Didara Dande Center, donde se baila y también se socializa

La academia de Ansoáin de Carolina Maisón Sanz e Isusko Alzate Oco cuenta ya con 300 alumnos y cinco profesores

Carolina Maison Sanz e Isusko Alzate Oco, propietarios de la academia de baile Didara Dance Center, en Ansoáin
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Carolina Maison Sanz e Isusko Alzate Oco, propietarios de la academia de baile Didara Dance Center, en AnsoáinDidara dance center
Carolina Maison Sanz e Isusko Alzate Oco, propietarios de la academia de baile Didara Dance Center, en Ansoáin

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Myriam Munárriz

Publicado el 25/02/2026 a las 05:00

La Carolina niña, aquella que bailaba y cantaba, que cada viernes preparaba función para la familia con el paso de la gorra incluida y su hermana de extra, es ahora junto a Isusko Alzate Oco una de las impulsoras de Didara Dance Center, donde más de 300 personas no sólo aprenden o disfrutan con la salsa, bachata o danza urbana, entre otras muchas, también socializan. “La música y el baile son terapia”, asegura Carolina Maison Sanz, que desde muy pequeña acudía a clases de baile sobre todo de estilo urbano para dar salida a una afición que, dice, heredó de su abuela Sole Oroz. "Es muy bailona". A los 17 años descubrió la salsa cubana, un género que le llevó a conocer a su compañero en esta aventura empresarial, a Isusko. Él, rapero con más de dos décadas de trayectoria, entró de lleno en este ritmo caribeño en 2008, cuando viajó a Cuba. "Y podríamos decir que es nuestra gran especialidad", dice Carolina. Pero no la única disciplina de Didara Dance Center, donde también se imparte folklore afrocubano, bachata, dancehall, reggaetón, danza moderna, contemporáneo, heels y pilates. "Contamos con cinco profesores, grandes profesionales", como la integrante de una de las compañías de baile más importantes de Cuba, Raíces Profundas. 

Pero retrocedamos en el tiempo, cuando hace siete años y medio Carolina daba clases de zumba junto a otros estilos mientras estudiaba en la Universidad de Navarra y se formaba en bailes latinos. "Conocí a Isusko en una de las actividades de socializar. "Teníamos muchas cosas en común y nos lanzamos a enseñar juntos salsa en el polígono de Berriozar". De ahí pasaron a una escuela en la Rochapea donde estuvieron cinco años hasta que en 2024 dieron su gran salto profesional. "De autónomos pasamos a una sociedad laboral limitada". Y apostaron por una nueva sede mucho más amplia para atender la alta demanda de gente y horarios, el local de más de 200 metros cuadrados en la calle Larrazko, 93 de Ansoáin. "Abrimos de lunes a viernes por las tardes desde las cinco y media hasta, en teoría, las diez y media de la noche. Pero si hay ensayos o la gente quiere estar más rato, nos pueden dar las once pasadas".

Sobre los alumnos dicen que hay de todas las generaciones, desde los que rozan apenas los veinte hasta los que ya se han jubilado. "Se puede decir que la media de edad rondarán los 35 años pero tenemos también muchísima gente joven". Y destacan, sobre todo, los vínculos que se crean entre ellos. "Los bailes de salón son una forma de socializar. Hay un montón de personas que empiezan desde iniciación y se hacen un grupo superfuerte que salen juntos a social o nos piden una sala para venir a bailar los sábados. Porque esta es una actividad que sirve como vía de escape, para desconectar del día a día. Aquí se trata de que se sientan parte de un equipo". También quieren destacar que en la escuela además de bailar se enseña otras cosas. "No solo pasos y figuras. Se aprovecha por ejemplo lo folclórico latino, con su gran trayectoria, para contarles su historia y transmitir pasión por la cultura"

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