Seguridad vial
Así son los cuatro tipos de reductores de velocidad que hay en Pamplona
Los vemos a diario. Son esas infraestructuras que el Ayuntamiento sigue instalando para que el calmado del tráfico sea una realidad en nuestra ciudad. Con nombres y características distintas, ¿sabría diferenciarlos?


Actualizado el 23/03/2021 a las 07:50
La partida ya ha comenzado. Y no solamente eso, sino que se encuentra en un momento de máxima concentración. Estamos viviendo una auténtica revolución, donde el futuro de las ciudades, también el de Pamplona, se gana en el terreno de la movilidad. Y ya avisan los expertos: aquellas que no sepan resolverlo quedarán atrapadas en una espiral de congestión, ruido, contaminación y, por supuesto, accidentalidad.
Es precisamente por este motivo por el que el proyecto ‘Pamplona 30’ cobra especial relevancia, con el calmado del tráfico como medida principal. Carriles bici, entornos escolares seguros y, para que nadie omita las señales, reductores de velocidad. Infraestructuras que ya nos resuenan tan cercanas que ni siquiera chirrían. Con nombres diferentes y, por descontado, características técnicas distintas, estos elementos persiguen una misma y única finalidad: acabar con esas velocidades excesivas que se dan por la ciudad. Siempre en unas calles más que en otras.
Lomos de asno, cojines berlineses, bandas reductoras y pasos de peatones sobreelevados. Son las cuatro grandes nomenclaturas que reciben los cuatro tipos de reductores de velocidad que existen en nuestras calles. Ahora solamente queda entender cuál es cuál. En este reportaje intentamos desglosar los principales diseños, una situación que sin duda seguirá in crescendo.
¿Y LOS GUARDIAS DORMIDOS"
Puede que muchos piensen que nos hemos olvidado los famosos guardias dormidos. No es el caso. Tal y como explican los expertos en materia de movilidad, son todos los elementos anteriormente mencionados (lomos de asno, cojín berlines...) Es decir, se les llama así a los reductores de velocidad en general.
El consistorio dice que en Pamplona se colocan en paralelo para que los coches no traten de esquivarlos
Aseguran los expertos del Ayuntamiento de Pamplona que el cojín berlinés es una solución “eficiente y estética” para limitar la velocidad en las vías urbanas y mejorar la seguridad vial de la ciudad. Ejemplos de este sistema los encontramos en la calle Arrieta-Olite, en Abejeras (frente al colegio Santísimo Sacramento), calle Valle de Egüés (inmediaciones de la residencia Amavir Argaray) y en otra extensa cantidad de viales más.
Para hacerse una idea, este tipo de reductor consiste en una elevación de un sector central de la calzada. Dadas sus dimensiones, presenta una clara ventaja con respecto a otros sistemas; ya que los conductores de autobuses y villavesas no necesitan hacer ‘virguerías’ para sobrepasar un cojín berlinés. Esto se debe a que la anchura de sus vehículos es suficientemente amplia como para que las ruedas circulen libremente sobre este badén dejándolo entre las mimas. Sin botes.
MEJOR PARA LAS VILLAVESAS
Evidentemente, este ‘cómodo’ paso no se repite cuando aparecen el resto de vehículos a motor. Turismos, taxis y furgonetas se ven en la clara obligación de moderar su velocidad para pasar con la mayor suavidad posible sobre este resalto, prefabricado en caucho. De no hacerlo, los expertos en movilidad sostienen que pasar por un cojín berlinés a una velocidad elevada, a la larga, acabará destrozando el coche. Y lo explican: “Todo lo que sea subir y bajar con el coche ladeado es un castigo para el vehículo. Por eso, la forma ideal de pasar un cojín berlinés es haciendo lo posible para que el coche se eleve de igual manera por la parte derecha y por la parte izquierda”.
Así las cosas, y tal y como confirman desde el propio consistorio, en Pamplona se colocan en paralelo. Es decir, a la misma altura cuando hay dos carriles; incluso aunque sean de sentidos contrarios. Esta disposición que no deja alternativa al paso intermedio provoca de manera directa que se eviten peligrosas maniobras de esquive por parte de los conductores.
Los encontramos en la calles Valle de Egüés o Adela Bazo, en Lezkairu, y van después de un paso de cebra
La calle Valle de Egüés, en el Soto de Lezkairu de Pamplona, es uno de esos lugares donde nos podemos encontrar un lomo de asno. Un reductor de velocidad que se caracteriza por ser un dispositivo de sección transversal y de segmento circular. Su función no es otra que limitar la velocidad de todos los vehículos que circulen en las vías urbanas, además de mejorar la seguridad vial de manera ‘más silenciosa’.
Tal y como explican en el Ayuntamiento de Pamplona, este tipo de reductores de velocidad suelen ser planificados en obra. Lo que significa que han sido ejecutados in situ y no colocados posteriormente como pueden ser los cojines berlineses. Al formar parte del asfalto, el conductor no los considera tan ‘agresivos’ como otros. Dadas sus características, la tendencia general afirma que este tipo de infraestrcturas se localizan con más frecuencia en barrios nuevos, calles reasfaltadas o avenidas remodeladas, donde por alguna razón se haya tenido que ‘levantar’ parte de esa calzada.
