El fallecido en el accidente de Sunbilla: una vida tras el mostrador en Tiendas Alonso

“Esto ha sido mi profesión, ha sido mi vida. Prácticamente me he criado detrás del mostrador", contaba Mariano Sebastián Alono Leache en una entrevista en 2007, cuando se jubiló

Mariano Sebastián Alonso Leache, en 2007 en una de sus tiendas.
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Mariano Sebastián Alonso Leache, en 2007 en una de sus tiendas.Diario de Navarra
Mariano Sebastián Alonso Leache, en 2007 en una de sus tiendas.

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Gabriel González

Actualizado el 16/10/2025 a las 08:07

El fallecido en el accidente de Sunbilla era una persona muy conocida en Pamplona. Mariano Sebastián Alonso Leache, de 82 años, fue el propietario de Tiendas Alonso hasta que cerró en 2007 por jubilación, dejando tras de sí una impronta muy marcada en la sociedad pamplonesa. Estaba casado y tenía varios hijos, uno de ellos Fermín Alonso, exconcejal de Pamplona. 

En 1970, Mariano Sebastián relevó a su padre, Joaquín, al frente de este negocio familiar que había comenzado en 1940 con una pequeña mercería en la avenida de Zaragoza y que creció y se reinventó hasta tener cuatro tiendas, las otras tres en San Jorge, calle Teobaldos y Berriozar. “Esto ha sido mi profesión, ha sido mi vida. Prácticamente me he criado detrás del mostrador, ayudando a mis padres”, contaba a este periódico en 2007, cuando decidió jubilarse con 64 años y el negocio contaba con 20 personas empleadas. 

Para Alonso, el éxito de sus tiendas se basaba en dos factores: impulsar la compra a través de promociones y tener una buena relación calidad-precio. Los peculiares anuncios también fueron una marca distintiva. “Para que los clientes vengan hay que anunciarse”. Empezó con cuñas en la radio tan peculiares como “Calcetines, calcetines, calcetines, o lo que es lo mismo, Alonso, Alonso, Alonso” o “en agosto, Alonso vende al costo”. La idea de este tipo de publicidad se le ocurrió a Alonso, un gran amante de los viajes, en Valladolid, donde escuchó un anuncio similar de una joyería local. En su afán por publicar anuncios que llamaran la atención, algunos de sus textos incluían hasta faltas de ortografía como “toballas”, “vuenas, “varatas”… “La publicidad tiene que ser original para que la gente la lea”, comentaba en esa entrevista. Otro símbolo de la marca fue el diseño de sus bolsas, algo que tomó de unos grandes almacenes suizos durante un viaje por Suiza. 

En otra entrevista, un año después del cierre de las tiendas, el periodista le preguntó por un día memorable: “El día que decidí cerrar después de 68 años. No me produjo el más mínimo de intranquilidad ni de nostalgia. La vida son etapas”. 

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