Reportaje

El niño de Olite que soñaba con ser Ben-Hur

Los cocheros olitenses David Iriarte (transportista) y su mujer Leticia Casanova (empleada en una clínica dental) sueñan con ser campeones de España en Enganches tras subir al podio en Lorca este mes de noviembre

David Iriarte, junto a sus dos perras, Lola y Bimba, durante un entrenamiento en su parcela de Olite. En la imagen, posa de pie para la fotografía junto a Zaguero Soto Gil.
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David Iriarte, junto a sus dos perras, Lola y Bimba, durante un entrenamiento en su parcela de Olite. En la imagen (de pie para la fotografía) conduce a Zaguero Soto GilIván Benítez
David Iriarte, junto a sus dos perras, Lola y Bimba, durante un entrenamiento en su parcela de Olite. En la imagen, posa de pie para la fotografía junto a Zaguero Soto Gil.

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Iván Benítez

Actualizado el 24/11/2025 a las 08:30

Por las noches, mientras la mayoría de la gente duerme, el olitense David Iriarte Aguirre recorre las carreteras de Navarra al volante de un tráiler cargado de pollos. La oscuridad y el rugido del motor lo acompañan hasta el matadero de Mélida, donde termina su turno sobre las cuatro de la madrugada. Apenas cinco horas después, cambia el volante por las riendas de un carruaje con caballos, y los neumáticos y el asfalto por los cascos golpeando la tierra seca de un circuito en una parcela particular a las afueras de Olite. 

Ahí comienza su segunda jornada, la más intensa, la que lo conecta con el sueño de ser campeón de España de Enganches. A su lado, siempre, Leticia Casanova Ovejas, su esposa, compañera de vida y de competición. Ambos forman un equipo inseparable, una pareja que ha aprendido a vivir guiada por la misma pasión que marcó a David en la niñez, cuando quedó fascinado por una película en el cine y por las cuadras de un vecino llamado Ángel Equísoain.

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David y Leticia realizan la prueba de velocidad en Lorca, con carruaje pequeñomaría gómez
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David ha visto Ben-Hur más de treinta veces. Lo saben bien Leticia, sus hijos (Ángel y Myriam) e incluso Zaguero Soto Gil, su actual caballo de competición: un potro castaño de siete años y 550 kilos. “Me identifico mucho con esa película”, asiente, tras una larga noche al volante. “Cuando ves esas carreras de cuadrigas, esa tensión, esa velocidad, te ves reflejado. Nadie me ha regalado nada. Todo lo he conseguido a base de trabajo, constancia y muchas noches sin dormir”. Constancia es la palabra más utilizada. La emplea como si fuera su propia fusta.

A sus 46 años, aquel niño que soñaba con sujetar las riendas como Charlton Heston ha conseguido subirse al podio de la XX Copa S. M. el Rey de Enganches, celebrada en Lorca del 2 al 9 de noviembre. Durante tres días, más de 80 caballos y 30 carruajes de toda España llenaron la finca Torre del Obispo de un espectáculo de fuerza, elegancia y precisión. 

Navarra tuvo doble representación destacada: Iriarte y Casanova, en la categoría Limoneras, y Carmen Goiburu Esnaola en Troncos, rozando también el podio. El matrimonio olitense completó las tres pruebas con regularidad: quedaron segundos en Doma, sextos en Maratón, tras un percance en el obstáculo del agua, y segundos en la prueba de Conos. Al final, tercer puesto general. “Ha sido una competición durísima, psicológicamente muy exigente”, recuerda David una semana después de la competición. “Pero el equipo respondió”.

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David y Leticia consiguieron el tercer puesto general en Lorcamaría gómez
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El Enganche, también conocido como Concurso de Atalaje o Driving, nació cuando los carruajes eran símbolo de estatus y elegancia, y hoy se ha transformado en un deporte que combina precisión, control y una conexión entre jinete y caballo. Las pruebas se dividen en tres partes: Doma, donde se valora la armonía y la elegancia; Maratón, una carrera entre obstáculos naturales donde manda la velocidad y el control; y Conos, la prueba más técnica, donde los márgenes de error son mínimos. 

En esta última, los competidores deben conducir un carruaje de 1,40 metros de ancho entre conos que dejan apenas diez centímetros de margen a cada lado, con pequeñas pelotas en lo alto que no deben caer. “El coche derrapa, se cruza, y vas a toda velocidad. Es pura precisión, puro instinto”, resume David, con pasión.

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David Iriarte y Leticia Casanova en una prueba de doma en Lorca, este mes de noviembremaría gómez
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CONEXIÓN CON EL CABALLO

Las jornadas en casa de la familia Iriarte Casanova están cronometradas al segundo. Cuando David apaga el motor del tráiler a las cuatro de la madrugada, gira la llave de otra vocación. En el amanecer de Olite, el vapor de los caballos se mezcla con el del café caliente y el traje de neopreno que viste para entrenar y soportar el viento del cierzo. 

Las cuadras no quedan lejos de su casa. Sus tres perros detectan su presencia antes de empujar la cancela. A partir de entonces, tiene por delante cuatro horas que abarcan limpieza de camas, revisión de herraduras, alimentación, entrenamiento... Una hora con cada caballo. Cada gesto forma parte de una rutina casi ritual. “Aquí no hay atajos”, deja claro. “Si quieres resultados, tienes que estar con ellos todos los días del año. Los caballos son atletas: si los trabajas bien, te lo devuelven con creces”.

Cuatro horas que abarcan limpieza de camas, revisión de herraduras, alimentación, entrenamiento.
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Limpieza de camas, revisión de herraduras, alimentación, entrenamientoIván Benítez
Cuatro horas que abarcan limpieza de camas, revisión de herraduras, alimentación, entrenamiento.

