Aparcamiento

El efecto frontera de la zona azul de Txantrea y Rochapea alcanza a Aranzadi

Los vecinos temen que la picaresca para tratar de aparcar sin pagar termine por perturbar la tranquilidad de la zona

Los vecinos aseguran que el tráfico se ha incrementado, así como los coches aparcados en “casi cualquier lado”
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Los vecinos aseguran que el tráfico se ha incrementado, así como los coches aparcados en “casi cualquier lado”
Los vecinos aseguran que el tráfico se ha incrementado, así como los coches aparcados en “casi cualquier lado”

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Noelia Gorbea

Publicado el 02/12/2021 a las 06:00

Son esas curvas sinuosas tan características las que configuran el paisaje que arropa el camino que recorre el meandro de Aranzadi. A los pies del portal de Francia, el río Arga describe su trayecto, un itinerario de pulmón verde que oxigena a este sector ‘extramuros’ de la ciudad. Una imagen que, por definición, se encuentra directamente hilvanada con las palabras calma y tranquilidad.

Ahora bien, al igual que especifica el efecto mariposa, donde el aleteo de un insecto es capaz de alterar el curso de los acontecimientos, cualquier transformación urbana tendrá, casi de manera irremediable, sus consecuencias. En este caso, es la implantación del estacionamiento regulado en los barrios de Rochapea y Txantrea el que ha motivado los primeros problemas para vecinos y habituales de la zona de Aranzadi. Según cuentan los afectados, son cada vez más los coches que se acumulan en este ‘quesito’de la ciudad. “Desde que construyeron la carretera interior, han sido muchas las veces que hemos expresado nuestro desacuerdo”, indican, en referencia al goteo de coches derivado del colegio El Redín, con sus ‘embrollos’ junto a la residencia El Vergel. Un camino que también utilizan quienes acuden a la piscina municipal o incluso los hortelanos de alguna de las huertas de ocio adecuadas por el Ayuntamiento de Pamplona.

Es este tránsito de vehículos el que, dicen, empuja a que las posibilidades de dejar el coche en casi cualquier lado se multipliquen. “La falta de señales en muchos puntos es precisamente la argucia que emplean quienes aparcan incluso en el meandro, y como no hagamos nada, vamos a ir a peor”, reivindican.

TRÁFICO CONTROLADO

Es entonces cuando dicen no querer permitir que ese trasiego de coches vaya a más. “Podemos entender lo que venía pasando desde hace años, pero no se puede tolerar más”, articulan. Por eso, la regulación que rige desde septiembre en la muga con Arazandi a la hora de aparcar, esto es, Rochapea y Txantrea, suponga un inconveniente directo. “Éste es un espacio tranquilo, para disfrutar a pie o en bicicleta y no con coches de todo tipo”, reclaman.

Desde que se implantara hace tres meses, los vecinos afirman haber notado un incremento de vehículos. “Son coches ajenos al barrio que buscan no tener que pagar al ir a trabajar o, si me apuras, al volver a casa si no viven lejos”, alegan. Y enumeran espacios copados de coches como el escasísimo arcén de la carretera (la que bordea el meandro), el polémico aparcamiento junto al convento de las Agustinas (“crece sin control”) o el nuevo espacio habilitado para los usuarios de las huertas de ocio, cada vez más lleno. Y mientras esperan una respuesta, los afectados se preguntan si las obras del futuro parque implicarán un incremento del tráfico dentro del entramado de Aranzadi.

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