Pamplona
Un clásico de San Nicolás que reabre al público con cocina abierta y diseño moderno
El bar y hostal Bearán volvió a abrir sus puertas en Navidad tras 10 meses y medio de obras. Mantiene su cocina tradicional y sus fritos mientras amplía el hostal, las 'rooms', e instala un ascensor que llegue hasta la planta baja. "Hay peregrinos que vienen andando desde Zubiri, pero no quieren subir escaleras", dice su propietario y cocinero Javier Azanza


Actualizado el 05/02/2026 a las 10:53
Javier Azanza se apoya sobre la barra del Bearán Bar & Rooms. Ahora es negra y de metal frente a la madera tradicional de antes. El Bearán ha vivido una profunda transformación durante 2025. En diciembre, reabrió sus puertas, y los fritos, las manitas de cerdo y los menús volvieron a despacharse con el trasiego habitual. El local se ha ampliado y ofrece un diseño moderno donde impera el negro y las luces cenitales, pero que conserva y recupera la piedra original y los ladrillos de distintas épocas de sus paredes.
Como explica Azanza, la reforma se produjo tras adquirir el edificio contiguo al bar de toda la vida, ubicado en el número 25 de la calle San Nicolás. Ahora, los dos negocios tradicionales, el hostal Bearán y el que fuese bar Iru, se funden con una sola marca, Bearán Bar & Rooms -con la que ya funcionaban desde 2016- y en un mismo espacio físico, San Nicolas, 23-25. "Hemos tenido que bajar el ascensor. Había peregrinos que venían andando desde Zubiri pero no querían subir un piso para llegar al ascensor", asegura el propietario.


"Todo surge por esa necesidad de bajar el ascensor hasta la planta baja, que también hemos remodelado, para darle otro carácter completamente diferente y desde un concepto diferente, más abierto", explica Azanza, propietario y cocinero de este clásico de la calle San Nicolás. Ese concepto es más abierto. Todo se abre en el Bearán: también el bar, que ahora se asoma más a la calle, y ya dentro del local, la cocina.
Como ya se hace en multitud de restaurantes, todo lo que se cocina, se hace ante el público. No hay trampas ni 'quintas gamas'. "Estamos trabajando lo que ya hacíamos antes, una carta sencilla con woks, y también los platos que hacíamos antes: las manitas, risotto, el crujiente de langostino que vendemos muchísimo, nuestro tigre, que es diferente... Intentamos hacer las cosas bien. Todo lo que trabajamos está hecho aquí. Preferimos hacer pocas cosas bien que muchas mal", resume.
El Bearán, que abrió por primera vez al público en 1902 como taberna de vinos de la mano de Narciso Bearán cobra nueva vida. Ahora con dos edificios para el bar y las habitaciones y un diseño renovado. Pero con la cocina de siempre.