiento incipiente de jóvenes que quieren hacer barrio, como se ve con el impulso de los huertos urbanos”.

Uno de esos de toda la vida es José María Muñoz Berrio, de 73 años y con más de cuatro décadas con piso en Jarauta. “Antes era mucho más bulliciosa, pero se han ido cerrando bares o se han convertido en sociedades gastronómicas, que no dan mucha guerra”. Salvo en San Fermín, con el tirón de cinco peñas con sede en este lugar. “Pero, bueno, la gente tiene derecho a divertirse unos días, ¿no?”, dice con una sonrisa. Y cuenta que es una calle donde la convivencia entre payos y gitanos no conoce de razas. “Me siento especialmente orgulloso de ello, es una de mis labores como patriarca y creo que he cumplido”, dice.

Por eso, los padres que vienen del Colegio Dominicas de Santo Domingo ya no esquivan Jarauta si les acorta el camino. “No, ¿por qué? Es segura y a mí me viene la mejor para llegar a mi casa de la calle Mayor”, comenta Elena Hernáez Prieto, de 37 años, que lleva de la mano a su hijo Jon Zabalza, de 8. “El único problema que veo es que pasan demasiados coches para lo estrecha que es. Por lo demás, sin problemas”.

 

JOAQUÍN JARAUTA ARIZALETA (Pamplona, 1829-1906)

Benefactor de Pamplona
Cuando murió el 13 de febrero de 1902, lo hacía viudo y sin hijos, por lo que decidió legar todos sus bienes a la Casa de Misericordia, entonces en el paseo de Sarasate y que también acogía a niños. En concreto, testó a su favor 121.651 pesetas en dinero y Deuda Pública, además de otros bienes y enseres.

Una calle en agradecimiento
El Ayuntamiento, en agradecimiento por este gesto, decidió bautizar la hasta entonces conocida calle de Pellejerías por su nombre (1906). Así, la calle en realidad es Joaquín Jarauta, pero muchos callejeros y la mayoría de pamploneses han quitado el nombre propio de su denominación.

Magistrado y y alcalde
Estudio Derecho y tras ejercer como abogado llegó a ser magistrado de Justicia. También en 1881, fue alcalde de Pamplona. A los vecinos de la calle el adoptar su nombre les hacía sacudirse así las bromas que provocaba el de Pellejerías y más a ellas que les llamaban “pellejas”


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