Escalera de San Fermín
El peldaño de los tocayos de San Fermín
Un centenar de Fermines y Ferminas se reunieron en la Parroquia de San Lorenzo en la misa del segundo peldaño de la escalera de San Fermín


Actualizado el 03/02/2020 a las 08:30
Con un pañuelo rojo se podía diferenciar ayer a los más de un centenar de Fermines y Ferminas que se reunieron en la Parroquia de San Lorenzo de Pamplona con motivo de la misa de celebración del 2 de febrero, segundo peldaño de la escalera hacia las fiestas de San Fermín. El párroco, Javier Leoz, afirmaba que el objetivo era “propagar a las nuevas generaciones el nombre de Fermín”. No tiene tanto éxito como el nombre de Javier, se lamentaba, pero existen 1.450 varones que se llaman así en Navarra y 30 mujeres con el nombre de Fermina.
El más mayor de los tocayos, Fermín Eleta (93 años), se emocionaba al explicar que le hacía mucha ilusión participar en este acto, ya que él es de Pamplona “de toda la vida, de la calle Mañueta”. Contaba que esto es algo de familia, pues su nieto, que es catalán, también lleva su mismo nombre. La estampa de Eleta chocaba con la del más benjamín de los allí presentes, Fermín Espinedo Zandio, de tan solo doce meses de edad. Mientras este gateaba por la escalera del altar, Beatriz Zandio, su madre, decía que decidieron llamarle así en honor a su padrino, que falleció poco antes de nacer el pequeño. Además, declaraba que al ser un nombre que ya no se pone tanto, era bonito encontrar allí a otros bebés que también se llamaban Fermín.
“¿Por qué me llamaron así? Pues no lo sé... Habría que preguntárselo a mi padre”, decía Fermín de Diego, otro de los veteranos que, con 91 años, había acudido a la celebración acompañado de su hija. Natural de Medinaceli (Soria), decía que también compartía nombre con su abuelo, aunque curiosamente no tenían vínculo con Navarra. Lo mismo le sucede a Fermín Recalde, de 87 años y natural de Aizkorbe, llamado así por su abuelo. Otro de los pequeños presentes en la ceremonia era Fermín Aldaz, de 17 meses, que disfrutaba el acto en brazos de su madre, Zania Rodríguez. Tras tener en mente varios nombres, se decantaron al final por el del santo. Rodríguez contaban que son muy sanfermineros, pues el abuelo del pequeño es uno de los carpinteros que se encargan de colocar el vallado del encierro durante los Sanfermines.
Con una media de edad de 70 años y nombre algo menos común que el de Fermín, las Ferminas tampoco quisieron perderse la cita. Acudieron quince de ellas. Entre las presentes, Fermina Díez de Ulzurrun (76 años), quien contaba que su padre y su tía se llamaban de la misma forma. Así que ella no dudó en llamar a su hijo Fermín Hernández, como ya era tradición en la familia. Este, de 48 años, evitó el factor sorpresa y llamó a su hijo, de 8 años, como el co-patrón de Navarra. Tres generaciones juntas y unidas por un mismo nombre.
Fermina Irigoyen Gurpegui, de 39 años, contaba entre risas que no conocía a ninguna tocaya de su edad. “¿Cómo es llamarte Fermina?”. Y su madre, Tere Gurpegui, se reía. Le llamó así porque sus padres también lo llevaban, aunque admite que no era muy común. “Todo el mundo me dice algo, la gente no se lo acaba de creer, se piensan que es de broma”, declaraba junto a su hijo, Fermín Gascón Irigoyen.