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Plan de Amabilización

Comerciantes del centro de Pamplona, indignados con el 'plan de amabilización'

Comercios del Casco Antiguo y el Ensanche muestran su indignación ante la incredulidad con la que el Ayuntamiento ha recibido los datos que ofrecieron para ilustrar el impacto que el ‘plan de amabilización’ está teniendo sobre sus negocios

En el mes de septiembre el Ayuntamiento puso en marcha el plan de amabilización con importantes cambios en el tráfico del centro.
En el mes de septiembre el Ayuntamiento puso en marcha el plan de amabilización con importantes cambios en el tráfico del centro.
Actualizada 07/01/2018 a las 06:00

Cuando allá por el mes de septiembre el Ayuntamiento puso en marcha las medidas para reordenar el tráfico en el centro con cambios en la regulación de los aparcamientos y el acceso al Casco Antiguo fueron muchos los comercios que quisieron dejar constancia de su malestar. Criticaron que no se les hubiera tenido en cuenta y alertaron de las consecuencias que la pérdida de plazas de aparcamiento y las trabas para acceder a sus establecimientos en vehículo privado iban a tener sobre sus negocios. La mayoría lo hicieron de forma anónima y bajo el paraguas de las dos asociaciones que les representan: la del Casco Antiguo y la del Ensanche. Sus responsables optaron entonces por contener esa inquietud inicial para dar tiempo a que la gente se fuera acostumbrando a los cambios.

La prueba de fuego llegó con las encuestas que durante semanas y en hasta tres rondas realizaron entre sus asociados para conocer de primera mano el impacto que el denominado ‘plan de amabilización’ estaba teniendo en sus negocios. Encuestas que arrojaron una pérdida de facturación global del orden de los 10 millones de euros en los 100 primeros días de vigencia del plan, y cuyos resultados hicieron públicos el 20 de diciembre durante una rueda de prensa conjunta de las dos asociaciones con intereses y problemáticas bien distintos. Un hecho éste que ya por si solo invita a la reflexión.

En la zona centro hay unos 1.100 comercios que dan empleo a más de 3.000 personas y, teniendo en cuenta toda la actividad económica, las cifras ascienden a 2.400 locales en planta baja y más de 6.000 trabajadores.

Los establecimientos que compartieron aquella información lo hicieron tras contraponer los números de facturación y ventas de los meses y años precedentes. Los técnicos de las asociaciones hicieron el resto apoyándose en los datos del Instituto de Estadística de Navarra. “Negro sobre blanco”, resume Javier Aragón Romeo, de Mundo Bio. “Hay más de 20 comercios que se han dado un margen de dos o tres meses para cerrar”, confía el empresario Javier Moral, de Pavana, con cuatro tiendas de ropa en la calle Mayor. El impacto de las medidas se nota en la calle. El trasiego de personas en zonas como Zapatería ha bajado en hasta 3.000 personas/días, según las estadísticas que recoge desde hace ya tiempo un establecimiento del Casco Antiguo para saber cuántas personas pasan por delante de su tienda y que se pusieron en relación con las contabilizadas en las mismas fechas de 2016. Pero el impacto también es económico.

Los comerciantes hablan de pérdidas de facturación que llegan a superar el 30%. Aseguran que la realidad es aún peor que la que las asociaciones esbozaron en aquella rueda de prensa. Allí se habló de una pérdida de facturación diaria por comercio de 75 euros, pero algunos dicen están perdiendo hasta 300 euros. Hay establecimientos que han tenido que prescindir de personal. Es el caso del bar Flavia, que abrió hace ya tres décadas en la calle Julián Arteaga con Padre Moret, una de las zonas en la que el aparcamiento ha quedado restringido a residentes. También en Mundo Bio hay un trabajador menos. Javier Aragón Romeo asegura que la próxima semana se reunirá con su asesoría para tasar su negocio y decidir su continuidad. Se da de plazo hasta junio. Otros establecimientos dicen estar tirando de reservas. Es el caso de la centenaria droguería Emilio López que abrió en 1905. “Nos dicen que a larga va a ser mejor, pero hasta entonces ¿quién aguanta? ¿Nos va a dejar dinero el Ayuntamiento?”, se pregunta José Ignacio Esteban Fernández.