Según el Ministerio de Fomento, se recomienda no colocar lomos de asno en las proximidades de una intersección. Será una manera de evitar que los peatones puedan confundirlos con pasos de cebra. En la imagen que acompaña a estas líneas, se ve claramente como el ‘lomo de asno’ obliga a minimizar la velocidad de los vehículos que transitan por la doble avenida, justo metros antes del paso de cebra. Una especie de freno previo.
Sea como sea, la directriz indica que deben ser reductores de velocidad de tipo trapezoidal y que, además, el diseño de estos elementos está en la obligación de incluir como señal distintiva en el sentido de circulación un dibujo consistente en tres triángulos blancos pintados sobre la parte ascendente del citado lomo de asno. Como colofón, señalan los expertos que son “útiles” en avenidas de doble sentido, donde las señales que limitan la velocidad de los coches no termina de ser suficiente para muchos de los conductores.
Son prolongaciones de la acera que se diseñan con una elevación con respecto a la calzada. Refuerzan la seguridad
La teoría está clara. Un paso peatonal sobreelevado es aquel dispositivo que cumple la función de cruce peatonal pero situándose su rasante a un nivel ligeramente superior a la de la calzada. Esta elevación ofrece una mayor seguridad a quienes transitan a pie, además de a los que se desplazan en bicicleta. Esto es así porque el paso peatonal sobreelevado prolongan el nivel de las aceras para atravesar la carretera a la vez que obligan a los vehículos a disminuir la velocidad para superar el resalte.
En cualquier caso, prosiguen desde el Ayuntamiento de Pamplona, estos reductores de velocidad identifican claramente las zonas de tránsito de peatones y ciclistas, permitiendo un mejor acceso a personas con movilidad reducida al mantener el nivel de las aceras.
ELEVACIÓN DE 10 CENTÍMETROS
En cuanto a la normativa aplicable, desde el RACE explican que deben tener una zona sobreelevada central de 10 centímetros de altura y cuatro metros de longitud con dos rampas. Estas rampas no superarán el metro de longitud si el badén está situado en una zona limitada a 30 km/h; 1,5 metros para una limitación de 40 km/h; y 2,5 metros para las zonas de 50 km/h. Otro requisito es que el borde la rampa, es decir la distancia entre el asfalto y el principio de la rampa, no puede superar los 5 milímetros. “Es importante para evitar daños materiales en los vehículos”, declaran.
Más allá de las especificaciones técnicas, lo cierto es que en Pamplona se llevan reclamando tiempo. Es el caso del cruce entre las plazas Félix Huarte y la ubicación del civivox. Al ser una zona donde los accidentes por atropello se han producido en más de una ocasión, han sido los peatones quienes han insistido en la materia. No podemos obviar que, en buena parte de las ocasiones, son los propios peatones los que demandan más seguridad a la hora de desplazarse a pie por la ciudad. Otra cosa es el rol que adquieren cuando se colocan frente al volante. Empatizar y respetar, es la clave de la movilidad.
Es una manera de evitar que los conductores hagan la maniobra e invadan el carril contrario para pasar
Cuando uno va conduciendo y se encuentra con un reductor de velocidad en su camino, es más que consciente de que debe pisar el freno. Está demostrado que las circular a 30 kilómetros por hora reduce drásticamente la mortalidad y la gravedad de los accidentes, en el caso en que se produzcan. No obstante, también es más que sabido que no todo el mundo cumple las normas.
Las prisas, la necesidad de avanzar, el deseo de no dañar los bajos del coche se han convertido en ‘moneda de cambio’ para todos lo que escogen esquivar el correspondiente reductor de velocidad que se encuentren en su camino. Por este mismo motivo, para evitar esta ‘picaresca’, además de por la importancia de minimizar riesgos dentro de Pamplona, desde el área de Seguridad Ciudadana han dado un paso más. Un añadido que impide ‘trampear’. Es aquí donde aparecen las bandas reductoras. Un tipo de dispositivos de sección transversal que se utilizan para limitar la velocidad a todos los vehículos en las vías urbanas. En Pamplona, el consistorio las suelen utilizar como complemento a los cojines berlineses. Precisamente para evitar lo anteriormente explicado: que los coches los esquiven.
FRENAR LA VELOCIDAD
En líneas generales, son elementos prefabricados en caucho y aunque presentan una sección mucho menos elevada que los propios cojines berlineses, siguen cumpliendo su cometido. “Los coches frenan, aunque no sea de modo tan drástico como en otros dispositivos”, señalan desde el Ayuntamiento. De hecho, según la normativa del gobierno central, si un coche sobrepasa este tipo de reductor a una velocidad no superior a 30 km/h apenas notará el desnivel. Otra cosa, y ahí es donde surgen las dificultades, es que los conductores no respeten los límites marcados en cada calle. Uno de estos ejemplos lo podemos encontrar en la calle Madrid, en el barrio de Erripagaña. Precisamente en el vial construido delante de las que serán las nuevas viviendas de la ripa y contra las que los vecinos siguen manifestándose.