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Mientras él entrena en el circuito de tierra preparado en su parcela, Leticia trabaja en una clínica dental de Tafalla. Y por la tarde, al regresar, ella se ocupa de la limpieza de las cuadras y de los cuidados de los animales. En invierno, entrenan con el cierzo helado de la Ribera; en verano, bajo el sol que abrasa los campos. “Los concursos suelen celebrarse en el sur, así que los caballos deben acostumbrarse al calor. Entrenamos con ellos con pulsómetro y veterinario. En reposo suelen tener 30 pulsaciones; en esfuerzo, unas 90. Todo está controlado”.

A sus 46 años, aquel niño que soñaba con sujetar las riendas como Charlton Heston ha conseguido subirse al podio de la XX Copa S. M. el Rey de Enganches, celebrada en Lorca del 2 al 9 de noviembre.
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A sus 46 años, aquel niño que soñaba con sujetar las riendas como Charlton Heston ha conseguido subirse al podio de la XX Copa S. M. el Rey de EnganchesIván Benítez
A sus 46 años, aquel niño que soñaba con sujetar las riendas como Charlton Heston ha conseguido subirse al podio de la XX Copa S. M. el Rey de Enganches, celebrada en Lorca del 2 al 9 de noviembre.

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Detrás de cada logro hay un equipo. Leticia, su compañera en el coche de caballos, es quien aporta equilibrio en los giros más cerrados. “El que va detrás tiene que confiar plenamente en quien guía, que soy yo”, dice David. “Antes del concurso entrenamos tres días seguidos solo para sincronizarnos”. Su hija Myriam, de 16 años, monta a los caballos antes de las competiciones para flexibilizarlos. “Tiene una conexión especial”. Su hijo Ángel, trompetista, sigue los logros familiares desde otra trinchera, pero con la misma admiración. También forman parte del equipo Javier Eraúl, veterinario, y Santiago Llorente, amigo de infancia y “psicólogo” particular. “Soy muy nervioso y necesito a alguien que me proporcione calma. Él me aporta paz, sobre todo el día de la prueba de la doma, cuando todos los ojos están sobre ti. Sin él, no sería lo mismo”. Y un matrimonio de Oteiza de la Solana, Tirso Santamaría y Cristina Martín, también cochero como Iriarte.

A David Iriarte le acompañan sus dos perras, Lola y Bimba, en cada entrenamiento.
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A David Iriarte le acompañan sus dos perras, Lola y Bimba, en cada entrenamientoIván Benítez
A David Iriarte le acompañan sus dos perras, Lola y Bimba, en cada entrenamiento.

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EL NIÑO DE LAS CUADRAS

La historia de David con los caballos comenzó mucho antes de los podios. De adolescente, mientras jugaba en las categorías inferiores del Athletic de Bilbao, pasaba los días libres en las cuadras de Ángel Equísoain, en Olite. “A su lado aprendí la disciplina, la constancia y la paciencia. Son lecciones que aplico a todo: al trabajo, a la familia, al entrenamiento, al desaliento...”. 

Una cornada en el hombro durante unas fiestas lo apartó del fútbol y lo empujó definitivamente al mundo ecuestre. Desde entonces, su vida ha estado marcada por la perseverancia. “Me enseñaron a insistir. A no rendirme. A confiar en el esfuerzo”.

Con más de tres décadas sentado sobre el pescante, veinte años en la alta competición, David mira hacia su próximo desafío: clasificarse para el Mundial de Múnich. “Mi meta es ser campeón de España. Estoy cerca. El secreto está en no parar. En seguir. Los resultados llegan cuando uno no se rinde”. Leticia es su pilar. “Sin ella, nada de esto tendría sentido”.  

El Enganche no es solo un deporte, sino una forma de entender la vida. “Con el caballo hay que ir en la misma dirección. Mantener un diálogo, una fusión. Si no hay armonía, no hay resultado”. Sentado junto a sus dos carruajes, el de doma y el de velocidad, todavía con el dorsal número 7 colgando del último certamen en Lorca, el olitense se emociona al recordar la última competición. “Ha sido una semana muy intensa, de mucha presión psicológica”, recalca con los ojos vidriosos. 

Tres décadas subido al pescante, veinte en la élite.
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Tres décadas subido al pescante, veinte en la alta competiciónIván Benítez
Tres décadas subido al pescante, veinte en la élite.

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Cuando cae la noche y vuelve a ponerse al volante del camión cargado de pollos, las riendas se transforman en volante, pero la esencia es la misma: avanzar. “El secreto está en la constancia”.

Al finalizar la hora de entrenamiento, Iriarte acaricia a su caballo en un gesto de agradecimiento.
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El Enganche no es solo un deporte, sino una forma de entender la vidaIván Benítez
Al finalizar la hora de entrenamiento, Iriarte acaricia a su caballo en un gesto de agradecimiento.

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EN LAS CUADRAS

En su circuito particular de tierra natural, preparado por él mismo en una parcela a las afueras de Olite, las medidas imitan las de los campeonatos oficiales. Después de limpiar las camas, a base de forraje y virutas, y revisar las herraduras, engancha al caballo con el que se dispone a entrenar. Su caballo oficial, de nombre Alfarera Soto Gil, es una yegua de ocho años, está lesionada, así que la carga recae sobre Zaguero Soto Gil. En un entrenamiento cualquiera, las primeras en subir al carruaje son sus inseparables perras, Lola y Bimba. Durante una hora, David analiza cada movimiento, buscando corregir los “desajustes” que surgen en la maratón, la prueba más exigente. “Intento que el caballo recupere la postura y la calma que teníamos antes de competir. Es volver a sincronizarnos”. La jornada no termina: una siesta breve, un café, y de nuevo al camión.

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