La respuesta que horas después de aquella rueda de prensa de las asociaciones de comerciantes ofreció el equipo de gobierno municipal descolocó aún más a un sector ya maltrecho que trata de hacer frente como puede a la competencia de las grandes superficies y la compra online. “Falta rigor en los datos”, sentenció. Y de ahí que cada vez sean más los comerciantes que se ofrecen a dar la cara para narrar con luz y taquígrafos lo que están viviendo. “Porque somos nosotros los que estamos en las tiendas”, defiende el dueño de Pavana. Javier Moral cuestiona las medidas que se han tomado para restringir el acceso al Casco Antiguo en vehículo privado. “Hay vecinos de esta calle (Mayor) que dicen que esto es ahora una autopista a cualquier hora del día y no les falta razón”. Cuando posa para el fotógrafo de este periódico, a las 10 horas del pasado 5 de enero, una furgoneta con matrícula del Ayuntamiento de Barañáin obstaculiza el acceso a su tienda. Cuenta que lleva allí más de 40 minutos. “Hay días en los que en este tramo de calle hay más de seis coches aparcados a cualquier hora. Han abierto la veda y todo el que ha dejado su matrícula puede entrar y salir con más libertad que antes”.

A falta de dos meses para que se cumplan los seis meses de prueba que se marcó el Consistorio para testar los cambios, son muchos los comercios que están pidiendo al Consistorio que reconsidere ya la hoja de ruta que se ha marcado para hacer del centro de la ciudad “un lugar más amable”. “¿Qué tenemos que hacer para que nos crean?”, se preguntan casi al unísono.

Esther Gamboa Barandiarán, bar Flavia (calle Sandoval): “Está siendo mucho peor que con la crisis”

“El cambio lo noté de forma inminente. Fue quitar la zona azul y dejar de venir gente al bar. Mis clientes aparcaban en la zona, venían a trabajar en coche o a hacer compras o gestiones y se tomaban un café. Algunos me pedían cambios para la zona azul. Ahora ya no lo hacen porque aquí ya solo aparcan residentes. Pero hasta los vecinos se quejan porque dicen que tienen menos sitio que antes. Las cuentas me dejaron de cuadrar. La facturación bajó del orden del 20% y tuve que prescindir de la chica que tenía para abrir por las tardes. Ahora cierro a las cuatro porque no da para más. Este bar tiene 30 años. Yo llevo once y siempre había abierto por las tardes. Está siendo mucho peor que con la crisis. Nos piden paciencia, pero como se alargue mucho más no voy a ser yo sola la que cierre”.

Javier Moral, Pavana (calle Mayor): “Soy el primero que quiero una amabilización, pero real”

“Además del impacto económico, que lo es y muy importante, está el de la calle, que ha reducido el volumen de público. La accesibilidad a la tienda está siendo un problema. Se han creado unas barreras increíbles y sin alternativa. Por la tarde tenía una media de 40 personas en la tienda de las que seis o siete eran clientes. Ahora mantengo a mis clientes pero he perdido al resto. Lo que ha pasado esta Navidad es un claro ejemplo. Otros años contrataba a una o dos personas de refuerzo para la campaña, pero este he optado por dar vacaciones a mi personal. Pavana lleva 25 años abierta, pero tengo otras tres tiendas en la calle Mayor. En total, 10 dependientas. La percepción en todas las tiendas es la misma. Hasta el año que tuve la entibadora en mi puerta (unas Navidades en la que la tienda se ubicaba en Pozo Blanco) vendí un montón, pero una cosa es que en la puerta de tu casa tengas un andamio y otra que en la ciudad no puedas aparcar. Soy el primero que quiere una amabilizacón, pero real, no destrozando al pequeño comercio. Está siendo el momento más difícil, pero no por la economía sino como reacción a unas medidas desmedidas que se han tomado sin previsión, sin organización, sin planteamiento y sin alternativa”.

