Semana Santa

Padre, hijo y abuelo coinciden en la banda de música de la Hermandad de la Pasión de Pamplona

Jarein Ocaña Sola dirige la banda; su padre Agustín Ocaña Aguirre toca la tuba y su hijo y nieto Oier Ocaña Molano, la percusión

Agustín, Jarein y Oier Ocaña, en el oratorio de la Hermandad de la Pasión, tras uno de los ensayos de la banda.
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Agustín, Jarein y Oier Ocaña, en el oratorio de la Hermandad de la Pasión, tras uno de los ensayos de la banda.SERGIO MARTÍN
Agustín, Jarein y Oier Ocaña, en el oratorio de la Hermandad de la Pasión, tras uno de los ensayos de la banda.

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 03/04/2026 a las 08:19

Tres generaciones de la familia Ocaña forman parte de la banda de música de la Hermandad de la Pasión de Pamplona y esta Semana Santa acompañarán juntos a los pasos en las procesiones del Santo Entierro en Viernes Santo y en la de Resurrección, como hicieron el pasado domingo de Ramos. Jarein Ocaña Sola, de 41 años, dirige la banda por tercer año, desde que la Hermandad apostó y trabajó por contar con una formación musical propia, no solo para la Semana Santa, también en otros actos a lo largo del año. 

Jarein es músico de una dilatada andadura desde que se inició con el clarinete en la escuela de música de Berriozar primero y en el conservatorio Pablo Sarasate después. Más tarde tomó la batuta de la banda Doinua de Berriozar, con la que sigue; además, es profesor de clarinete y dirige la banda del colegio Irabia y es docente con el mismo instrumento en las escuelas de música de Calahorra, San Adrián y Artajona.

 Basta un rápido recorrido por su labor profesional para deducir que a Jarein Ocaña no le quedan ya muchos huecos en su agenda. Pero está contento y asegura que con algo de organización se puede llegar a todo. Esta Semana Santa será especial para él porque coincidirá en la banda con su padre, Agustín Ocaña Aguirre, 68 años, y con su hijo Oier Ocaña Molano, de 10. 

Con el padre lleva casi 20 años en la banda de Berriozar. Y será el segundo que comparten en la de la Hermandad. Fue él quien les llevó por la senda de la música. Comenzó con las partituras pasados los 30. Hasta entonces tocaba la guitarra de oído y quiso matricularse en este instrumento en la escuela de música de Berriozar. Pero no quedaban plazas. Le sugirieron la tuba. “Yo no sabía ni lo que era aquello, pero me apunté y con ella sigo, ya más de 30 años en la banda de música de Berriozar”, explica que a través de su hijo Jarein se sumó también a la de Irabia.

 Y lo mismo en la de la Hermandad, donde disfruta de la música y de las procesiones. “Siempre nos han gustado, con mi mujer hemos ido muchas veces a otras ciudades, a Zaragoza, Ávila... y para mí la de Pamplona, con sus pasos, es de las más bonitas. Tal vez no es el sentimiento exteriorizado de Andalucía, pero se vive la Pasión de otra forma. Tenía ganas de participar y estar dentro me gusta, el ambiente, todo”, subraya. Llevan días mirando los datos del meteosat. La procesión del Santo Entierro casi siempre es duda hasta el último momento. 

Los dos años anteriores, en los que la lluvia impidió la procesión tocaron en la catedral. “Y su sonoridad es impresionante, fue bonito también”, expresa Ocaña. Confiesa que le llena de orgullo tocar con su hijo y con su nieto Oier. Él es percusionista, empezó con 6 años en la escuela de música de Berriozar, donde continúa. “Tocar con el hijo y que te dirija es algo que cualquiera no puede decir”. Su otra hija, Saioa, se graduó en trompa y vive en Alemania, donde es instrumentista profesional en una orquesta sinfónica. El de los Ocaña es el único caso de tres generaciones en la banda de la Hermandad. “Pero hay varios músicos con dos generaciones, padres e hijos”, apunta.

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