Semana Santa
Los óleos que viajan desde la catedral de Pamplona a las 735 parroquias de Navarra
El arzobispo Florencio Roselló presidió este 1 de abril la misa crismal con más de 175 curas que renovaron sus promesas sacerdotales
Actualizado el 01/04/2026 a las 20:05
“Me gustaría terminar con unas palabras de un sacerdote mayor, ojalá las hiciésemos nuestras todos los de la diócesis: ‘Me siento feliz, porque en el atardecer de mi vida me siento sacerdote como el primer día’. Así finalizó su homilía este 1 de abril el arzobispo de Pamplona, Florencio Roselló, en la misa crismal, en la que el clero renueva sus votos, “como volver al primer amor”, y en la que se bendicen los óleos que se trasladan a cada una de las 735 parroquias de Navarra para administrar los sacramentos del bautismo, la confirmación, la unción de los enfermos y la ordenación sacerdotal.
Por ello, esta celebración en la catedral es una de las que mayor número de sacerdotes concelebrantes suma. Acudieron unos 175, algunos dispuestos en el presbiterio, junto al arzobispo; el deán, Carlos Ayerra; el abad del monasterio de la Oliva, Javier Urós, y el cabildo catedralicio; y otros, en las sillas habilitadas a ambos lados.
Entre ellos había rostros jóvenes, menos, y también curas mayores, como José Díaz Iñiguez, escolapio jubilado que vive en la comunidad de la calle Olite, desde que se cerró la de Riezu, en 2024. Goza de buena salud y conserva la ilusión del principiante. “No somos sacerdotes por nuestras cualidades o por nuestras preferencias, sino porque hemos sido llamados. Hemos dicho ‘sí’ y después hemos sido ungidos, consagrados y enviados”, expresó el prelado y reparó en que “el sacerdote vive en medio del pueblo donde ejerce su ministerio, no como alguien separado del pueblo, sino comprometido con él”, reflexionó Roselló ante los fieles.


“En el centro de nuestra celebración tiene lugar la bendición de los óleos y la consagración del santo crisma. Para nosotros, los sacerdotes, estos óleos están íntimamente unidos a nuestro ministerio. Con ellos bautizamos, confirmamos, ordenamos y ungimos a los enfermos. En ellos se hace visible que no actuamos en nombre propio, sino en nombre de Cristo y de la Iglesia. Por eso, estamos llamados a vivirlo con fe profunda, evitando toda rutina, redescubriendo su belleza y su fuerza transformadora”, apuntó.
Recordó la vida consagrada y también a los laicos. “Os pido que no os sintáis espectadores, sino también protagonistas”, les dijo.
