El reto diario de doblegar el vado

Luis Argüelles, chófer de furgonetas y microbuses, debe hacer precisas maniobras para meter y sacar los vehículos de su garaje de la Milagrosa. La situación se complica cuando no le respetan el vado

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El reto diario de doblegar el vadoEduardo Buxens
El reto diario de doblegar el vado

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Pedro Gómez

Actualizado el 27/04/2021 a las 11:18

Luis Argüelles Ruviaux, cubano de 36 años de edad, tiene el título de patrón de buques mercantes aunque casi siempre ha trabajado como chófer. En su vida profesional no le ha tocado navegar por el canal de Suez o por puertos estrechos, pero sí que todos los días le toca maniobrar furgonetas y hasta microbuses por las estrechas calles de la Milagrosa en Pamplona. A pesar de su habilidad con el volante, algunas jornadas tiene un reto prácticamente imposible: intentar sacar el vehículo del garaje, situado en la calle Río Elorz, y encontrarse que algunos le han invadido medio metro el vado. “Y entonces ya es imposible girar y enfilar la calle”.

“No quiero fastidiar a nadie llamando a la Policía Municipal pero en ocasiones he perdido servicios”, se lamenta. Hace un tiempo colocó pivotes pero los arrancaron. Ahora ha puesto carteles: Salida de microbús. Respeten el vado. En el vecindario ya conocen su problemática y en general respetan la distancia. “Pero siempre hay algún conductor que se pasa de la raya, sobre todo los fines de semana”, comenta.

Luis Argüelles trabaja para Suital, empresa donostiarra de alquiler de vehículos con conductor que tiene una delegación en Pamplona. Poseen turismos y furgonetas de alta gama y sus principales clientes son empresas para el traslado de directivos. Por eso, Luis debe ir trajeado y tener el vehículo impecable “y más ahora con el tema del covid”. Por ello debe guardar los vehículos en el garaje situado en la calle Río Elorz, donde hay una oficina y un lavadero. En esta calle, de por sí estrecha, se puede aparcar en línea a ambos lados. Este chófer utiliza principalmente una furgoneta de ocho plazas, pero ocasionalmente se trae de San Sebastián un microbús para doce.

DE GUANTÁNAMO A SUECIA

Para entrar en el garaje, Luis tiene que arrimarse bien al vehículo aparcado a la izquierda, dar marcha atrás y girar con cuidado en el momento preciso. Con dos o tres maniobras logra entrar la furgoneta. La salida es más fácil, siempre que no se encuentre con alguna ingrata sorpresa.

Desde que el Ayuntamiento amabilizó esta zona de la Milagrosa, las plazas de aparcamiento escasean, así que los conductores apuran demasiado. El vado está claramente delimitado con franjas amarillas en el suelo, “pero algunos no tienen problema en dejar medio coche dentro y no se molestan en dejar al menos una nota”. “Aquí en la Milagrosa es el sálvese quien pueda. Yo tengo servicios las 24 horas del día. Me ha tocado venir a las cuatro de la madrugada y encontrarme la salida bloqueada”, comenta Argüelles, que está casado y es vecino de Zulueta.

Pese a todo, Luis Argüelles no pierde el ánimo y la compostura, porque por situaciones más complicadas ha tenido que bregar en la vida. Pasó parte de su infancia huérfano en las calles “jineteando con los turistas, llevándoles maletas para arrancarles un dólar”. “Mis padres me tuvieron cuando eran adolescentes sin recursos”, relata Luis. Después estuvo en un orfanato del Gobierno y al llegar a la mayoría de edad hizo dos años de servicio militar en la base de Guantánamo. “Allí me saqué la licencia de conducir y el título de patrón de buques”, explica. Trabajó como chófer en la embajada cubana de Suecia. Y por circunstancias de la vida emigró a España hace una década. “El título de patrón no está homologado en España, pero he podido trabajar de chófer”, comenta.

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