Pamplona

Arriasko, la plaza que guarda siglos de historia en la Rochapea

Un nuevo tótem recupera la memoria de este particular espacio, que durante siglos fue centro de trabajo, convivencia y fiestas populares 

Los concejales compartiendo referencias a través del tótem
AmpliarAmpliar
Los concejales Mikel Armendáriz, Marina Curiel, Txema Mauleón, Endika Alonso y Javier Labairu compartiendo referencias a través del tótemMIGUEL OSES
Los concejales compartiendo referencias a través del tótem

CerrarCerrar

Noelia Gorbea

Publicado el 19/05/2026 a las 11:08

Junto al puente de Curtidores, a escasos metros de los Corralillos del Gas y pegada a la orilla del Arga, existe una pequeña plaza que durante siglos ha sido uno de los espacios más importantes para la vida cotidiana de la Rochapea. Aunque nunca tuvo una denominación oficial, generaciones de vecinos la han conocido como Arriasko, un nombre ligado al característico suelo de cantos rodados que todavía hoy conserva parte de este rincón cargado de historia popular.

El Ayuntamiento de Pamplona ha querido recuperar y poner en valor toda esa memoria con la instalación de un nuevo tótem informativo que explica el pasado de este espacio, un lugar que resume buena parte de la evolución social, industrial y festiva del barrio. "Para quienes vivimos aquí, este paso supone más de lo que parece", expresaba este mismo martes Patxi Abasolo, historiador y 'rochapeano' de toda la vida. 

La historia de Arriasko está estrechamente vinculada al río Arga. Su cercanía al agua convirtió esta zona en un enclave ideal para diversas actividades desde hace siglos. Aquí estuvo el antiguo matadero municipal, en funcionamiento desde finales del siglo XVI hasta comienzos del XX, y alrededor de él surgieron pequeños talleres de curtidores que aprovechaban tanto la abundancia de agua como la proximidad de las pieles de los animales recién sacrificados para desarrollar su trabajo.

Aquellos talleres dieron forma al conocido barrio de Curtidores, origen también del nombre del cercano puente. Durante años, el entorno estuvo lleno de actividad. Bajo el Portal Nuevo existió incluso un lavadero público y todavía hasta hace poco permanecían visibles las ruinas de la conocida casa de los barquilleros, donde vivió una familia dedicada a vender barquillos por las calles de Pamplona.

Así luce el nuevo tótem
AmpliarAmpliar
Así luce el nuevo tótemMIGUEL OSES
Así luce el nuevo tótem

CerrarCerrar

Pero Arriasko no fue únicamente un espacio de trabajo. Para los vecinos de la Rochapea representó durante décadas el corazón social y festivo del barrio. Allí se celebraban las populares mecetas de San Lorenzo, unas fiestas profundamente arraigadas cuya existencia está documentada desde el siglo XVI.

Música y más

Cada mes de agosto la plaza se transformaba en el gran punto de encuentro vecinal. Se encendían hogueras, sonaban gaiteros y tamborileros y los bailes llenaban las tardes y noches del barrio hasta concluir con el tradicional baile de la Era. El día grande, el 10 de agosto, los mayordomos y mayordomas recorrían el barrio engalanados con coronas y pañuelos de colores antes de acudir al consistorio para anunciar oficialmente las fiestas.

"Durante días, Arriasko se convertía en una extensión de la vida comunitaria de la Rochapea, un espacio de convivencia donde vecinos y familias compartían comidas, meriendas y tradiciones que todavía hoy permanecen en la memoria de muchos habitantes del barrio", enumeraba un Patxi tremendamente convencido. Los rellenos y los piperrorpiles formaban parte inseparable de aquellas celebraciones populares que daban identidad propia a la zona.

El vecino e historiador Patxi Abasolo junto al concejal Endika Alonso
AmpliarAmpliar
El vecino e historiador Patxi Abasolo junto al concejal Endika AlonsoMIGUEL OSES
El vecino e historiador Patxi Abasolo junto al concejal Endika Alonso

CerrarCerrar

La plaza también fue escenario de episodios históricos importantes para la ciudad. Allí existieron nueve casas pertenecientes a las Agustinas Recoletas, destruidas durante la Guerra de la Independencia en 1813. Más tarde, el espacio sirvió como cementerio provisional de Pamplona entre 1823 y 1828. Posteriormente, debido a su cercanía con el matadero, el Regimiento de Pamplona instaló una corraliza para el ganado y, años después, se construyó la Casa de los Pastores, edificio que acabaría funcionando como cuartelillo de la Guardia Civil durante buena parte del siglo XX.

Toda esa acumulación de historias convierte a Arriasko en mucho más que una pequeña plaza junto al río. "El lugar representa la memoria viva de una Rochapea trabajadora, festiva y profundamente vinculada a sus tradiciones", apuntó el concejal Endika Alonso. Un espacio que ha acompañado durante siglos la vida diaria de sus vecinos y que ahora busca recuperar visibilidad para las nuevas generaciones.

"Podemos conseguir que la plaza sea una realidad"

​Fue una de las reivindicaciones que hizo el historiador y vecino de la Rochapea Patxi Abasolo. Colaborador en la revista Ezkaba desde hace más de 16 años, conoce perfectamente los 'tira y afloja' de la Rochapea con los diferentes equipos de gobierno. Sea como sea, para los vecinos el tótem supone un paso realmente importante. "Ahora solo queda no parar y conseguir que la plaza sea una realidad". 

​Durante el acto de inauguración estuvieron presentes los concejales pertenecientes a la Comisión de Presidencia. 

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora