Pamplona

La pandemia lleva al cierre a cinco tiendas de moda del Casco Antiguo de Pamplona

La crisis sanitaria, la cancelación de eventos y la falta de turismo han hundido las ventas del sector textil y de regalo

La pandemia lleva al cierre a cinco tiendas de moda del Casco Antiguo
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La pandemia lleva al cierre a cinco tiendas de moda del Casco Antiguo

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Pedro Gómez

Actualizado el 08/11/2020 a las 06:00

Collares, bolsos, pendientes, fulares, perfumes... todos esos productos tan demandados para bodas, comuniones, licenciaturas y demás eventos, ya no se compran con tanta alegría. Al menos cinco establecimientos de moda, complementos y artículos de regalo han cerrado en las últimas semanas en el Casco Antiguo.

En la plaza de San Nicolás, Idoia Sevillano echó la persiana el día 30 y Natural está en liquidación por jubilación. La crisis de ventas también se ha llevado por delante dos perfumerías, BerdinBerdin en la calle San Nicolás y La Factoría de los Perfumes, en la calle San Saturnino. Y en la calle Pozo Blanco cesó su actividad Se Happy, franquicia de artículos de regalo y decoración.

Fuera del Casco Antiguo, la tienda de moda Rosa Palo, en la calle Tafalla, cerró a finales de octubre tras varios meses en liquidación. Ahora está en liquidación la tienda Bebé, en Bergamín. En Mendebaldea, Beatriz Bolsos y Complementos lleva más de un mes con el cartel de liquidación por cierre y los productos al 50%-60% de descuento.

En cuanto a las aperturas, poco movimiento en el Casco Viejo. En la plaza San Francisco ha abierto un local de patatas rellenas en la esquina donde estuvo la mercería Carmen. Y en la calle Calderería, la tienda de pretzels SaVa. El burgo de San Nicolás es una de las zonas más transitadas del Casco Antiguo. Un comerciante ofrece el dato de afluencia: 1.553 personas a la hora de media, “según un estudio del ayuntamiento”, explica. “Una gran parte son turistas y visitantes, aunque este verano apenas se les ha visto”, añade sobre las causas de los cierres.

Idoia Sevillano, en la esquina con la calle San Miguel, cerró la semana pasada debido a la caída de ventas por la crisis del coronavirus. Esta emprendedora puso fin a seis años de andadura. Cuando montó la tienda de complementos, su objetivo era “dar a conocer aquellos productos que se salen de las marcas convencionales y ofrecerlos a precio competitivo”. Bolsos, bisutería, tocados, fulares y pasminas, vestidos de fiesta… es decir todo lo necesario para las bodas y demás eventos especiales. “Han sido unos meses muy duros. Las ventas se han resentido enormemente”, explica Sevillano, sin ánimo de afrontar la temporada otoño/invierno.

LAS PERFUMERÍAS

El caso de Natural Dippner es distinto. Manuela Arregui ha decidido jubilarse. “Podría estar algún mes más pero en estas circunstancias no merece la pena”, comenta. Lleva tres décadas en la calle San Nicolás, “una calle muy buena, con mucha afluencia de gente”. Se especializó en tejidos naturales y calzado cómodo. “Fuimos pioneros en este tipo de producto, respetuoso, saludable y sostenible. Entonces no estaba tan de moda ni se tenía tanta conciencia como ahora”, explica Manuela, que ha forjado una clientela “muy fiel”, a la que está muy agradecida. El mes pasado puso el cartel de liquidación por jubilación y calcula que estará un mes abierta. “Tengo bastante género de otoño-invierno y también restos del verano. Y mucho calzado de la marca El Naturalista, de muy buena calidad”, comenta Manuela.

La crisis del coranavirus también está detrás del cierre de la perfumería BerdinBerdin, en la calle San Nicolás. “Estaba muy a gusto, pero nadie se esperaba todo esto. Ha sido una decisión muy a mi pesar”, explica Mari Carmen Arilla, que ahora regenta un estanco: “Al menos si nos confinan otra vez, podremos seguir abiertos”. Arilla tomó la decisión de cerrar durante el estado de alarma. “Además de perfumes tenía bolsos, bisutería y otros complementos, mucho objeto de regalo. Y hacía ropa personalizada a medida”.

Ana Moreno, de Bebé, cierra tras 32 años bordando nombres
 

 

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Sus manos han bordado cientos de nombres de recién nacidos, bellas tipografías plasmadas en arrullos y mantitas. Ana Moreno cierra Bebé, tienda de moda infantil en la calle Bergamín 7. Lleva 32 años dedicada a las prendas para bebés y ha ido pasando por distintos locales, en Paulino Caballero, Gorriti y por último Bergamín.

Todavía le quedan unos años para jubilarse, pero ha decidido cerrar la tienda el próximo 28 de noviembre debido a las consecuencias de la crisis del coronavirus. “Es todo una cadena. La gente ya no puede visitar a los recién nacidos a los hospitales y tampoco se atreven a ir a los domicilios, así que ya no se hacen tanto regalos. Y los bautizos se hacen de forma más discreta y con menos invitados”, explica esta veterana costurera. Aunque cierre el establecimiento, seguirá dedicándose a la costura y a los bordados. “Tengo una clientela muy fiel, de toda la vida y no quiero dejarlas desatendidas. He recibido muchas muestras de cariño, de apoyo y agradecimiento estos días”, comenta Moreno, que aprendió el oficio “en el colegio”.

