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La mortalidad en Pamplona, casi calle por calle

El atlas Medea 3 es un detallado estudio que analiza en 113 zonas de la capital navarra la diferencias entre los fallecimientos registrados entre 1996 y 2015 y los que serían esperables. En líneas generales, detecta más riesgos en los barrios más pobres de la ciudad, pero la norma tiene excepciones

Actualizada 01/03/2021 a las 07:39

En el barrio pamplonés de la Rochapea existen dos zonas pegadas donde se muere distinto. Una dibuja un triángulo, acotado por la calle Errotazar y la avenida Marcelo Celayeta, y que incluye las casas de San Pedro o la plaza Iturriotzaga. Allí se muere más. Los datos de mortalidad entre 1996 y 2015 desvelan que fallecieron más hombres de lo que podía prever la estadística. Lo hicieron por enfermedades como cáncer de pulmón y estómago, epoc o sida. También hubo más muertes de mujeres por cáncer de colon, diabetes, ictus o tumores de mama. A su lado, apenas unos centenares de metros al oeste, en las manzanas de las calles Urzainqui y Vidángoz, ocurre lo contrario. Allí esa misma operación sobre muertes observadas y muertes esperadas ofrece buenos resultados, sobre todo en el caso de los hombres: mueren menos de lo esperable por cáncer de colon o vejiga, por diabetes o por cardiopatía isquémica.

La de estas calles de la Rochapea es una de las más llamativas diferencias que descubre, comparando casi entre una puerta y la de enfrente, el Atlas de Mortalidad Medea 3, un detallado estudio elaborado por un grupo de investigadores valencianos. Analiza en 26 ciudades españolas lo que llaman el exceso de riesgo de mortalidad, es decir, el que se determina por la diferencia entre los fallecimientos que se han dado en cada zona en esos 20 años, entre 1996 y 2015, y los que podían haberse esperado en función de su población y su distribución de edad. Si hubo más muertes observadas, significa un mayor riesgo.

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La principal conclusión: a mayor pobreza, mayor mortalidad, como Diario de Navarra ya dijo en una información el domingo 21 de febrero. Los barrios con mayores excesos de mortalidad, que son el Casco Viejo, Rochapea-San Jorge y Txantrea, se corresponden con barrios con un índice de privación superior. Lo contrario también funciona. Los barrios con más renta, los Ensanches, Iturrama, San Juan, son donde la mortalidad suele ser menor a la que la estadística podría prever. De hecho, el Atlas incluye un índice que trata de medir hasta qué punto el exceso de mortalidad se puede atribuir a la peor situación socioeconómica. Esta herramienta, en términos generales, confirma la tendencia, clara en enfermedades como sida, cáncer de pulmón, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc) o males hepáticos en el caso de los hombres, y cáncer de estómago, diabetes o ictus en las mujeres. De todos modos, esa tendencia no es una norma inflexible. Hay enfermedades, como el cáncer hematológico en hombres o el de pulmón, donde parece darse el fenómeno contrario, ya que se dan mayores riesgos en los barrios más ricos.

 

Existen además contrastes de más difícil explicación, como el mencionado al comienzo del texto entre la zona de las casas de San Pedro y la de las calles Urzainqui y Vidángoz. Aunque el informe les atribuye a ambas un índice de privación elevado, de la segunda afirma que era la segunda área más pobre de Pamplona en 2011. En cambio le da mejores datos sanitarios. Probablemente en estas diferencias juegan también factores como el envejecimiento de la población.

Las diferencias, además, son muy variables según las enfermedades. Hay patologías que registran grandes excesos o defectos de mortalidad, y otras que apenas se desvían de la media. En el caso de los hombres, se dan grandes contrastes en dolencias como la diabetes masculina (con zonas donde la mortalidad es un 44% superior a la esperada y otras donde es un 31% inferior), la epoc (con oscilaciones entre +66 y -37%) y aún más en la demencia (de +134% a -46%) o el sida (del +122% al -56%). En las mujeres, esas enfermedades de gran contraste son la diabetes (del +117% al -39%), las demencias (que abarca de un -241% hasta un -39%) o la epoc (181% a -35%).

En cambio, en otras dolencias las distancias son mucho menores, casi de matiz: en hombres, el cáncer del colon (+16% a -13%) o de próstata (+19% a -15%); en mujeres el cáncer hematológico (+26% a -9%), de pulmón (12% a -13%) o de estómago (+24% a -9%).

ÍNDICES

El estudio Medea3 mide el exceso de mortalidad para quince causas de muerte en hombres (sida, cáncer de estómago, colorrectal, de pulmón, de próstata, de vejiga y hematológico, diabetes mellitus, demencia, cardiopatía isquémica, enfermedad cerebrovascular o ictus, epoc, enfermedad hepática y cirrosis, suicidio y lesiones autoinflingidas y accidentes de tráfico) y once en mujeres (cáncer de estómago, colorrectal, de pulmón, de mama, hematológico, diabetes mellitus, demencia, cardiopatía isquémica, ictus, epoc y enfermedad hepática). Lógicamente, al abarcar hasta 2015, no incluye la mortalidad por covid-19.

 

 

 

El atlas utiliza como base las secciones electorales que sirven para determinar en mesa deben votar los vecinos de cada zona. Sin embargo, en Pamplona, el estudio desliza errores en esa división territorial. Reparte la ciudad en un total de 113 secciones, cuando en realidad, en la capital navarra cuentan casi 140. Llama la atención por ejemplo, que uno de las secciones que contempla el atlas abarca todo Mendillorri y partes del Soto de Lezkairu, que en realidad suma todo un distrito y hasta una decena de secciones. En todo caso, la división territorial establecida en el estudio sí sirve para detectar las principales diferencias de la mortalidad en el territorio.

Los gráficos de esta noticia se han elaborado estableciendo la media de la mortalidad de las distintas dolencias en las diferentes zonas. Es una medida a la que no se puede dar valor científico ya que hace un promedio entre enfermedades muy diferentes entre sí (en el caso de los hombres se han eliminado las dos causas de muerte no atribuibles a patologías, como los suicidios y los accidentes). En todo caso, sí puede funcionar como un indicador elocuente sobre la diferencias entre barrios y hasta entre manzanas a veces muy cercanas.


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