Solidaridad

Una cofradía sustenta 18 apartamentos para mujeres vulnerables en Pamplona: "Estoy muy contenta, es una casa y un abrazo"

Los cuarticos de San Martín mantienen en Pamplona una labor de siete siglos y este 30 de octubre estrenaron capilla tras las obras de reforma

La capilla de San Martín, este jueves, una hora antes de la inauguración.
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La capilla de San Martín, este jueves, una hora antes de la inauguración.Jesús M Garzaron
La capilla de San Martín, este jueves, una hora antes de la inauguración.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 31/10/2025 a las 05:00

La basílica de San Martín, en la calle Calderería de Pamplona, es sede de la cofradía más antigua de la ciudad, la del Santísimo Sacramento y San Martín de Tours. Cientos de personas pasan por allí a diario, pocas conocen su interior. Este jueves 30 de octubre se inauguró después de ocho meses de reformas, con una misa presidida por el arzobispo Florencio Roselló y concelebrada por el capellán, el deán de la catedral, Carlos Ayerra. 

La cofradía fue fundada en 1317 por el obispo Arnaldo de Barbazán con el propósito de fomentar “el culto eucarístico y asistir a mujeres desfavorecidas”. Es una pequeña capilla, con categoría de basílica y en el edificio anexo están los conocidos como cuarticos de San Martín, 18 apartamentos para mujeres “económicamente vulnerables”, tutelados y sufragados por las aportaciones de los cofrades y de las usuarias, además de otros donativos.

 La reforma de la capilla ha permitido reparar una fuga de agua existente bajo uno de los muros de la construcción, eliminar el zócalo de madera y sanear su espacio, colocar una nueva puerta principal, abrir y colocar rejillas de aireación en el muro más cercano al altar, reparar desperfectos en paredes y techo, pintar toda la capilla, eliminar la tarima deteriorada de la zona del altar y colocar un tablero hidrófugo, además de mejorar los puntos de luz. 

Ana Lezcano, priora de la cofradía, agradeció la implicación de cofrades, del arquitecto que “con tanto cariño ha tratado la obra”, del constructor y de los trabajadores, la Fundación Fuentes Dutor, que ha impulsado económicamente el proyecto y de todas las personas que “de manera desinteresada han aportado su granito de arena”.

Los cinco bancos y los asientos dispuestos en la coqueta capilla fueron escasos para acoger a todas las personas que quisieron compartir el momento. Acudieron representantes de distintas hermandades y la coral Valle de Aranguren puso música a la misa.

La cofradía se apoya en la asociación laica que dirige los cuarticos, en los que siempre hay lista de espera. Cada apartamento tiene unos 20 metros cuadrados y dispone de una habitación, una pequeña cocina y un baño. Tienen algunos servicios comunes, como las lavadoras en la planta baja y la asistencia de una persona que hace las veces de conserje durante 24 horas. 

La cofradía llegó a tener tres casas para mujeres. Una en la Rochapea, “extramuros”, una en la calle Compañía y la de Calderería, la que ha permanecido y que se pudo rehabilitar en 1993. La capilla se abre durante todo el día únicamente un día al año, el de San Martín, el próximo 11 de noviembre.

María Treviño
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María Treviño, en su apartamento de los cuarticos de San MartínJESÚS GARZARON
María Treviño

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María Treviño Jiménez tiene 67 años y desde hace tres y medio vive en uno de los apartamentos de los cuarticos de San Martín. Está “muy contenta”, afirma sin atisbo de duda. En 2009 se divorció y desde entonces ha vivido “en medio Pamplona”, varias veces en pisos compartidos, en alquileres imposibles para su ingreso mínimo vital, que complementa con una pequeña cantidad de la renta mínima garantizada. Hace unos años fue acogida en la residencia que Cáritas tiene en Burlada, y fue allí donde empezó a despejar un horizonte de dignidad, después de años difíciles. Le hablaron de la cofradía y de la asociación de los cuarticos. Ana Gabriela, la anterior conserje, contactó con María y desde entonces los abrazos se sucedieron cada mañana. “Luego vino Alicia y es un cielo, otro abrazo”, resume en su apartamento, su pequeño universo con balcones a la calle Calderería y la tranquilidad que ella necesita para su salud. “No salgo mucho, pero me llevo bien con las compañeras”, repara en el trato cercano de la casa en el corazón del Casco Antiguo. Las mujeres de los cuarticos disponen de una zona común donde están las lavadoras. “Yo la pongo los martes”, explica, mientras apura los minutos para asistir a la inauguración de la capilla. Recuerda al anterior capellán, Francisco Azcona. “Soy atea, pero me encantaba escucharle contar las parábolas, era como que hablara solo para ti y siempre una palabra de cariño”, apunta. Ella nació en Mélida, en una familia de cinco hermanas. Contaba 14 cuando se desplazaron a Pamplona. “Trabajamos mucho en el campo, recuerdo recoger remolachas en noviembre, con la tierra helada, y tomates en verano a 40 grados. Luego trabajé en pescadería, frutería, en dos casas... de todo”.

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