Ha puesto faldones para bautizos con el 50% de descuento, conjuntos a 30 euros y mantas a 25. También patucos, ranitas de piqué y gorros. “De siempre he tenido prendas clásicas pero con detalles modernos, de calidad a precios asequibles. Antes vendía mucho trabajo hecho a mano, pero ahora no es posible por precio y porque muchos clientes no lo aprecian”, explica.

Ana Moreno admite que ha tenido a alguna chica joven interesada en continuar con el negocio, pero debido a la situación de incertidumbre, no se han animado. “Es un negocio duro, de meter muchas horas. Hay que saber asesorar a los clientes. Les preguntas cuándo ha nacido y tienes que calcular qué talla necesita y si es mejor de verano o invierno, para que pueda aprovechar la prenda”, señala Moreno, que ha llevado la tienda ella sola. “Ahora, lo que más me cuesta, es aprender y ponerme al día con el uso de las redes sociales, pero veo que es necesario en estos tiempos”, concluye.

El maestro jamonero de San Nicolás busca “savia nueva” que tome el relevo
 

 

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José María Esparza, al frente de Los Ibéricos de San Nicolás, tiene intención de jubilarse a finales de año, pero no quiere cerrar sino traspasar el negocio, que “savia nueva” tome el relevo. “Yo le formaría, le enseñaría a despiezar, lonchear, le pondría en contacto con los productores y proveedores y le explicaría todas las potencialidades de este producto único en el mundo”, señala este maestro jamonero. Esparza acumula una amplia experiencia. “Vine hace nueve años de Extremadura, donde me dediqué a la producción y venta de productos ibéricos. Conozco todo el proceso, desde la cría hasta la curación de los jamones, toda la normativa y los estándares de calidad”, comenta. Su filosofía es “dar al cliente la calidad que desea comprar, es la garantía de que vuelvan”. Explica que a pesar de que hay una normativa clara y controles exhaustivos, “todavía hay gente pirata”. Esparza conoce la trazabilidad de las piezas que ofrece, en qué dehesas han pasado los cerdos la montanera, “esa última fase en la que engordan 46 kilos a base de bellotas, enriqueciéndose de ácidos grasos”. Entre sus clientes tiene un buen número de hosteleros. “El verano no ha sido malo en ventas. Pero ahora, ya ves cómo está la cosa”, comenta.

Las dos temporadas fuertes son Sanfermines -“Hay gente que dice que hacemos de los mejores bocadillos de jamón ibérico, con aceite y tomate picado”- y Navidades, “donde el cliente demanda una calidad superior, para consumo en familia o para regalar”. Junto a los jamones, paletas y embutidos, también ofrece carnes ibéricas, conservas y vino de Ayerra. Bajo una trampilla, el establecimiento ha acondicionado el sótano para eventos de degustación-concierto, que combinan catas de ibéricos, vino y música de guitarra. A los acordes de un preludio de Bach, se prueba una panceta ibérica embuchada, que marida con un vino blanco. “He tenido empresas que traen a clientes y quedan muy satisfechos de la experiencia”. Sobre la bóveda de piedra cuelgan jamones y paletas. “Para mantener un nivel óptimo de humedad tuve que poner paredes con cámara de aire”, comenta.

Pretzels caseros, dulces y salados, la apuesta de Sara y Valentín
 

 

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SaVa es la única tienda de España que tiene los pretzels como producto principal, aseguran Valentín Raducu y Sara Popa, pareja de novios de origen rumano que llevan un mes y medio al frente de este establecimiento en la calle Calderería. Los pretzels es un tipo de bollo horneado, ligeramente salado y con forma de lazo, típico de Alemania y otros países anglosajones. Los que se venden en SaVa son de estilo americano, más esponjosos y que permite mayor variedad de dulce y salado.

“No tienen nada que ver con los pretzels industriales que se venden en los supermercados”, aclara. Esta idea de negocio se gestó a principios de años. Valentín, que lleva 12 años en Pamplona, hizo un curso de manipulación de pretzels. “Me encanta cocinar y vi una buena oportunidad de negocio”, explica. Valentín y Sara encontraron un local en Calderería, una antigua tienda de ropa, que se ajustaba a sus posibilidades económicas. “Los alquileres en otras zonas de lo Viejo son desorbitados”, comenta Sara, estudiante de ADE en la Universidad de Navarra. El nombre de la tienda une la primera sílaba de Sara y Valentín.

Hasta agosto no pudieron empezar las obras, una reforma integral. Debido a la crisis sanitaria, descartaron colocar mesas y sillas para consumo en el local. Ahora confían en el take away y el reparto a domicilio. “La masa madre nos llega desde Zaragoza. Aquí le damos forma y les añadimos los demás ingredientes: jamón y queso, salchicha, sésamo, chocolate, sirope, miel y nueces… hay mucha variedad”, comenta. Los precios oscilan entre los 2 y los 3 euros.

Están más que satisfechos en este primer mes de actividad. “Por las tardes, de seis a ocho, hay muchos clientes. Algunos fines de semana hemos lanzado ofertas especiales, como el Octoberfest, con cerveza alemana, y en Halloween. Y la apyma del colegio Paderborn nos encargó varias cajas. Estamos encantados”, comenta Sara.

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