Así están preparando los bares de Pamplona la fase 2
Los pequeños bares del Casco Viejo están dispuestos a abrir en la fase 2 pese a la incertidumbre sobre los protocolos y los hábitos de la clientela


Actualizado el 22/05/2020 a las 06:00
Los nervios, la tensión y la incertidumbre vuelven a repetirse a pocos días de que previsiblemente Navarra entre en fase 2. Los bares y restaurantes van a poder abrir con el 40% de aforo y sin poder atender a clientes en la barra. Según el tamaño y distribución de los locales, las posibilidades pueden quedar bastante mermadas. Así ocurre en algunos bares del Casco Viejo, largos y estrechos. “Nuestros clientes están acostumbrados a la barra, no a estar sentados en una mesa”, explica Santiago Salguero, de Basoko Taberna, en San Nicolás. Aún así, la mayoría de establecimientos de esta calle tiene intención de abrir la semana que viene porque “no es posible resistir tanto tiempo cerrados”.
Salguero ha hecho cálculos de las mesas que puede dejar en su local, que de normal tiene un aforo de 50 personas. Va a colocar separadores entre mesas para reforzar la seguridad. “Lo ideal sería tener unas pautas más claras y que vinieran los inspectores antes de abrir para comprobar que todo es correcto. Queremos abrir con todas las garantías para luego no tener que cerrar”, comenta. Salguero, que lleva tres años al frente del local, va a sacar del ERTE a la mitad de la plantilla. También va a ofrecer menús para llevar con recogida en el bar. “Hemos sondeado entre los clientes habituales y hay gente dispuesta. Tenemos una amplia carta de leñas y bocadillos”, comenta.
Al lado del Basoko, La Mandarra de la Ramos está en obras. Su propietario, Jorge Goicoechea, ha aprovechado para reformar la cocina. Espera poder abrir en julio. Este hostelero también regenta la cafetería Vidaurreta, en Roncesvalles, y La Huerta de Chicha, en Paulino Caballero, inaugurado en noviembre. La cafetería va a abrir su terraza esta semana. La Huerta de Chicha lo hará en junio. El local, de 300 metros, permite un buen aforo.
“Lo peor es la incertidumbre. Vemos que el Gobierno, al no tener experiencia, le ha faltado carácter, ha actuado con miedo a meter la pata y al final la ha metido”, opina Jorge. En cualquier caso, es optimista. “El objetivo de este año es no tener pérdidas, tomárnoslo como un paréntesis. Trabajamos con el horizonte de que en Semana Santa del año que viene ya haya cierta normalidad si no hay un rebrote del virus. Siempre quedará algo de miedo, pero lo malo se olvida pronto. La vida, que en ocasiones te da un sopapo, hay que aprovecharla”.
Goicoechea tiene curiosidad por ver cómo serán los Sanfermines. “Creo que van a ser días especiales con la gente de casa. El que no salga a almorzar, quedará a comer o a cenar, en familia o con la cuadrilla”. Este hostelero ya cuenta con tener que arrastrar durante dos años las consecuencias de esta crisis. “Mis locales son amplios y creo que podemos resistir, pero hay gente que no va a abrir o que van a arrastrar las consecuencias mucho tiempo”.