Esmeralda Eseverri, peluquería Sandoval: “Muchos llegan tarde por las vueltas que dan”

“Muchos de los clientes que tenía de fuera ya no vienen. Era gente que acudía cada dos meses y que se dejaba unos 70 euros de media. Aprovechaban las horas del mediodía (de dos a cuatro), pero ahora no pueden aparcar -en la calle Sandoval han dejado una bolsa de diez plazas de zona roja, pero en esa franja horaria solo pueden aparcar residentes-. Antes siempre tenían sitio en la puerta, pagaban dos horas de zona azul y listo. El parking de Baluarte no les resulta cómodo y además no saben cuándo van a salir. Ahora muchos llegan tarde por las vueltas que tienen que dar con el coche para aparcar y las citas se retrasan. Está calle está muerta y nosotras hemos perdido visibilidad. Cuando en una zona se puede aparcar hay movimiento, pero así todos perdemos”.

José ignacio Esteban Fernández, Droguería L ópez (calle San Miguel): “La gente tiene miedo a entrar con el coche”

“Estamos viviendo esta situación con mucho miedo. Arrastramos años de bajada de ventas y cuando parecía que nos estábamos recuperando ha llegado este plan. La gente está mal informada. A muchos les da desconfianza entrar con el coche y han dejado de venir. Los que lo hacen se ven obligados a dar vueltas y más vueltas. El balance de octubre arrojó una bajada de ventas del 11%. El de noviembre no quise hacerlo porque fue peor. Un negocio que lleva desde 1905 tiene mucho nombre y solera, pero para vender lo que vendemos tenemos que tener mercancía y si ésta no tiene rotación son pérdidas. Hemos vivido muchas crisis, la reforma del local, la entibadora… pero como esta ninguna. Somos seis y, aunque todavía no hemos hecho ningún ajuste, ya nos los planteamos. Estamos tirando de reservas y comiéndonos patrimonio. No podemos seguir así. Tenemos clientes de todas las edades, pero sobre todo gente mayor. Las jóvenes cambian de hábito de compra fácilmente: adquieren productos por internet y se van a las grandes superficies para ahorrar tiempo. Quitar las plazas de zona azul de Sarasate o Estella ha sido un error. Deberían ser plazas de rotación. El Ayuntamiento se ha cerrado en banda y no quiere comprender lo que está pasando”.

Olga Sarasa, Manualidades Recrearte (calle Sandoval): “¿Por qué se castiga así al comercio del centro?”

“Se notó desde el minuto cero un bajón de clientes efectivos de compra y de gente en la calle. Están parcheando como pueden. Dieron 10 plazas de zona roja y ahora billetes gratis en la villavesa, pero es poner una tirita cuando tienes un cáncer. Nos han quitado visibilidad y accesibilidad. Nuestra calle ha desaparecido. ¡Y dicen que el alarmismo lo estamos provocando nosotros! En esa zona la solución es sencilla y nada costosa: zona de aparcamiento mixta, abierta en horario comercial y luego para residentes. Lo que han hecho es un puente de plata para grandes superficies y en mi caso para una compra por internet. Mi facturación ha bajado un 25% los tres meses. Pamplona no tiene problemas de contaminación, pero se están tomando medidas como si esto fuera Madrid. No se pueden poner normas y luego educar. Estábamos empezando a repuntar, pero lo que no ha logrado la crisis lo va a conseguir el Ayuntamiento con su plan si no rectifica. ¿Qué hemos hecho mal para que nos castiguen así? ¿Para que sea más caro venir a comprar al centro? Trabajé en el segundo Ensanche y en la calle Mayor y me vine aquí precisamente por la accesibilidad. Que no me pidan un esfuerzo y menos que duden de nuestros datos. Si me fuera bien, no tendría ninguna gana de meterme en este sarao”.

