Comienza el montaje del vallado para San Fermín: los tablones de madera más mediáticos
El lunes comenzaba la instalación progresiva del vallado de los encierros en el callejón de entrada a la Plaza de Toros. El montaje continuará hasta el próximo 6 de julio, cuando se cierre el recorrido a la altura de la curva de Telefónica


Actualizado el 04/06/2019 a las 08:19
A la mayoría de niños pamploneses lo primero que les viene a la cabeza cuando se les mencionan las fiestas de San Fermín son los gigantes y cabezudos, las barracas y los toros. Pero los hijos de los hermanos Aldaz piensan en tablones de madera: en postes verticales con el logotipo de la Cruz Roja y travesaños numerados con cifras y letras.
Estos pequeños tienen motivos para presumir de padres: el producto de su trabajo se puede ver en las televisiones de medio mundo. Y por este motivo, insisten en acompañarles para montar el doble vallado del encierro. “Con el tiempo ahí tendrán que estar. Porque aquí los palos aguantan muchos años, pero la gente nos vamos relevando”, bromeaba Íñigo Aldaz Ayerra este lunes frente a la Plaza de Toros.
Un montaje progresivo
Cada uno de los 900 postes, 2.700 tablones y 70 puertas pueden durar entre veinte y treinta años. Con los avances en el tratamiento de la madera, las piezas tienen mayor longevidad. La empresa de carpintería Hermanos Aldaz, al frente de todo el montaje, estima que alrededor del 2% del material se renueva de forma anual.
Los operarios del conocido negocio familiar, afincado en la localidad de Puente la Reina, llevan veintiocho años empezando sus Sanfermines la última semana de mayo, cuando revisan en profundidad el estado de todos los tablones. Luego, con el cambio de mes, acuden al centro de Pamplona por las mañanas para colocar el vallado del encierro tramo a tramo hasta el 6 de julio.
Por tradición, los Aldaz han iniciado su trabajo por la entrada al callejón de la Plaza de Toros la mayor parte de las veces. Se trata del lugar menos transitado de todo el recorrido del encierro y el más cercano al ruedo. Dentro del recinto guardaron durante años la estructura del montaje. Retoman la instalación desde la cuesta de Santo Domingo hacia los Corrales del Gas y después se adentran en el Casco Viejo.
A partir de allí, no hay un orden establecido. “Es según veamos cómo va la vida de la ciudad. Depende mucho de no estorbar a los peatones”, explicaba Íñigo Aldaz, al frente de la empresa junto con su hermano Xabier durante los últimos diez años. Los metros que comprenden la curva de Telefónica son los que se reservan para el final. Así, evitan interrumpir el paso de las villavesas.
Madera autóctona
Los tablones, de pino insigne roncalés, tienen un peso de entre veinte y cuarenta kilogramos. Pero los cinco operarios se desenvolvían con soltura mientras encajaban los postes en los cajetines de hormigón este lunes. A pocos metros de distancia, el antiguo cabeza de la carpintería, José Ignacio Aldaz, les observaba con atención. Su hijo Íñigo disminuía la dificultad del trabajo: “No tiene mayor problema. Al final está todo marcado. Cada pieza tiene su sitio; es como un ‘Tetris’. Si te falta la de un sitio, se paraliza el vallado. No lo puedes poner porque se cae”.
Al terminar el primer tramo, padre e hijo comentaban el mes de faena que les quedaba. El año pasado, un grupo de animalistas intentó sabotear los encierros al llenar de cemento los huecos para introducir los postes y quemar una máquina elevadora. Hermanos Aldaz necesita una buena coordinación de los operarios con los empleados municipales que limpian los cajetines para que no queden al descubierto ninguna noche antes del Chupinazo.
No obstante, Íñigo Aldaz restaba importancia a los sucesos. Afirmaba que se siente orgulloso del encargo que acomete la empresa: “Al final, es el vallado del encierro más importante del mundo”. Una labor de algo más de mes y medio de trabajo que les pone en el centro de atención antes de volver a la carpintería menos mediática, la que engloba muebles, puertas y tejados.