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El establecimiento centenario que cierra sus puertas en la Mañueta: Pamplona pierde otro comercio histórico
El Casco Antiguo se despide de Cuchillería Caneda por falta de relevo


Actualizado el 24/10/2025 a las 09:18
El comercio histórico de la Mañueta -como la churrería con el mismo nombre o la más reciente tienda de alpargatas de los años sesenta- ha perdido a uno de sus establecimientos centenarios, Cuchillería Caneda. Y en este caso, la bajada de persiana no responde a la falta de rentabilidad del establecimiento sino que su último propietario, Juan Carlos Caneda, no ha encontrado quien le tome el relevo tras su jubilación de un negocio que abrió sus puertas en 1903 de la mano de Maximino Arias. Los Caneda adquirieron la cuchillería en 1938. En concreto, el abuelo de Juan Carlos, Ramón Caneda. Era natural de un pueblo de Ourense, de donde emigró a Salamanca, tierra de afiladores, para finalmente asentarse en Pamplona.
“Aunque hay demanda de afiladores y de cuchillos de calidad, nadie quiere asumir el oficio. Si compras un cuchillo bueno te puede durar toda la vida, pero ahora la gente prefiere lo barato y rápido. Y no cuidan las cosas”, reflexionaba Juan Carlos en agosto, un mes antes de decir adiós a su trabajo. “Un buen cuchillo te puede durar toda la vida”, añadía con la experiencia que dan los años afilando marcas de esas perennes como los Arcos o Los Claveles, de Albacete, o las alemanas de Los Muñecos y La Corneta, sin olvidar los japoneses, “otra historia” en cuanto a calidad y precio. “Para una casa o un cocinero, por menos dinero te hacen el mismo servicio; luego están los caprichos de cada uno”, comentaba.
Un buen cuchillo para el hogar cuesta entre 30 y 50 euros. “En una casa, con afilarlo una vez al año tienes suficiente.” Pero la madera en los mangos ya casi no se ve: “Sanidad la prohibió y ahora todo es fibra y esas cosas. Han debido autorizar otra vez, pero en su momento optaron por retirarla”. Un oficio del que a partir de ahora sólo podrán disfrutar amigos o clientes de mucha confianza para, en sus palabras, no perder la mano después de 45 años de trabajo.