Superación Pamplona
Mari Cruz Garde y Verónica Herrero: "Desfilar es demostrarnos que somos capaces"
Dos mujeres, dos momentos del mismo camino: del miedo inicial al impulso de seguir, unidas por una pasarela que transforma la enfermedad en fuerza compartida


Actualizado el 25/04/2026 a las 18:07
Hay historias que no se pueden explicar del todo, solo sentir. En la pasarela de Saray, cada paso encierra un proceso, una lucha y una forma distinta de volver a mirarse al espejo. Verónica Herrero lo cuenta desde ese lugar íntimo donde todavía todo está reciente. El año pasado desfiló en pleno tratamiento, con quimioterapia, sin cejas ni pestañas, con una peluca que apenas lograba esconder lo evidente. “Y aun así me animé”, recuerda. Tenía 47 años y muchas dudas, ese pudor inevitable de quien se expone por primera vez. Pero al salir, algo cambió. “Es tanto el apoyo… es un subidón emocional”. Este año ha vuelto. Con su propio pelo, más recuperada; y, sobre todo, más fuerte.
Para ella, el desfile es mucho más que ponerse lencería o un bañador. Es reconciliarse con su cuerpo, adaptarse a una nueva realidad, colocarse la prótesis y, aun así, reconocerse. “Te vienes arriba y dices: con lo que tengo, sigo adelante”. Entre sus incondicionales, su pareja y su hijo de cinco años. “El pequeño está más emocionado que yo”, dice sonriendo. Y en ese instante todo cobra sentido: el miedo, la vergüenza, el proceso… y la decisión de seguir.
Muy cerca de ese comienzo está también la constancia de Maricruz Gardé, que este año cumple su duodécimo desfile. Doce años subiendo a la pasarela, doce años demostrando que lo que empieza como un reto puede convertirse en refugio. “Si no fuera tan positivo, yo no estaría aquí”, afirma.
Su historia se remonta a 2011, cuando el cáncer apareció en su vida. Desde entonces, revisiones, aprendizajes y una certeza: este desfile marca un antes y un después. “Siempre pregunto a las nuevas qué les ha llevado a desfilar… y todas coinciden: es algo que no pensaban que podían hacer. Porque aquí no hay modelos al uso. Hay mujeres reales, de todas las edades, de todos los cuerpos, con cicatrices visibles e invisibles. Da igual la talla. Aquí somos todas iguales. Lo que llevamos es lo que llevamos dentro”, valora.
Ambas, Verónica y Maricruz, representan dos momentos distintos de un mismo camino: el inicio lleno de incertidumbre y la continuidad que transforma el dolor en impulso. Entre una y otra, el mismo hilo invisible: el apoyo, la comunidad, la certeza de que nadie tiene que atravesar esto sola.
Y eso es lo que ocurre cuando se apagan los nervios y se encienden los focos: que la pasarela deja de ser un escenario para convertirse en un lugar donde, paso a paso, se vuelve a vivir.