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41 años entre papeles y copias: la papelería de Iturrama que se queda sin relevo

Pedro Ardanaz sabe que es su último año al frente de Color Digital; un negocio para el que busca nuevo dueño porque "sigue siendo rentable"

Pedro Ardanaz Aldave posa en su papelería Color Digital
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Pedro Ardanaz Aldave posa en su papelería Color DigitalJesus Caso
Pedro Ardanaz Aldave posa en su papelería Color Digital

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Noelia Gorbea

Actualizado el 16/01/2026 a las 07:47

Pedro Ardanaz es el alma de la papelería Color Digital, un negocio de toda la vida en el barrio de Iturrama. Lleva 41 años al frente del local y, aunque la tienda sigue siendo rentable y cuenta con una clientela fiel, este año se jubila sin haber encontrado a nadie que continúe con el proyecto. Su idea es aguantar hasta Navidades, pero reconoce que no tiene muchas esperanzas de hallar un relevo.

La decisión no es fácil. Color Digital no es solo un negocio: forma parte de su vida. “Me da pena”, admite, consciente de que deja atrás décadas de trabajo y esfuerzo. A lo largo de estos años ha atendido a generaciones de clientes muy diversos, desde estudiantes universitarios hasta trabajadores del CIMA o de la Clínica Universidad de Navarra, que siguen recurriendo a su establecimiento por cercanía y confianza.

Durante estas cuatro décadas, Pedro ha sabido adaptarse a los cambios del mercado. Cuando empezó, casi todo se hacía a mano; hoy, el trabajo es completamente digital y gira en torno al ordenador. También han cambiado las demandas: si antes los trabajos de ingeniería y arquitectura eran el fuerte del negocio, ahora predominan los encargos digitales y, sobre todo, la cartelería, que se ha convertido en el principal volumen de trabajo.

Si es por los clientes, no me jubilaría nunca

A sus 67 años, Pedro sigue adorando su oficio, pero siente que ha llegado el momento de cerrar esta etapa. Le gustaría encontrar continuidad; por lo que lleva alrededor de un año intentándolo. Sin éxito. Sus dos hijos viven fuera y tienen sus propios trabajos, por lo que hacerse cargo del negocio nunca haya sido una opción. "Tienen que hacer sus vidas", entiende el propietario de la papelería. 

“Si hiciera caso a los clientes, esto no terminaría nunca”, comenta con una sonrisa, mezclando el afecto por su trabajo con la certeza de que debe dar el paso. La ubicación, insiste, es muy buena: la papelería se encuentra a medio camino entre la universidad y una de las zonas con mayor concentración de estudiantes que viven de alquiler durante el curso. Un enclave privilegiado para un negocio que, pese a todo, podría seguir teniendo futuro… aunque ya no sea el suyo.

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