Puy López Ochoa, Pannus Pamplona (calle Eslava): “La pérdida de accesibilidad nos ha afectado de lleno”

“Llevamos aquí tres años. Estamos ocho y de momento no ha habido despidos, pero la bajada de ventas es importante. Más del 10%. Empezamos a notarla en noviembre y esta Navidad ha sido un desastre. La pérdida de accesibilidad nos ha afectado de lleno. Ante las dudas, la gente no viene. No se puede cerrar así lo viejo. Tendría que seguir habiendo, como mínimo, las mismas plazas de aparcamiento que antes. Si yo no puedo entrar a mi tienda a descargar un pedido de 500 euros, ¿por qué un vecino puede estar aparcado todo el día? Yo también soy vecina y pago un alquiler. Encima nos obligan a ser nosotros los que informemos de la entrada de clientes en coche a la zona. Mi tiempo es más que limitado y tener que andar con posits y poniéndome alarmas en el móvil para acordarme de que tengo que autorizar no se qué matrícula es un
lío y un riesgo que no tenemos por qué asumir los comerciantes”.

Javier Aragón Romeo, Mundo Bio (calle Santo Domingo): “Me he dado hasta junio para ver si me muevo”

La bajada de ventas ha sido progresiva desde hace tres meses. Empezamos con un 15% y ya estamos en un 33%. El cliente que venía del Ensanche y de otras zonas de la ciudad ha desaparecido y este local no es sostenible solo con la gente del Casco Viejo. Llevo 16 años empujando de este negocio (siete en la actual ubicación) y ya he tenido que prescindir de una trabajadora que tenía a media jornada. Mi negocio se está empobreciendo poco a poco, por los clientes que no vienen y por el tema del transporte. No les da tiempo a hacer todos los repartos y eso redunda en que damos un peor servicio. No entiendo cómo el Ayuntamiento puede poner en entredicho nuestros datos. El declive está siendo progresivo y me he dado hasta junio para decidir si me muevo del Casco Viejo. Llevo dos meses pensando que soy peor vendedor que el año pasado y que no gestiono mi tienda como debería porque los números no salen. Una crisis así no la he vivido en mi vida. Hace 8 años me cambié de un local de 50 metros a otro de 200 y he seguido en crecimiento todo este tiempo hasta la implantación del plan. Si se hubieran creado unos parkings en condiciones antes de restringir se hubiera evitado todo esto, pero el daño ya está hecho”.

Patxi Zariquiegui Asiáin, Deportes Zariquiegui (calle Mayor): “Ir a comprar a lo viejo ahora es incómodo”

“Llevamos abiertos 65 años y hemos perdido a mucha gente joven que venía a comprar. Lo de ir andando lo tienen poco asumido y sin un parking cerca o un sitio para dejar el coche temporalmente simplemente no vienen. Nuestras ventas se han reducido entre un 15 y un 18%. Vendo mucho a equipos y colegios y tengo que entrar a cargar y descargar en todo momento, pero ahora mis salidas de lo viejo son más largas. Ya no puedo entrar en moto a coger las bolsas para repartir. Es el colmo. La cuestión no es si hay o no más gente por la calle porque hay momentos puntuales en los que sí se ve más tránsito peatonal. Lo que pasa es que la gente ha cogido el hábito de salir a lo viejo a pasear, pero no a comprar porque es incómodo. Tener que ir a dejar las bolsas al parking de Trinitarios no es práctico. La falta de información que ha habido es una vergüenza. Lo primero que hay que hacer son plazas de aparcamiento. El Ayuntamiento lleva año y medio denegándonos todo lo que proponemos. Cree que el coche no sirve para nada, que hay que quitarlo del centro, pero es una utopía porque todo el mundo va comprar en coche. Con un parking de 2.000 plazas en Sarasate se hubieran evitado el 90% de los problemas”.


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