Vivir en la calle

Volver a dormir en la calle tras recibir el alta hospitalaria por una infección pulmonar: "No podemos más"

Una mujer sin hogar de 49 años, que pasó cinco días ingresada la semana pasada, ha regresado a la furgoneta en la que duerme desde septiembre en la Comarca de Pamplona junto a sus cinco hijos: dos menores de 9 y 16 años y una hija de 24, embarazada

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Dos de los cinco hijos, en la furgoneta: la mayor, de 24 años, embarazada, y la menor, de 9iván benítez
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Iván Benítez

Actualizado el 10/12/2025 a las 08:05

Una mujer de 49 años, madre de cinco hijos —tres hijas y dos hijos de 9, 16, 21, 24 y 25 años— en situación de calle desde hace casi tres meses, ha permanecido cinco días ingresada en el Hospital de Navarra por una infección pulmonar agravada por el frío, la humedad y las condiciones en las que sobrevive durante este tiempo dentro de una furgoneta estacionada en la comarca de Pamplona. Tras recibir el alta la mujer se ha visto obligada a regresar al mismo vehículo, sin los recursos más básicos para subsistir, y sin haberse restablecido del todo. De hecho, según el informe médico deben realizarle más pruebas.

Su hija menor, R., de 9 años, acude cada mañana a un colegio de Pamplona, mientras que otra de sus hijas, K., de 24 y embarazada de seis meses, recibe seguimiento en un centro de salud de la capital navarra. La falta de acceso a un aseo diario, el frío, el descanso insuficiente y la escasa alimentación, que obtienen de un banco de alimentos, mantienen a la familia, de origen peruano, en una situación de riesgo permanente. La solicitud de empadronamiento fue presentada hace al menos tres meses. 

La pequeña R. llega a clase a primer ahora de la mañana habiéndose lavado con agua helada de un cubo, sin desayunar y muchas veces con las zapatillas mojadas o cubiertas por el barro del campo donde se encuentra la furgoneta prestada. Arrastra un cansancio evidente tras llevar semanas sorteando charcos, tormentas, nevadas y viento gélido. Sucede cada vez que sale del vehículo, según ha podido constatar este periódico en los días previos a los puentes de diciembre. Al igual que se hizo el seguimiento en octubre.

R., de 9 años, el sábado.
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R., de 9 años, el sábado pasadoIván Benítez
R., de 9 años, el sábado.

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El informe médico de M. (la madre) detalla que ha perdido seis kilos desde que vive en la calle y que su enfermedad respiratoria crónica se ha agravado debido a las bajas temperaturas y la humedad. 

El pasado 5 de diciembre, víspera del Día de la Constitución, R. y K., las dos hermanas, aguardaban en el interior del vehículo envueltas en abrigos prestados por una asociación. Con los pies embarrados y alimentos escasos, describían un agotamiento creciente tras semanas durmiendo a la intemperie. “Nos dicen que hay muchas familias esperando y que no pueden hacer nada por nosotros”, lamenta K. La familia ha buscado habitaciones en pisos compartidos, pero los precios —500 euros por habitación, más fianza y seguro que pueden alcanzar los 4.000 euros si se pretende alquilar un piso con tres habitaciones— las dejan sin opciones. “Podríamos pagar los 500 euros al mes para que mamá y mis dos hermanas entraran. Mi hermano pequeño y yo aguantaríamos un poco más aquí”, explicaba el sábado el hijo mayor.

La historia de M. y sus hijos comenzó en Perú, en un barrio marcado por amenazas y extorsiones de pandillas. Tras la muerte del padre de la menor, víctima de cáncer, la inseguridad se agravó y la familia decidió emigrar. Su primer destino fue Italia, donde la abuela y la hija mayor trabajaban como internas, pero la falta de documentación, el idioma y la inestabilidad laboral frustraron su intento de asentarse.

Más tarde viajaron a Madrid y, siguiendo el consejo de una amiga, llegaron a Pamplona. Acudieron primero a las instalaciones de una ONG internacional que —según relatan— no pudo atenderlas por la alta demanda, lo que les obligó a pasar la noche en un parque cercano. Al día siguiente, en la Oficina de Alta Exclusión de la calle Zapatería, un trabajador social les garantizó tres noches en un hotel, pero la ayuda terminó pronto. Fue entonces cuando una compatriota les prestó la furgoneta y algo de alimento. Ese vehículo es, desde hace casi tres meses, su único hogar.

En octubre, R., la niña de 9 años, confesaba que sentía miedo por las noches pese a dormir acompañada de sus hermanos. Hoy, a ese temor se suma la rutina diaria de caminar entre el barro para ir al colegio y las caídas al bajar del vehículo. Apenas gesticula y repite en voz baja que tiene “mucho frío”.

“Nosotras no podemos más”, escribió M. en un mensaje de WhatsApp poco antes de regresar a la furgoneta tras recibir el alta hospitalaria.

Con el invierno a las puertas, la situación es crítica. La humedad, el barro y las bajas temperaturas amenazan con agravar de nuevo la salud de la madre y de los menores. Una familia que llegó a Navarra en busca de refugio y que, por ahora, sigue viviendo en la calle.

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Las dos hermanas, el sábado por la noche junto a la furgonetaiván benítez
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