Obituario
Isidoro Maya Echavarri, Garralda, Uruguay y Pamplona


Publicado el 22/09/2026 a las 05:00
No es sencillo para mí escribir un obituario para mi padre porque no puedo ser imparcial por la admiración, cariño y respeto que siempre le he tenido. En la misa funeral en la parroquia de San Juan Bosco ya dirigí unas palabras sobre él y su vida. Pido disculpas a quienes me oyeron porque en algunas cosas voy a repetirme.
Nacido en Garralda el 5 de abril de 1932, fue el más pequeño de siete hermanos y apenas salió de su valle, el de Aezkoa, hasta que emigró a Uruguay en 1952. Su formación fue la que recibió en la escuela del pueblo. Su maestro, D. José Velasco Hernández, padre del que después fuese alcalde Pamplona D. José Luis Velasco Iriarte.
Orgulloso de lo que allí aprendió, le quedó siempre la espina de no saber tocar algún instrumento musical, en concreto la guitarra. Yo creo que ese sueño nació al disfrutar de la banda de su pueblo, que el maestro había formado unos años antes formando músicos de la zona. Siempre contaba que, creo que era en Garayoa, alguien vendía instrumentos musicales, fue a comprar una guitarra y se vino con un violín.
Con doce años fue al monte de ranchero, el que hacía la comida. Dos litros de vino, habas secas, un trozo de pan y, si había, un poco de tocino, era el menú para los que trabajaban con la madera. Después le todo hacerlo a él en distintos tajos por la zona. También fue carbonero. Un montón de días de trabajo para volver al pueblo con cuatro sacos de carbón decía siempre.
La dureza de esa vida y la falta de recursos en la familia le llevó a emigrar a Uruguay, donde vivía su tío Francisco, el tío Paco, quien le recibió con los brazos abiertos, y se responsabilizó de buscarle trabajo y alojamiento.
Trabajó en el Bar Mazone Hermanos, durante año y medio, en Carrocerías Independencia, durante tres años y medio, donde aprendió el oficio de chapista, y después montó su propio taller.
En Uruguay se conocieron mi padre y mi madre, Ana María Miranda Pérez, tudelana de pura cepa, que había llegado hasta allí vía Hamburgo (la explicación de este raro trayecto la dejo para otro momento). Allí se casaron e iniciaron una nueva vida. Era el año 1958 y al año siguiente nací yo.
La tierra tira mucho y volvimos a Navarra en 1963 primero mi madre y yo (ella, para saber de primera mano como estaba la cosa por aquí) y unos meses después mi padre. Nos instalamos en Pamplona, el piso en la calle Goroabe y Talleres Maya en la calle Santa Marta, ambos en la Milagrosa. Era el año 1964.
A partir de ese momento, trabajar y trabajar, sin horario, hasta formar una sociedad con una persona maravillosa (José Mari) ya cuando mi padre tendría como 55 años y de ahí hasta jubilar en 1995. Al jubilarse también su socio, hace apenas cuatro años, Talleres Maya desapareció.
En 1980 fuimos a vivir a la calle Iturrama, donde mi padre ha vivido hasta que falleció el pasado 14 de septiembre. Mi madre ya se nos había ido en 2014 momento en el que la vida de mi padre fue cambiando, fue necesitando apoyo hasta acabar dependiente sus últimos años.
Su prioridad siempre la familia, su esposa, mi hermana Inés, Lola, Tomás, Eduardo, Alex, Raquel, Javier, David, Pablo y Marcos sus adorados biznietos.
Como decía mi madre “muchas veces un mal es para un bien” y esa dependencia creciente nos permitió disfrutar de personas maravillosas, las “cuidadoras” de las que sólo voy a referirme a las dos últimas Jaqui y Mirian (la chiquita como le llamaba él). Gracias. Sabéis de sobra lo importantes que sois en nuestras vidas y en especial, claro, para mi padre.
Y gracias a la cuadrilla de Iturrama, la de San Juan Bosco. A mi padre le habéis dado mucha vida. Mucha. Os tendría que financiar el Gobierno de Navarra como ONG de apoyo mutuo entre mayores. No os puedo nombrar a todos, disculpad. Pero sabéis lo importantes que habéis sido para mi padre.
Y dos personas en especial, Inés Larrayoz y por supuesto, la Juli. La hermana, la vecina de la puerta de enfrente, la confidente, la que le traía los caprichos a casa, la alegría de mi padre desde que los dos, se quedaron viudos casi a la vez. Gracias Juli. Sabes lo que te queremos
Mi padre fue una persona seria, de valores, de recios principios, de pocas palabras pero siempre acertadas, de un fino sentido del humor, muy irónico. Tremendamente inteligente, con una educación y una elegancia innatas. Gran aficionado a la pelota y al futbol, en especial Osasuna, claro. Y buen jugador de mus, aunque un poco “segurola”.
Ni una sola persona que ha conocido a mi padre, y han sido muchas, me ha hablado nada malo de él. Al revés. ¿Cuándo vale eso para un hijo?
El valor de la palabra, del apretón de manos, de pedir disculpas cuando no puedes cumplir con lo prometido, esas frases que mi madre y él me decían de pequeño “lo que esta bien está bien y tú sabes perfectamente diferenciar una cosa de otra”, o “tu has estudiado y sabes hablar muy bien, pero no me convences, y la razón la sigo teniendo yo”.
Voy acabando ya y no puedo hacerlo sin referirme a quienes han sido imprescindibles en sus últimos meses, el personal sanitario del Hospital Universitario de Navarra y de San Juan de Dios y de manera especial, a Julián Garcés, su médico y amigo, a Ainhoa su enfermera y al 112.
Gracias en nombre de mi padre y de toda la familia.
El autor es exalcalde Pamplona e hijo del fallecido